15 abril, 2026
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Oaxaca y el oficio periodístico

Oaxaca y el oficio periodístico

Misael Sánchez / Agencia Oaxaca Mx

El Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores celebró en Oaxaca algo más que una renovación de dirigencia y una entrega de reconocimientos.

Lo que se escuchó, lo que se nombró y lo que quedó flotando en el ambiente del Museo de Arte Contemporáneo de las Culturas Oaxaqueñas fue un diagnóstico compartido sobre el estado del periodismo en México, un ajuste de cuentas con el oficio y una declaración de ruta para un gremio que trabaja bajo presión constante, entre amenazas reales, precariedad estructural y una demanda social que no concede tregua.

El encuentro, organizado por el Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores, reunió voces que, desde distintas trincheras, coincidieron en un punto esencial: la libertad de expresión no se administra desde el poder, se ejerce desde la responsabilidad.

El acto protocolario se convirtió pronto en un ejercicio de memoria y prospectiva.

Luis Ramírez Hernández, presidente saliente del capítulo Oaxaca, no habló desde la nostalgia sino desde la experiencia acumulada.

Tres años de trabajo, dijo, no se miden por cargos sino por resultados, y el más tangible fue la profesionalización del gremio.

La creación de la Licenciatura en Periodismo en modalidad a distancia, impartida por la Universidad Autónoma de Chihuahua con el respaldo de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, rompió una inercia histórica: periodistas formados en la calle, con oficio probado, accedieron por fin a un trayecto académico formal sin abandonar su práctica cotidiana.

Ese logro no fue presentado como una medalla personal, sino como un precedente colectivo que redefine el estándar del ejercicio periodístico en la entidad.

En su mensaje de despedida, Ramírez Hernández colocó el tema central del foro: la violencia contra periodistas.

No como estadística abstracta, sino como realidad que obliga a cancelar viajes, suspender encuentros y modificar rutinas.

Al mencionar los casos de colegas perseguidos judicialmente, como el de Jorge González en Campeche, el discurso dejó de ser local y se volvió nacional.

Oaxaca habló por México.

El llamado fue directo: cerrar filas, construir un frente común y no normalizar el miedo.

La advertencia fue clara y sin rodeos: cuando el silencio se impone, la democracia retrocede.

La estafeta pasó a Humberto Cruz Matías, presidente electo del capítulo Oaxaca, cuya designación fue leída por varias voces como una señal de continuidad con ajuste de enfoque.

La Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, encabezada por la maestra Elizabeth Lara Rodríguez, colocó el marco institucional del debate.

Sus datos no admiten interpretaciones complacientes: Oaxaca ocupa el segundo lugar nacional en personas incorporadas al mecanismo federal de protección para periodistas y defensores de derechos humanos.

No es un honor, subrayó, es una vergüenza estructural.

La creación de una dirección especializada dentro de la Defensoría para atender violaciones a derechos humanos de periodistas no es un gesto simbólico, sino una respuesta a un problema que ya alcanzó niveles críticos.

En ese contexto, la llegada de Cruz Matías fue presentada como una garantía para articular defensa, ética y responsabilidad.

Rafael Cano Franco, presidente nacional del Foro, elevó la discusión a un plano conceptual sin perder anclaje en la realidad.

Su intervención giró en torno a tres ejes que funcionan como columna vertebral del periodismo contemporáneo: verdad, libertad y responsabilidad.

La advertencia fue incómoda pero necesaria: cuando la información se convierte en negocio, la verdad corre el riesgo de volverse irrelevante.

La tentación de reproducir versiones oficiales sin contraste, de renunciar a la investigación profunda por comodidad o presión, erosiona el sentido mismo del oficio.

Buscar la verdad implica incomodar, y eso explica por qué tantos actores del poder prefieren la opacidad.

La libertad, dijo Cano Franco, no puede ejercerse en regímenes que censuran, persiguen o legislan para ocultar.

Pero esa libertad exige responsabilidad, porque el libertinaje informativo también destruye credibilidad y daña a la sociedad.

A ese entramado de voces se sumó la del rector de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, el maestro Cristian Eder Carreño López, cuya presencia en la toma de protesta del nuevo Comité Estatal del Foro, encabezado por Humberto Cruz Matías, introdujo una lectura académica y cívica del oficio.

Desde el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, el rector colocó al periodismo en el centro de la vida pública al reconocer la labor cotidiana de las y los periodistas como un factor que activa la democracia más allá del discurso institucional, al generar ciudadanía informada, participación social y vigilancia crítica del poder.

