25 junio, 2026
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“Faltan 30 mil toneladas para que Oaxaca produzca todo el maíz que consume”: López Leyva

El secretario de Fomento Agroalimentario y Desarrollo Rural de Oaxaca habla del campo. Tampoco necesita hablar de otros temas. La conversación arranca con una advertencia suya: “De mi vida personal no hablo. De lo demás, lo que quieras, carnal”.

Ahí empieza el retrato. Víctor López Leyva, funcionario del gobierno de Oaxaca, habla como campesino. Lanza las cifras sin rodeos. En Oaxaca, dice, 211 mil personas salieron de la pobreza alimentaria en dos años. Lo reporta el INEGI, no su oficina. Lo repite con una seguridad que no es vanidad, sino estrategia: “Son datos duros, no los decimos nosotros”.
En 2022 había un millón 215 mil personas que no podían pagar ni el maíz, ni el frijol, ni un huevo. En 2024 son un millón 4 mil. La reducción es real. El secretario lo atribuye a dos factores: mayor ingreso en los hogares y disponibilidad de alimentos. Ahí entra el programa que repite como un mantra: autosuficiencia alimentaria en 245 municipios marginados.
Los apoyos son modestos, casi de sobrevivencia: fertilizantes, bioinsumos, bancos de semillas, gallinas para las familias, silos metálicos de una tonelada para guardar el maíz sin gorgojo. Se busca que las familias produzcan lo que consumen. No todo. Pero al menos lo básico. “Que compren menos, que no dependan de la tienda”, insiste.
En el mapa de Oaxaca, la palabra “autosuficiencia” es todavía una utopía. Pero los números avanzan. En 2022 la producción de maíz fue de 550 mil toneladas; hoy se reportan 771 mil. El cálculo es simple: cuatro millones de habitantes multiplicados por 192 kilos de maíz per cápita al año. El resultado: 800 mil toneladas. Falta poco. Treinta mil apenas.
“Estamos a un paso”, repite el secretario como si hablara de una batalla a punto de ganarse.
Las cifras lo acompañan: la producción agrícola aumentó tres mil quinientos millones de pesos en dos años. Café, mezcal, mango, piña, limón, jamaica, pitahaya. En paralelo, la producción pecuaria creció mil millones más, sobre todo en bovinos.
El periodista recuerda una vieja herida: los minifundios pulverizados, tierra sin apoyo. López Leyva responde con la mirada fija: “Antes sí. Hoy están Producción para el Bienestar y Sembrando Vida. Nosotros entramos donde ellos no llegan. Queremos que los que nunca recibieron nada produzcan lo suyo. Eso es soberanía”.
El secretario entonces cambia de tono. Habla de mercados gourmet. Nombres propios. Dos jóvenes de la costa exportan maíces criollos a Nueva York y Los Ángeles. Pagan 14 pesos el kilo, cuando el blanco común se paga a 11. Habla del café de especialidad que los japoneses compran hasta en 800 pesos el kilo. Habla del mezcal: 25 millones de litros anuales, 90% de la producción nacional. “Otros estados tienen denominación de origen, pero no destacan. Oaxaca sigue siendo el primero”.
La voz se endurece al hablar del mezcal. Ahí no negocia.
El funcionario admite fallas: solo han atendido 295 municipios. “Queremos llegar a 570. Nos falta más apoyo”. Reconoce errores, críticas, ajustes.
Pero también señala ventajas. En el norte del país, dice, bombean agua desde un kilómetro y medio bajo tierra. Aquí, las presas están llenas: la de Jalapa, la Benito Juárez, la Miguel Alemán. “Aquí sí hay agua. Tenemos que invertir más, pero la ventaja está de nuestro lado”.
En el campo oaxaqueño, la lluvia sigue marcando el calendario. Este año se retrasó, pero llegó. En Valles Centrales y la Mixteca cayeron aguaceros recientes que aseguraron milpas. “Con otras dos lluvias estamos del otro lado”, dice confiado.
El secretario no rehúye un tema incómodo: la salud. “En los pueblos la gente aguantó mejor la pandemia. En las ciudades murió más gente. ¿Por qué? Porque en las comunidades se come orgánico, menos químicos, menos hormonas”. Su argumento puede incomodar, pero lo dice sin titubeos. Lo resume en una frase: “Somos menos enfermos porque comemos lo nuestro”.
López Leyva baja la voz cuando habla de los productores pequeños. Los que se levantan a las cuatro de la mañana, los que salen con sus lanchas, los que siembran en potreros y milpas. “Ellos hacen el esfuerzo. Nosotros solo tenemos la obligación de apoyarlos”.
Al final, enumera apoyos básicos: un bulto de fertilizante, un saco de semilla, una gallina, un crédito modesto. Nada espectacular. Pero lo necesario para mantener al campesino en pie.
El secretario insiste: no todo es triunfo gubernamental. Habla de productores de jitomate y pepino que exportan. Habla de cafetaleros y mezcaleros que cruzan fronteras. “El mérito es suyo, no del gobierno”, reconoce. Lo repite varias veces, como si quisiera dejarlo grabado en la grabadora del reportero.
Lo que quiere, en el fondo, es que se cuenten esas historias. “Vale la pena que la gente los conozca. No todo lo hacemos nosotros. Ellos cargan con la parte más difícil”.
Cuando la charla termina, López Leyva regresa al inicio. “Estamos a un paso de la autosuficiencia. Faltan 30 mil toneladas de maíz. Solo eso. Los datos los da INEGI, no nosotros”.
El tono no es triunfalista. Reconoce pobreza, rezago, carencias. Pero también resultados.
Es el parte informativo.
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MS/OMX
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Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx

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