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23 agosto, 2026
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Opinión

La ciencia y las coberturas periodísticas

 

Primero fue una nota sobre sismos. Luego una sobre vacunas. Después una sobre cambio climático. El reportero no era científico. Pero tampoco era ingenuo. Aprendió que cubrir ciencia no es traducir tecnicismos. Es entender que detrás de cada cifra hay una hipótesis, detrás de cada hipótesis hay una disputa, y detrás de cada disputa hay una historia que merece contarse sin adornos ni simplificaciones.

La ciencia no se cubre como política. No se cubre como cultura. No se cubre como crimen. Se cubre como exige. El reportero lo entendió cuando escribió sobre la sequía en la Mixteca y un hidrólogo lo corrigió en público. No por arrogancia. Por precisión. Porque decir “el agua se acabó” no es lo mismo que decir “el acuífero se colapsó por sobreexplotación y falta de recarga”. Aprendió que cada palabra importa. Y que, en ciencia, importa más.

Cubrir ciencia exige humildad. No basta con leer comunicados. Hay que leer papers. Hay que entender qué es una revisión por pares. Qué significa una desviación estándar. Qué implica un intervalo de confianza. Qué diferencia hay entre correlación y causalidad. El reportero aprendió a preguntar sin miedo. A consultar sin vergüenza. A escribir sin traicionar el rigor.

Una vez, en una universidad de Oaxaca, cubrió una investigación sobre la resistencia genética al maíz transgénico. La nota fue buena. Pero el editor la tituló “El maíz oaxaqueño vence al laboratorio”. El científico se molestó. El reportero también. Aprendió que el titular puede destruir el contenido. Que el periodismo científico no se vende por impacto. Se sostiene por credibilidad.

Otra vez, en una conferencia sobre salud pública, escribió sobre la eficacia de una nueva vacuna contra el dengue. Citó porcentajes, fases clínicas, tasas de respuesta. Pero olvidó explicar qué significaba “eficacia del 62%”. Recibió correos de lectores confundidos. Aprendió que cubrir ciencia no es repetir cifras. Es explicar qué significan. Para quién. En qué contexto. Con qué límites.

La ciencia no busca likes. Busca replicabilidad. El periodismo tampoco debería buscar viralidad. Debería buscar comprensión. El reportero dejó de escribir notas que prometían “descubrimientos revolucionarios”. Empezó a escribir sobre procesos. Sobre dudas. Sobre errores. Sobre revisiones. Porque en ciencia, el error no es fracaso. Es método.

Aprendió a distinguir entre divulgación y cobertura. La divulgación simplifica para enseñar. La cobertura traduce para informar. Y el periodismo, cuando cubre ciencia, debe hacer ambas cosas sin traicionar ninguna. Debe respetar el lenguaje técnico, pero también debe respetar al lector. Y eso no se aprende en manuales. Se aprende en campo. En redacción. En corrección.

Dicen que el reportero ya no cubre ciencia como antes. Que ahora revisa fuentes primarias. Que consulta con expertos antes de publicar. Que corrige sin drama. Que explica sin condescendencia. Que no titula sin contexto. Que no publica sin entender. Porque cubrir ciencia no es traducir el futuro. Es escribirlo sin traicionarlo.

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Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx

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