+ La Educación Superior en Oaxaca
+ Y la Universidad Crítica y Popular
MISAEL SÁNCHEZ
En los próximos tres años las instituciones de educación superior tendrán que abrir espacios a más de 150 mil estudiantes que empezarán a cursar carreras profesionales.
Por una parte, está la universidad crítica y popular, con sus estigmas y su Ley Orgánica obsoleta, venida a menos pero aún utilizada como instrumento de control de grupos y que a estas alturas sólo atiende a unos 20 mil de más de 78 mil universitarios reales.
Más de 21 mil 500 reciben educación superior en instituciones particulares y más de 22 mil en institutos tecnológicos federales.
Afortunadamente en la entidad se tienen ofertas importantes para las nuevas generaciones.
El Instituto Tecnológico Superior de San Miguel El Grande; el Instituto Tecnológico Superior de Teposcolula; la Universidad Tecnológica de la Sierra Sur de Oaxaca; la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales; la Universidad Politécnica de Nochixtlán Abraham Castellanos y la Universidad Autónoma Comunal de Oaxaca, por ejemplo.
Sin embargo, hasta ahora, sin contar las instituciones de educación superior particulares, también hay que ponderar el éxito de las universidades regionales, conocidas como el Sistema de Universidades Estatales de Oaxaca.
Lo menos que se ha dicho en este sector es que se ha logrado consolidar la calidad de la educación y que el resultado es “fruto del modelo de responsabilidad, investigación y disciplina de trabajo”, pues se trata de “instituciones de muy alta calidad” que en poco tiempo se convirtieron en “instituciones de enseñanza e instrumento cultural para transformar la sociedad”.
Y es que, a fuerza de escándalos, la universidad crítica y popular, como mejor se autodefine a la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, arrastra como lastre la idea que desde hace mucho no promueve la superación de la sociedad.
A estas alturas, lo mejor que deben ofrecer las instituciones de educación superior son oportunidades para que hombres y mujeres sean educados para tener mejores condiciones de vida.
Nos hacen falta herramientas para enfrentar de la globalización, el crecimiento tecnológico y el humanismo, no universidades que preparan jóvenes para encontrar empleo.
En ese sentido, existe la percepción de que las universidades estatales son un apartado especial para los jóvenes interesados en cursar carreras relacionadas con la ciencia y la tecnología.
Es curioso decirlo, pero del otro lado de la universidad popular se perciben instituciones con estabilidad académica y administrativa.
A eso hay que añadir que se trata de instituciones sin una Ley Orgánica, fiscalizadas por las autoridades educativas estatales y federales, así como por la Contraloría, la Auditoría Superior de la Federación, y el Congreso local, entre otras instituciones, además de cumplir de manera permanente con la difusión de sus estados financieros.
El modelo de las universidades oaxaqueñas debe analizarse, pues no es posible que se tengan mejores resultados en las instituciones respaldadas solo por decretos que crearon las universidades.
Este año, los recursos para las universidades de Chalcatongo; del Mar; del Istmo; del Papaloapan; de la Sierra Sur; de la Sierra Juárez; de la Cañada; de la Costa y de Chalcatongo, así como la Novauniversitas, superan los 700 millones de pesos, mientras que los de la máxima casa de estudios llega a los casi 1,200 millones de pesos.
Y mientras sigan impartiendo clases presenciales o mixtas, no podrán alegar insuficiencia presupuestal, pues sus gastos se redujeron en más del 50 por ciento.
