El Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) arroja que Oaxaca creció 5.6% en el primer trimestre de 2025. No es un dato menor. Pero detrás de ese número hay jornaleros, obreros, comerciantes, emprendedores y patrones que sostienen esa curva sin celebraciones. La economía se mueve, sí.
El dato se descompone así: las actividades primarias crecieron 8.9%, las secundarias 15.0% y las terciarias retrocedieron 0.4%. En papel, Oaxaca es vigor agrícola, industria en marcha y comercio en repliegue. En la realidad, es una economía partida en tres cuerpos que no siempre conviven.
El repunte del sector primario incluye agricultura, ganadería, pesca y silvicultura. Son los hombres y mujeres que madrugan sin horario laboral formal. Campesinos, cafetaleros, apicultores, pescadores artesanales. La mayoría no tiene seguridad social. Viven entre temporales irregulares y subsidios condicionados. El crecimiento reportado no significa más ingresos, sino más esfuerzo por el mismo retorno.
Las mujeres rurales sostienen economías invisibles: cocinan, siembran, comercializan. El boletín no las menciona, pero están detrás del 8.9%. El patrón en este sector rara vez es una empresa: es la tierra misma, es el mercado local.
El salto del 15% en las actividades secundarias se explica por manufactura, construcción, minería y generación eléctrica. En Oaxaca, esto se traduce en obra pública, maquilas de textiles, parques eólicos y minería a cielo abierto. Pero ¿quién trabaja allí?
Muchos empleados son contratados por tiempo limitado, bajo esquemas de subcontratación. Los patrones son consorcios, empresas foráneas o dependencias públicas. Los trabajadores, en cambio, son locales sin posibilidad de ascenso. Se trata de crecimiento sin redistribución. La industria avanza, pero no mejora la calidad laboral.
El retroceso de 0.4% en el sector terciario —comercio, servicios, transporte, educación privada— no parece grave, pero es sintomático. El centro de Oaxaca capital muestra locales cerrados, rotación de giros y negocios informales en expansión. Los meseros, taxistas, empleados de tienda y prestadores turísticos ven cómo el flujo baja, mientras el costo de vivir sube.
Las mujeres ocupadas en servicios —estéticas, fondas, limpieza— son las más afectadas. Los pequeños patrones también sufren: deben pagar renta, insumos y cumplir con obligaciones fiscales que ya no corresponden con sus ingresos.
Oaxaca no tiene alta concentración de grandes empresas. Los patrones suelen ser comerciantes, propietarios de talleres, jefes de cuadrillas. Los empleados son quienes entran y salen de esos espacios sin contrato. El crecimiento económico beneficia a los que tienen medios para aprovecharlo. El resto sólo lo observa desde el margen.
La economía estatal se expande, pero la informalidad lo acompaña. Más producto no siempre es más bienestar. El boletín no lo dice, pero los rostros detrás de cada sector económico lo confirman.
Las estadísticas del INEGI registran actividad, no distribución. El 5.6% de crecimiento estatal es relevante, pero no describe desigualdad, ni estancamiento laboral, ni fragilidad del ingreso. No mide ansiedad ni migración económica. No representa al joven que dejó el campo, ni a la madre que abandonó su negocio, ni al patrón que decidió cerrar.
