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27 abril, 2026
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Obra pública sin simulación: Carlos Vichido

Durante décadas, la obra pública en Oaxaca fue el refugio del cinismo institucional. Planes faraónicos sin ejecución, caminos que no llevaban a ningún lado, puentes que se inauguraban más veces de las que se utilizaban. La promesa del desarrollo se oxidaba en los fierros abandonados a medio monte. Pero algo parece haber cambiado en la lógica de construcción del Estado. Al menos, eso sostiene Carlos Vichido, titular de la Secretaría de las Infraestructuras y Comunicaciones (SIC), quien afirma que la obra pública ha dejado de ser negocio para unos cuantos y comienza a convertirse en motor de bienestar colectivo.

No es un discurso nuevo. Todos los gobiernos prometen carreteras y aeropuertos. Lo nuevo, quizá, está en los datos, en los procesos y en el fondo del enfoque, hacer obras para la gente, no para el aplauso.

Durante su intervención en la conferencia matutina del pasado lunes, Vichido no se anduvo con eufemismos: más de mil kilómetros de carreteras serán intervenidas en la región Mixteca en el marco del Plan General Lázaro Cárdenas del Río, con una inversión de 5 mil 900 millones de pesos a lo largo del sexenio. Solo en 2025, ya se trabaja en 425 kilómetros, con una inyección superior a los 1,367 millones de pesos.

Las cifras, aunque apabullantes, cuentan una historia de fondo, la de un Estado que paga deudas históricas con pueblos marginados, que por años quedaron fuera del presupuesto y del asfalto. Huajuapan, Juxtlahuaca, Putla, Tlacotepec, Pinotepa. Municipios que aparecen más en los informes de pobreza que en los catálogos de inversión federal. Hoy, por primera vez, figuran en el mapa de la infraestructura nacional.

Pero no se trata solo de reparar caminos. En muchos tramos, aclaró Vichido, las obras implican reconstrucción completa de la base, sub-base y carpeta asfáltica, así como la construcción de puentes nuevos, como el de Juxtlahuaca, con una inversión de 22.7 millones de pesos. No son bacheos. No son parches. Son soluciones estructurales.

En Oaxaca, el cemento también puede ser una herramienta de reconciliación. En un contexto de conflictos agrarios, marginación territorial y disputas por recursos, la llegada de caminos funcionales puede significar más que movilidad: puede significar acceso a salud, educación, mercados y derechos.

Carlos Vichido lo entiende así. Por eso subraya que la obra pública está alineada con una visión de justicia territorial y pacificación estructural. No se trata solo de pavimentar, sino de reconectar al Estado con sus regiones más dolidas.

Ejemplo de ello es la modernización del aeropuerto internacional de Puerto Escondido, cuya ampliación –con diseño del arquitecto Alberto Kalach– permitirá atender hasta cuatro millones de pasajeros en 2030, detonando la economía turística y la generación de empleos en la Costa.

El aeropuerto, como símbolo, marca una frontera: el pasado de abandono y el presente de integración global. “Es el único aeropuerto en construcción en el país en este momento”, apuntó Vichido, como quien sabe que las oportunidades no se repiten dos veces.

Una de las claves en el nuevo modelo de obra pública en Oaxaca está en la transparencia de procesos y tiempos de ejecución. Vichido fue claro al detallar que muchos de los tramos en rehabilitación tienen fecha de entrega: 31 de octubre de 2025. Esta claridad no era frecuente en gobiernos anteriores.

Además, la estrategia incluye el programa Bachetón, que ha atendido más de 46 mil baches en vialidades urbanas, con el objetivo de reducir los tiempos de traslado y mejorar la seguridad vial.

A diferencia del pasado, donde los informes eran abstractos y las auditorías llegaban tarde, ahora el discurso se acompaña de datos verificables, con supervisión técnica continua y coordinación entre instancias como la SICT federal, la Sedena y los gobiernos municipales.

La transformación de la infraestructura no se mide solo en kilómetros, sino en empleos generados y en la redistribución del bienestar. Solo en la ampliación de la carretera Salina Cruz–Zihuatanejo, en su tramo Huatulco–Pochutla, se crearán más de 10 mil empleos directos e indirectos.

Vichido ha insistido en que cada obra debe beneficiar a las comunidades, no sólo en su uso, sino en su construcción. Por eso, el gobierno apuesta por contrataciones locales, materiales regionales y participación comunitaria.

Este enfoque rompe con la visión extractiva de la obra pública como simple ejecución de presupuesto y la reconfigura como un proceso de desarrollo integral.

Lo que está en juego no son solo puentes y carreteras. Lo que se está reconstruyendo en Oaxaca es la relación entre el Estado y la ciudadanía, históricamente marcada por la desconfianza. Cada kilómetro pavimentado, cada puente levantado, es también una declaración política: aquí también vive el pueblo, aquí también importa su destino.

Carlos Vichido, desde su trinchera técnica, no hace discursos ideológicos, pero sus datos, sus plazos y sus mapas hablan por él. Y en ese lenguaje, lo que se dice es claro, la obra pública dejó de ser un simulacro y ahora, avanza sobre tierra firme.

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Redacción de Misael Sánchez Reportero de Agencia Oaxaca Mx

@C_Vichido @SIC_GobOax @salomonj @elialvarezacost

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