24.9 C
Oaxaca, MX
1 junio, 2026
Oaxaca MX
AgendaOpinión

Los vientos que suspiran sobre Oaxaca

 

+

En el Istmo de Tehuantepec, el viento ruge, canta, danza. No es brisa ni corriente. Es fuerza telúrica. Es voz de la tierra. Es espíritu que atraviesa montañas, acaricia manglares, sacude techos de palma y levanta faldas de mujeres zapotecas que caminan erguidas, como si supieran que el viento las respeta.

Durante años, se habló del Istmo como el paraíso eólico de México. La Ventosa, La Mata, Juchitán, Ixtepec: nombres que resonaban en estudios técnicos, en mapas de distribución Weibull, en curvas de potencia IEC. Se instalaron turbinas, se firmaron convenios, se trazaron líneas de transmisión. Pero hoy, el paisaje parece haber hecho una pausa. Los proyectos se han silenciado. Las hélices ya no giran como antes. Y el viento, libre otra vez, vuelve a ser dueño del horizonte.

Oaxaca es el pulmón del sur. No solo por sus bosques, sus selvas, sus cafetales. También por sus vientos. El Istmo es un corredor atmosférico único: una garganta entre dos océanos donde el aire se acelera, se condensa, se transforma. Estudios meteorológicos han registrado velocidades promedio de hasta 12 m/s en La Ventosa. La rosa de los vientos muestra una dirección dominante: norte-noroeste. Como si Eolo, dios de los vientos, hubiera elegido este rincón para sus juegos.

Ícaro habría querido despegar desde aquí. No para huir, sino para danzar. Para sentir cómo el aire lo sostiene, lo envuelve, lo eleva. Porque en el Istmo, el viento no es enemigo. Es aliado. Es maestro. Es memoria.

Los estudios técnicos son claros. La turbulencia del sitio afecta la curva de potencia de las turbinas. El modelo dinámico, más preciso que el estándar IEC, revela que el viento del Istmo tiene personalidad: cambia, se agita, se calma, se bifurca. No es uniforme. No es dócil. Es complejo. Es vivo.

La distribución doble Weibull, con factores k1=2.685 y k2=4.083, muestra que hay dos almas en el viento: una suave, otra intensa. Una que acaricia, otra que empuja. Una que susurra, otra que grita.

Pero más allá de los gráficos, hay algo que la ciencia no puede medir: el respeto. Porque el viento del Istmo no se deja domesticar. Se deja escuchar.

Sin turbinas nuevas, el paisaje ha vuelto a su ritmo. Las garzas cruzan el cielo sin obstáculos. Los campesinos siembran sin sombra de hélices. Las mujeres zapotecas tienden su ropa sin ruido mecánico. El viento vuelve a ser parte del tejido cotidiano. No como recurso, sino como presencia.

—Aquí el viento nos habla —dice una anciana en La Mata—. Nos dice cuándo sembrar, cuándo cosechar, cuándo quedarnos en casa.

—Cuando sopla fuerte, es que algo viene —dice un pescador en San Francisco del Mar—. A veces lluvia. A veces noticias.

—El viento nos limpia —dice una curandera en Ixtepec—. Nos quita lo que no sirve. Nos deja lo que importa.

Se constata el silencio. Los estudios de impacto ambiental están archivados. Las curvas de potencia, en PDF. Las promesas, en pausa. Tal vez sea mejor así. Tal vez Gaia necesitaba respirar sin máquinas. Tal vez el Istmo, centro de oxigenación del planeta, debía recuperar su voz.

+

Redacción de Misael Sánchez Reportero de Agencia Oaxaca Mx

Artículos relacionados

“COESIDA EN TU MUNICIPIO” LLEGARÁ A SANTA MARÍA HUATULCO

Redacción

Realizó Semovi operativos del Reordenamiento del transporte público en el Centro Histórico

Redacción

LA CARAVANA ESTATAL DE SALUD VE’E TATA LLEGA A JUCHITÁN DE ZARAGOZA

Redacción