Columna Política de Apuntes …
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+ Salomón Jara y la política que regresa a lo esencial
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Misael Sánchez
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En Oaxaca, la política suele expresarse en los márgenes donde la geografía impone sus reglas y donde la administración pública se enfrenta a la realidad física del territorio. La conferencia matutina del gobernador Salomón Jara de este 25 de mayo dejó ver, más allá de los anuncios puntuales, una discusión de fondo sobre la gestión del agua, la infraestructura pendiente y la relación entre Estado y comunidades. En un momento en que el país debate sobre gobernabilidad, transición energética y crisis climática, Oaxaca ofrece un laboratorio donde las decisiones públicas se miden en laderas, cañadas y asambleas municipales.
El gobernador respondió a una pregunta que, aunque técnica, toca un nervio histórico. Durante años, ambientalistas y especialistas insistieron en la necesidad de construir bordos, represas y obras de retención de agua en las cañadas que atraviesan el estado. Hubo incluso un programa llamado Atajemos el Agua, hoy convertido en recuerdo. La administración actual afirma que retomó el desazolve de presas y la construcción de represas, y que los trabajos avanzan en Valles Centrales y la Mixteca. El anuncio es relevante porque la gestión del agua dejó de ser un asunto sectorial para convertirse en un eje de seguridad hídrica y de gobernabilidad territorial. En un estado donde la lluvia cae con violencia y se escurre con rapidez, la retención del agua no es solo una política ambiental, sino una política de Estado.
El otro tema que emergió fue el Corredor Zapoteca, antes llamado Libramiento Sur, un proyecto anunciado en 2006 y que desde entonces ha transitado entre la expectativa y el desencuentro. La obra busca desviar el tránsito pesado que hoy cruza la capital y trasladarlo hacia la zona oriente, atravesando más de una docena de municipios con realidades políticas y sociales distintas. El gobernador aseguró que existe un avance del noventa y cinco por ciento en el proceso de convencimiento comunitario y que pronto iniciará la etapa de consultas. El dato es significativo porque revela un cambio en la forma de construir infraestructura en Oaxaca. La obra pública ya no puede imponerse desde un escritorio, sino que debe negociarse en el territorio, donde cada comunidad tiene memoria, agravios y expectativas.
Ambos temas, el agua y el corredor, comparten una dimensión estructural. Son decisiones que requieren continuidad administrativa, acuerdos intermunicipales y una visión de largo plazo que trascienda los ciclos políticos. La política oaxaqueña ha demostrado que los proyectos que no se anclan en consensos territoriales terminan archivados o convertidos en conflicto. La administración actual parece entender que la gobernabilidad se construye desde la prevención y no desde la reacción, una idea que el propio gobernador ha repetido en otros temas.
La reflexión de fondo es que Oaxaca enfrenta un desafío doble. Por un lado, necesita infraestructura que responda a su complejidad geográfica y a los efectos crecientes del cambio climático. Por otro, requiere un modelo de relación Estado‑comunidad que permita ejecutar obras sin fracturar el tejido social. La retención de agua y el Corredor Zapoteca son pruebas de esa ecuación. Si se ejecutan con rigor técnico y legitimidad social, pueden convertirse en ejemplos de política pública territorial. Si se administran con improvisación, repetirán la historia de proyectos que se anunciaron con entusiasmo y se desvanecieron en la disputa local.
La conferencia del gobernador dejó claro que la administración busca avanzar en ambos frentes. Falta ver si la capacidad institucional y la voluntad comunitaria convergen en el tiempo adecuado. En Oaxaca, donde la política se escribe en asambleas y en montañas, la gobernabilidad depende de esa convergencia. El reto no es menor, pero es inevitable. El territorio no espera y la ciudadanía tampoco.
La conferencia matutina del gobernador Salomón Jara de este 25 de mayo dejó ver algo más que un recuento administrativo. Mostró una forma de ejercer el poder que se sostiene en la presencia territorial, la narrativa de continuidad transformadora y la apelación directa al espacio público como escenario político. En un país donde la legitimidad se disputa tanto en las instituciones como en las plazas, el mensaje del mandatario oaxaqueño ofrece claves para entender la arquitectura política que se está consolidando en la entidad.
El gobernador convocó a la ciudadanía a escuchar el informe nacional de la presidenta Claudia Sheinbaum, insistiendo en que gobernar de cara al pueblo es un compromiso esencial. La invitación no es un gesto menor. En Oaxaca, donde la política se construye en asambleas comunitarias y en calles que han sido históricamente escenario de protesta, la apelación al espacio público tiene un peso simbólico y operativo. Jara subrayó que la transformación avanza y que la aprobación presidencial alcanza el setenta por ciento, un dato que utiliza para reforzar la idea de un proyecto político con respaldo social amplio. En un contexto de polarización nacional, el énfasis en la conciencia ciudadana como herramienta frente a la desinformación busca consolidar un bloque político cohesionado.
El discurso también se ancla en la ética pública. Jara reiteró los principios que han guiado a la llamada cuarta transformación, no mentir, no robar y no traicionar al pueblo. La afirmación adquiere relevancia en un estado donde la memoria colectiva conserva episodios de corrupción, cooptación y abandono institucional. La promesa de que quien viole estos principios enfrentará la justicia sin privilegios intenta marcar distancia con prácticas del pasado y fortalecer la percepción de un gobierno que se asume como garante de integridad pública.
Sin embargo, la dimensión más interesante del mensaje aparece cuando el gobernador vincula la legitimidad política con la gestión del territorio. La referencia a la presencia institucional en todos los municipios, a la coordinación con autoridades locales y a la atención temprana de conflictos revela una estrategia que entiende la gobernabilidad como un proceso preventivo. En Oaxaca, donde los conflictos agrarios, comunitarios y políticos pueden escalar con rapidez, la anticipación se convierte en una herramienta de estabilidad. La administración apuesta por un modelo que privilegia la intervención temprana y la proximidad gubernamental, una lógica que contrasta con décadas de gobiernos que reaccionaban solo cuando la crisis ya estaba instalada.
El llamado a llenar las plazas para escuchar el informe presidencial también debe leerse en clave de construcción de comunidad política. No se trata únicamente de un acto de respaldo, sino de un ejercicio de cohesión simbólica. En un estado donde la diversidad cultural y política es amplia, la convocatoria busca articular un sentido de pertenencia a un proyecto nacional que se presenta como continuidad histórica. La transformación, en este discurso, no es solo un programa de gobierno, sino un horizonte compartido.
La reflexión final es inevitable. Oaxaca se encuentra en un momento en el que la legitimidad política se construye tanto en la eficacia administrativa como en la capacidad de articular un relato convincente. La conferencia del gobernador muestra un esfuerzo por sostener ambas dimensiones. La pregunta que queda abierta es si esta estrategia logrará consolidarse en un entorno donde la ciudadanía exige resultados tangibles y donde la memoria histórica recuerda que la distancia entre el discurso y la realidad puede erosionar incluso los proyectos más ambiciosos. La política oaxaqueña, como siempre, se definirá en el territorio y en la capacidad del gobierno para convertir sus palabras en hechos verificables.
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Misael Sánchez / Periodista / Agencia Oaxaca Mx
