17 mayo, 2026
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Oaxaca en la morgue, México en la lupa

El país se mide también por sus muertos. Y por cómo los trata. El nuevo reporte del INEGI sobre servicios periciales y médico forense en México, correspondiente al cierre de 2024, revela un mapa institucional donde la ciencia forense intenta sostenerse entre cadáveres sin nombre, laboratorios sin certificación y presupuestos que no alcanzan ni para refrigerar la verdad.
Oaxaca, como siempre, aparece en la lista. No en los primeros lugares. Pero sí en los que importan.
Oaxaca registró 317 personas adscritas a servicios periciales y médico forense. De ellas, el 57.7% son hombres y el 42.3% mujeres. La mayoría son peritos, técnicos que trabajan con lo que tienen: cuatro mesas anatómicas, una sala necroquirúrgica, una cámara de frío, cero osteotecas. Es decir, capacidad limitada para conservar restos humanos sin tejidos blandos. En otras palabras: si el cuerpo no llega entero, no hay dónde guardarlo.
Comparado con estados como Jalisco (45 unidades), Veracruz (25) o Michoacán (31), Oaxaca opera con apenas seis unidades forenses. Cinco de ellas dedicadas exclusivamente a servicios periciales y una que combina funciones. No hay ambulancias forenses registradas en funcionamiento. No hay bodegas para indicios. No hay presupuesto reportado. Lo que hay es trabajo. Y silencio.
Oaxaca cuenta con siete laboratorios forenses. Todos fijos. Seis tienen póliza de mantenimiento. Tres están certificados. Cuatro no. Ninguno está en proceso de acreditación. No hay laboratorios móviles. No hay margen para improvisar. Lo que se hace, se hace en gabinete. Y con lo que hay.
Guanajuato, por ejemplo, tiene 39 laboratorios. Chiapas, 38. Sonora, 32. Oaxaca, siete. Pero en esos siete se atienden especialidades como criminalística, medicina forense, química, psicología, tránsito terrestre, fotografía y genética. No es poco. Pero tampoco es suficiente.
La entidad cuenta con una sola sala necroquirúrgica. Una cámara de frío con capacidad para 15 cuerpos. Cero osteotecas. Cero espacios para restos óseos. En contraste, Jalisco tiene capacidad para almacenar 1,287 cadáveres en cámaras de frío. Puebla, 324. Veracruz, 873. Oaxaca, 15.
En términos de equipamiento, Oaxaca reporta cuatro mesas anatómicas. Las “plancha” de acero donde se practican necropsias. No hay ambulancias forenses. No hay drones. No hay georradares. No hay caninos especializados en búsqueda. Hay brújulas, cámaras, GPS. Pero no hay margen para búsquedas profundas. Lo que se encuentra, se encuentra por oficio. No por tecnología.
Durante 2024, Oaxaca admitió 64,255 solicitudes de intervención pericial. Concluyó 58,601. Quedaron pendientes 5,654. La mayoría fueron atendidas por las unidades estatales: 51,809 admitidas, 46,184 concluidas. Las especialidades más requeridas fueron medicina forense, química, criminalística, lofoscopía, psicología y fotografía.
En comparación, el Estado de México admitió 764,266 solicitudes. Ciudad de México, 555,822. Oaxaca, 64 mil. Pero cada una cuenta. Porque detrás de cada solicitud hay un cuerpo, una escena, una familia, una pregunta.
Oaxaca no reportó presupuesto ejercido en 2024. No porque no haya gasto. Sino porque las unidades forenses dependen de otras instituciones. Y en ese cruce administrativo, el dato se pierde. Lo que sí se sabe es que estados como Nuevo León ejercieron más de 500 millones de pesos. Oaxaca, oficialmente, cero.
El informe del INEGI no es una novela. Pero tiene trama. Y tiene personajes. El perito que trabaja sin refrigerador. El médico forense que atiende sin osteoteca. El técnico que analiza sin laboratorio móvil. El cuerpo que espera. La familia que busca. El expediente que se acumula.
Oaxaca no está en crisis. Está en resistencia. Con pocos recursos, pero con oficio. Con limitaciones, pero con técnica. Con rezago, pero con dignidad.

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