La entrevista ocurrió por accidente, como suelen ocurrir las cosas que terminan revelando historias mayores. Era sábado de feria: tejate espeso, tamales de chileajo, vapor en el aire, y en la Plaza de la danza donde nadie ofrecía micrófonos ni invitaba a conferencias, estaba sentado Don Telesforo, 82 años cumplidos, técnico jubilado de lo que alguna vez se llamó Banpais, el desaparecido Banco Nacional de Crédito Rural.
Dijo que no le gustaba que lo entrevistaran y menos que lo fotografiaran, pero que tampoco podía dejar de hablar si el tema era el maíz. “El tejate es parte de la misma historia. Uno toma eso y recuerda parcelas, peones, y hasta los funcionarios que nunca bajaban del helicóptero”, soltó mientras apretaba un tamal como si fuera volante de tractor.
A Don Telesforo lo mandaron durante los años setenta a valorar predios en la Mixteca oaxaqueña. Le tocó medir hectáreas a puro paso y plomada. “Nos daban camionetas de doble tracción y después cuadernos para apuntar. Llegábamos, tomábamos café con los patrones, veíamos los linderos, y luego se les aprobaba el crédito sin retorno. A fondo perdido, así se decía”. Según recuerda, los estudios técnicos que elaboraban no siempre eran verificables, pero legitimaban préstamos multimillonarios a grandes terratenientes.
“Esas fincas hoy ni producen, pero entonces sembraban maíz y eso les bastaba para pedir dinero. El maíz era el símbolo de solvencia rural. Si tenías una milpa y el trato con Banpais, eras considerado productor, aunque no cosecharas ni rastrojo.”
Don Telesforo no ha olvidado los números. A sus 82 años, recita cifras como si estuviera frente a una junta técnica. “Oaxaca tiene más de 400 mil unidades de producción agropecuaria. En los setenta, lo que contaba era el número de surcos, no la productividad. Nunca te preguntaban por el rendimiento, solo por la extensión. Y si era maíz criollo, mejor todavía, porque decían que era de calidad genética.”
Le molesta que hoy se piense que la producción de maíz está en decadencia. “Lo que pasa es que ya no se cosecha para guardar, sino para vender a destajo. Pero el maíz sigue allí. Tiene más de 35 variedades en Oaxaca. Si uno va a la Sierra Juárez, encuentra uno azul de cáscara gruesa. En la Costa, el amarillo dulce, y en la Mixteca, el blanco que aguantaba hasta tres riegos menos”.
Entre cucharadas de tejate en jícara, suelta frases que suenan a informe perdido: “En los años buenos, Oaxaca producía más de 900 mil toneladas. Pero todo era informal. Los censos eran aproximaciones, no mediciones reales”.
“Vendí mi casa en la Mixteca”, confiesa, como si dijera que había enterrado sus mapas. “Ya no aguanto el clima. Pero eso me dio para venir a la feria. No hay mejores recuerdos que los que vienen con maíz. Porque allí está todo: la herencia, el trabajo, la deuda, el nombre del ejidatario.”
Banpais cerró oficialmente en los noventa. Don Telesforo guardó una caja con los últimos informes que redactó. “Ya ni se usa ese tipo de redacción. Pero en esos textos está la historia rural del país, cómo se inflaban avalúos para justificar los préstamos, y cómo el maíz era más que una planta: era moneda institucional.”
El reportero escuchó durante dos horas. No hubo grabadora, ni micrófono, ni esquema. Solo notas sobre servilletas. Cada dato que soltaba Don Telesforo sonaba más certero que los boletines: “Oaxaca no ha perdido el maíz. Lo que perdió fue la manera de reconocerlo como valor. Ahora quieren cifras y rentabilidad. Antes bastaba un tamalito bien cocido.”
Y así, la entrevista se cerró. No con preguntas, sino con una advertencia: “Si usted quiere entender a Oaxaca, empiece por el maíz. Todo lo demás se puede falsificar, pero no la mazorca bien formada. Esa no miente.”
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Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx
