28 abril, 2026
Oaxaca MX
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Radiografía del empleo formal en Oaxaca

 
Desde 2022, Oaxaca ha experimentado un crecimiento sostenido en el número de trabajadores afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social. En aquel año, la cifra se encontraba alrededor de 231 mil asegurados. Para junio de 2025, son más de 261 mil personas registradas en el sistema, lo que representa un incremento aproximado del 15% en tres años. A primera vista, es un avance; en perspectiva regional, es un ritmo lento.
Mientras estados como Quintana Roo, Baja California Sur y Querétaro presentan incrementos del 20 al 24% en el mismo lapso —en parte por el dinamismo turístico e industrial— Oaxaca aún se mueve en una economía de base artesanal, rural y fragmentada. El aumento en afiliaciones responde más al crecimiento demográfico y la presión por formalizar trabajo que a nuevas oportunidades empresariales.
El patrón laboral oaxaqueño tiene una configuración distinta. Las nuevas incorporaciones al IMSS no siempre vienen de grandes plantas industriales ni corporativos formales. En Oaxaca, un trabajador asegurado puede ser una bordadora que recibió contrato temporal para exportación, un obrero de obra pública estatal, un cocinero en comedores escolares o un jornalero que, por única vez, entra al sistema tras un convenio colectivo.
La proporción de empleos eventuales sigue siendo alta. Muchas personas ingresan al padrón en condiciones temporales: por obra, por proyecto, por temporada. El trabajador aparece en el registro, pero no siempre permanece. Esta rotación también ocurre en estados turísticos, pero en Oaxaca se combina con salarios bajos y escasa movilidad laboral. El empleo formal se logra, pero rara vez garantiza una trayectoria laboral estable.
El crecimiento del número de afiliados se explica también por la migración interna. Las ciudades como Oaxaca de Juárez, Huajuapan de León, Salina Cruz y Tuxtepec siguen absorbiendo población proveniente de comunidades rurales. Jóvenes y adultos buscan empleo formal, pero lo hacen en condiciones precarias: jornadas largas, contratos informales, salarios mínimos.
Al comparar con entidades como Nuevo León o Jalisco, donde el empleo formal está anclado a grandes industrias que generan volumen y permanencia, Oaxaca muestra otra lógica: fragmentación, emprendimiento informal y escasa protección social. Aquí, los patrones muchas veces son microempresarios, cooperativas o dependencias que subcontratan por periodos breves.
La afiliación al IMSS ha crecido, sí, pero aún está lejos de significar cobertura universal. Miles de trabajadores siguen fuera del sistema. Lo grave es que muchos de los nuevos registros no están impulsados por política pública directa, sino por necesidad laboral. La gente trabaja porque necesita, no porque se formaliza por convicción o incentivo.
Detrás de las cifras hay historias: madres que trabajan sin guardería, artesanos que cotizan dos meses y luego desaparecen del sistema, adultos mayores que regresan a la formalidad sin estabilidad. Oaxaca no está estancada, pero tampoco despega. La economía laboral se mueve sin garantía, sin mapa y sin ritmo común.
La pregunta ya no es cuántos están afiliados, sino cómo están trabajando, cuánto ganan y qué derechos tienen. Aumentar el padrón es importante. Mejorar las condiciones, urgente.
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Redacción de Misael Sánchez Reportero de Agencia Oaxaca Mx
 

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