No habló de concesiones ni de favores, sino de un vínculo estructural entre universidad, sociedad y prensa: sin información rigurosa, sostuvo, no hay deliberación pública posible ni comunidades capaces de incidir en su propio destino.

Su mensaje, sobrio y directo, reforzó una idea que atravesó todo el foro: el periodismo no es un accesorio del sistema democrático, es una de sus condiciones de existencia.

El foro también fue un acto de reconocimiento a trayectorias que encarnan esa tensión permanente entre rigor y riesgo.

Juan Carlos Zavala, corresponsal de El Universal en Oaxaca, fue reconocido por una carrera que combina periodismo de investigación y creación literaria, demostrando que la precisión informativa no está reñida con la amplitud cultural.

Connie Baigorria, directora de Mega Noticias, habló desde la experiencia de quien ha enfrentado amenazas directas y encontró en la solidaridad gremial una red de contención real.

Su testimonio recordó que la seguridad no es un privilegio, es una condición mínima para ejercer el derecho a informar.

Noel Alvarado, periodista oaxaqueño con cobertura nacional, habló en nombre de las y los galardonados y amplió el horizonte del debate.

Reconoció el trabajo de las autoridades estatales, pero no eludió la crítica estructural: los recursos son insuficientes, las carencias persisten y los municipios más alejados siguen esperando políticas públicas que los alcancen.

Su mensaje fue una invitación a sumar esfuerzos sin colores partidistas, a entender el periodismo como un contrapeso que no se subordina pero tampoco se aísla de la realidad social.

Cuando afirmó que el periodismo crítico no se va a callar, no fue una consigna, fue una constatación.

Mayra Elizabeth Ricárdez Luna y Pedro Pablo Parola Robledo, también fueron galardonados por su trayectoria y aportación al gremio periodístico.

La memoria tuvo un espacio central con los reconocimientos póstumos a Ismael San Martín Hernández y Wilfrido López Torres.

Sus trayectorias recordaron que el periodismo también se hereda en forma de ejemplo, de ética cotidiana, de compromiso con la palabra bien escrita y la información verificada.

No fueron evocaciones melancólicas, sino recordatorios de que el oficio se construye a largo plazo y deja huella en generaciones enteras.

El escenario que se dibuja a partir de los discursos del foro es complejo, pero no inmóvil.

Oaxaca concentra riesgos, pero también capacidades organizativas.

La profesionalización académica abre una vía para elevar estándares, fortalecer la investigación y dotar al gremio de herramientas jurídicas y éticas.

La articulación con organismos de derechos humanos permite construir rutas de protección más eficaces.

La unidad gremial, tantas veces invocada y pocas veces practicada, aparece como condición indispensable para enfrentar agresiones que ya no distinguen entre medios grandes y pequeños, entre periodistas consolidados y reporteros emergentes.

Las recomendaciones surgen de manera natural del análisis, sin necesidad de listados.

Fortalecer la formación continua no como adorno curricular sino como estrategia de supervivencia profesional.

Construir alianzas reales entre organizaciones periodísticas para responder de forma coordinada ante amenazas y procesos judiciales.

Exigir a las autoridades mecanismos de protección que funcionen en tiempo real y no como trámites burocráticos tardíos.

Reafirmar la ética como capital simbólico en un entorno saturado de información, donde la credibilidad es el único activo que no se puede improvisar.

El cierre del día, lejos del protocolo, ocurrió en un espacio cargado de simbolismo comunitario.

En El Solar de Xoxocotlán, la conversación continuó entre platos de chichilo y estofado, en una celebración que recordó que el periodismo también se teje en la convivencia, en la palabra compartida y en la identidad cultural.

La anfitrionía de Humberto Cruz y la presencia de la presidenta municipal Nancy Benítez reforzaron la idea de que el oficio no está aislado del territorio que narra.

La Guelaguetza, entendida como intercambio solidario, encontró ahí una traducción contemporánea: periodistas que se reconocen entre sí, que comparten saberes y que saben que la fuerza del gremio reside tanto en la denuncia pública como en la cohesión interna.

Este foro no resolvió los problemas del periodismo en Oaxaca ni en México, pero dejó algo más valioso: una hoja de ruta construida desde la experiencia, el análisis crítico y la convicción de que informar con rigor sigue siendo un acto profundamente político en el mejor sentido de la palabra.

En tiempos de ruido, la claridad es resistencia.

En tiempos de miedo, la unidad es estrategia.

Y en tiempos de incertidumbre, el periodismo que se piensa a sí mismo es el único que tiene futuro.

Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx

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