Columna Política de Apuntes y Despuntes…
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+ La declinación de Rolando del Puerto a favor de Farid Acevedo y el reacomodo del poder en la UABJO
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Misael Sánchez
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La contienda por la rectoría de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca entró en una fase decisiva con un movimiento que reconfigura el tablero político universitario. La declinación de Rolando del Puerto Núñez a favor de Farid Acevedo López no es un gesto menor. Es un acontecimiento que obliga a observar con detenimiento la manera en que se construyen consensos, se negocian liderazgos y se redefine la correlación de fuerzas en una institución que, desde hace años, vive entre tensiones internas, disputas de grupos y una demanda creciente de orden académico y administrativo.
El anuncio, realizado desde el Istmo de Tehuantepec, no solo tuvo un tono simbólico. También mostró la intención de ambos actores de proyectar unidad en un momento en el que la universidad enfrenta desafíos estructurales que requieren algo más que voluntarismo político. La narrativa de Farid Acevedo se centró en destacar coincidencias programáticas, especialmente en temas como la gratuidad de la educación superior, la investigación y la docencia. Presentó la suma de Rolando como un acto de responsabilidad institucional y como una señal de que la comunidad universitaria puede encontrar puntos de convergencia cuando el futuro de la institución está en juego.
Por su parte, Rolando del Puerto construyó un mensaje dirigido a los veintiocho mil universitarios, apelando a la necesidad de transformar el rumbo de la UABJO mediante un proyecto que, según sus palabras, considera ganador. Su discurso enfatizó la gratuidad como un derecho humano y como una obligación del Estado, recordando que desde dos mil diecinueve la legislación federal estableció ese principio para la educación superior. Su adhesión se presentó como un acto consciente, libre y orientado a fortalecer una visión de universidad que, en su perspectiva, requiere cohesión y liderazgo.
La lectura política del acontecimiento exige ir más allá del anuncio. La UABJO ha sido, durante décadas, un espacio donde convergen intereses académicos, sindicales, estudiantiles y políticos. La declinación de un candidato no solo modifica la aritmética electoral interna. También envía señales sobre la capacidad de ciertos proyectos para articular apoyos, sumar voluntades y construir legitimidad. En este caso, la decisión de Rolando del Puerto implica reconocer que su plataforma encuentra mayor viabilidad dentro de un proyecto más amplio encabezado por Farid Acevedo.
El discurso de Acevedo, al recibir la adhesión, insistió en la idea de unidad como condición para enfrentar los retos que la universidad arrastra desde hace años. Habló de coincidencias previas en espacios académicos y administrativos, y subrayó que la experiencia de Rolando fortalecerá la capacidad del proyecto para responder a las demandas de la comunidad universitaria. La insistencia en la unidad no es casual. En un contexto donde la fragmentación ha debilitado la gobernabilidad interna, cualquier candidatura que aspire a dirigir la institución necesita mostrar capacidad de articulación y de diálogo.
El análisis de fondo revela que la contienda por la rectoría no se limita a una disputa personal. Es un reflejo de la necesidad de redefinir el papel de la universidad en un entorno social y político que exige instituciones sólidas, transparentes y capaces de responder a las exigencias de estudiantes, docentes y trabajadores. La gratuidad, la investigación, la docencia y la administración eficiente no son solo temas de campaña. Son elementos que determinarán la viabilidad de la UABJO en los próximos años.
El cierre de esta reflexión apunta a una conclusión inevitable. La declinación de Rolando del Puerto no garantiza resultados, pero sí marca un punto de inflexión. La universidad se encuentra ante la oportunidad de construir un proyecto que supere la lógica de facciones y que coloque en el centro la calidad académica, la estabilidad institucional y el bienestar de su comunidad. La pregunta que queda abierta es si la suma de voluntades será suficiente para transformar una institución que ha vivido demasiado tiempo atrapada entre inercias y conflictos. La respuesta dependerá de la capacidad de quienes aspiran a dirigirla para convertir los acuerdos políticos en acciones concretas y en una visión de futuro compartida.
