3 julio, 2026
Oaxaca MX
AgendaOpinión

Oaxaca frente al crimen

 

 

Durante 2024, México registró 33,241 defunciones por presuntos homicidios, según cifras preliminares del INEGI. La tasa nacional fue de 25.6 por cada 100 mil habitantes, con un promedio masculino de 46.0 y femenino de 5.6.

Aunque los focos mediáticos suelen señalar las regiones con mayor visibilidad del crimen organizado, Oaxaca aparece con menor tasa en comparación con otras entidades, pero con patrones criminales complejos, silenciosos, no menos perturbadores. El contexto histórico, cultural y geográfico del estado exige una mirada criminalista y antropológica para entender las múltiples capas que configuran este fenómeno.

Oaxaca muestra un patrón de violencia diferenciada. No concentra la mayor cantidad de homicidios del país, pero la dispersión territorial y el hermetismo comunitario dificultan el registro y la investigación. A diferencia de los centros urbanos altamente vigilados, en regiones mixtecas, zapotecas, triquis y chontales, el homicidio puede ocurrir sin que exista una denuncia formal o sin que el cuerpo sea trasladado a un Servicio Médico Forense. En muchos casos, las defunciones no llegan al acta de defunción si la comunidad decide no involucrar a las autoridades estatales.

Para el marco criminalista, el homicidio tiene una tipificación clara: se trata de una agresión con intención de causar la muerte. Pero en Oaxaca, la frontera entre justicia retributiva, venganza local y crimen convencional se vuelve difusa. La antropología forense ha documentado múltiples casos en los que el origen del homicidio está vinculado a conflictos agrarios históricos, disputas familiares no resueltas por años, castigos comunitarios excesivos o ejecuciones rituales. El homicidio no siempre es un acto solitario ni arbitrario: puede responder a una narrativa que escapa al derecho penal.

A nivel nacional, el INEGI reporta que 71.8% de los homicidios fueron perpetrados con arma de fuego, seguido por objetos punzocortantes con 9.3%. En Oaxaca, sin embargo, las proporciones fluctúan. Las estadísticas estatales sugieren un mayor uso de armas blancas, especialmente en municipios rurales, donde el acceso a armas de fuego es menor, pero persiste la tradición de resolver conflictos con machete, cuchillo o herramientas agrícolas. El filo sustituye al gatillo, pero la letalidad no cambia.

En Oaxaca, el homicidio suele afectar a varones jóvenes entre 18 y 35 años. Los contextos van desde pleitos personales hasta ajustes de cuentas por microtráfico, conflictos políticos en comunidades autónomas, o simples desbordes emocionales en estados de ebriedad. En algunos casos, el agresor pertenece al círculo íntimo: amigo, familiar o vecino. El anonimato no es frecuente; la cercanía afectiva y territorial del delito es una constante que complejiza su abordaje legal. Esto apunta a que el homicidio en Oaxaca es menos espectacular, pero más íntimo.

Uno de los retos criminalistas más graves en Oaxaca es la subestimación estadística. Muchas defunciones violentas no se clasifican como homicidio por falta de elementos suficientes en el certificado médico. Según el boletín metodológico del INEGI, los códigos X85 a Y09 de la CIE-10 cubren presuntos homicidios, pero no califican legalmente el tipo de delito. Así, no es posible distinguir feminicidio, parricidio o crímenes por discriminación. La antropología jurídica señala que la invisibilidad no es casual, sino estructural, reforzada por la falta de fiscalías especializadas en homicidios comunitarios.

El homicidio, en Oaxaca, no solo mata cuerpos. También vulnera la gobernabilidad. En muchos municipios, la presencia del Estado es residual. Las policías municipales carecen de protocolos, equipo y formación; el Ministerio Público está ausente o se traslada desde sedes distantes. La respuesta institucional es tardía, cuando llega. El asesinato puede resolverse por asamblea local, por castigo inmediato, por exilio interno o por silencio pactado, fuera de cualquier cauce judicial.

Oaxaca no es ajena al fenómeno homicida nacional, pero su configuración lo hace más complejo que la estadística bruta. El homicidio en Oaxaca es crimen, pero también historia; es castigo, pero también error; es muerte, pero también aviso. En esa cifra de defunciones por homicidio se ocultan narrativas comunitarias, impunidades estructurales, carencias institucionales y usos y costumbres que desafían el sistema penal tradicional. No entender esto sería revictimizar a Oaxaca desde la estadística, sin atender el grito que sobrevive tras el disparo, el machetazo o la omisión.

+

Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx

Artículos relacionados

Instala Salomón Jara Consejo Regional de Protección Civil en la Sierra de Flores Magón

Redacción

OAXACA CELEBRARÁ LA RIQUEZA DE SU GASTRONOMÍA EN EL FESTIVAL DE LOS MOLES 2026

Redacción

Anuncia Salomón Jara 256 millones de pesos más para la UABJO

Redacción