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El Tequio amaneció distinto. Bajo los árboles del bosque, las mesas se llenaron de mazorcas azules, rojas, blancas y amarillas. No era una feria cualquiera: era el Día Nacional del Maíz en Oaxaca, convertido en acto político y cultural donde la semilla se reconoció como símbolo de identidad, soberanía y futuro.
En la jornada dominical, el gobernador Salomón Jara Cruz recordó que Oaxaca es una de las cunas de la domesticación del maíz y que hoy resguarda 35 razas nativas, patrimonio vivo ligado a las 16 culturas del estado. Habló de la milpa como símbolo de resistencia y de identidad, de la tortilla y el atole como relatos vivos de abuelas y abuelos, y aseguró que el maíz no solo es cultivo, sino cultura, soberanía alimentaria y memoria. Refrendó su compromiso con los productores, a quienes dijo que no están solos, y llamó a redoblar esfuerzos para ir más allá de la autosuficiencia, colocando al campo oaxaqueño como protagonista de la transformación social y económica del estado.
El aire olía a tortillas recién hechas y a tostadas de maíz nativo, mientras campesinos, autoridades y técnicos del campo recorrían los stands. El escenario estaba marcado por un objetivo mayor: recordar que Oaxaca no solo preserva la memoria genética del maíz, sino que la proyecta como política pública.
Desde temprano, los guardianes de semillas de distintas comunidades llegaron con sus productos. Guadalupe Pérez Santiago, productora de San Juan Teita Tlayaco, narró cómo en su parcela de la Mixteca aún se cultivan variedades criollas: “para que no se pierda la raza de nuestro maíz”, dijo mientras mostraba mazorcas azules y rojas, totopos y frijoles de distintas especies. Ella, como muchos otros, explicó que los apoyos en insumos y capacitaciones permiten seguir produciendo sin depender de fertilizantes químicos. Su voz fue una de tantas que recordaron que la defensa del maíz es también defensa de la vida comunitaria.
En ese mismo espacio, un ritual ancestral abrió la jornada. Guardianes de los rumbos pidieron permiso a los cuatro vientos, al oriente del sol naciente, al sur de la niñez y el fuego, al poniente del agua y la juventud, al norte de la sabiduría de los ancestros. Fue un acto solemne que vinculó la memoria prehispánica con la política actual: antes de hablar de cifras y programas, se honró la tierra que da la semilla.
El discurso técnico llegó después. Se recordaron los datos duros: México concentra 64 razas de maíz, 59 nativas, de las cuales 35 están en Oaxaca. La entidad produce ya más de 770 mil toneladas anuales, con la meta de superar las 800 mil en 2025 para garantizar la autosuficiencia. Se habló de bancos comunitarios de semillas, de fertilizantes bioorgánicos, de biofábricas y de la estrategia de “Abasto Seguro de Maíz”. La insistencia fue clara: Oaxaca no necesita maíz transgénico. Su riqueza genética basta y sobra.
La jornada fue también escaparate de alianzas. El CIMMYT destacó el trabajo conjunto con el gobierno estatal: 35 mil hectáreas atendidas, 25 mil productores beneficiados, 100 mil personas capacitadas y un proyecto en marcha para crear el Banco Estatal de Semillas. “El maíz nació en Oaxaca y desde aquí se alimenta al mundo”, recordó su director asociado para América Latina, subrayando que ciencia y tradición no son opuestos, sino caminos paralelos.
La palabra de los productores tuvo peso propio. Marisela Moreno López, campesina de la Mixteca, señaló que la herencia del maíz es un legado de abuelos y bisabuelos, y que hoy corresponde a las comunidades mantener viva esa diversidad. Su testimonio reafirmó que las mujeres no solo cultivan, sino transforman el maíz en tortillas, totopos y en alimento cotidiano que sostiene a familias enteras.
El evento alcanzó su momento político con la intervención del gobernador. Frente a los asistentes, recordó que Oaxaca es el corazón cultural de México, y que el maíz no es un producto más, sino un patrimonio que debe garantizar el futuro de la alimentación. Enumeró logros, reconoció a campesinos y técnicos, y dejó claro que la estrategia va más allá de la autosuficiencia: se trata de producir lo suficiente para alimentar a Oaxaca y también para vender a otras regiones. El mensaje fue directo: “El maíz es identidad y resistencia, es historia y futuro”.
La crónica cerró con un video institucional que resumió el día: Oaxaca en noveno lugar nacional en producción agrícola, 29 mil millones de pesos en valor de cosechas, 30% más en rendimientos de parcelas intervenidas. Pero lo central no fueron las cifras, sino el tono con que se repitió una idea: el maíz es vida, es orgullo y es memoria.
El Tequio se quedó con el eco de esas palabras. Entre rituales, discursos y datos, lo que quedó fue la certeza de que en Oaxaca la semilla no es mercancía, sino raíz política y cultural. Una raíz que hoy, bajo la sombra de los árboles y el olor del comal, se reafirmó como la herencia más sólida del estado: la memoria del maíz.
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Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx
