La flor de cempasúchil, símbolo indiscutible de las celebraciones de Día de Muertos en México, comienza a abrirse paso más allá de los altares y mercados tradicionales. Productores de Xochimilco impulsan nuevas formas de aprovechamiento que transforman esta especie ornamental en ingredientes para postres, bebidas y otros productos con valor agregado, una tendencia que busca ampliar las oportunidades económicas para el sector florícola.
Cada año, los campos se cubren de tonalidades naranjas que anuncian la temporada de Todos Santos y Fieles Difuntos. Sin embargo, detrás de esta imagen tradicional existe una actividad productiva que involucra a cientos de familias dedicadas al cultivo de una de las flores más representativas de la cultura mexicana.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural informó que Xochimilco concentra el 80 por ciento de la superficie destinada al cultivo de cempasúchil en la Ciudad de México, una actividad en la que participan alrededor de 700 productoras y productores y que genera más de mil 500 empleos directos y 2 mil indirectos.
En este contexto, algunos agricultores han comenzado a diversificar el uso de la flor para explorar nuevos mercados. Uno de ellos es Mauro Sánchez, fundador de Viveros Ecoflor, quien desde finales de la década de los noventa incorporó prácticas de agricultura orgánica en sus invernaderos ubicados en San Gregorio Atlapulco.
Con el paso de los años, la producción evolucionó hacia el mercado de flores gourmet destinadas principalmente a restaurantes y hoteles. Esta línea de trabajo permitió desarrollar colaboraciones enfocadas en la utilización gastronómica del cempasúchil.
A partir de esa experiencia surgieron productos como galletas y mousse elaborados con pétalos de la flor. En algunos casos, los pétalos son deshidratados de manera natural antes de incorporarse a las preparaciones, mientras que otras recetas utilizan pétalos frescos y mermeladas derivadas de esta especie para potenciar sabores y aromas.
El desarrollo de estas propuestas representa una estrategia para incrementar el valor comercial del cultivo y generar alternativas de comercialización más allá de la venta tradicional durante la temporada de Día de Muertos.
Especialistas involucrados en este proceso advierten que no todas las flores son aptas para el consumo humano. La procedencia del producto y las condiciones de cultivo son factores fundamentales para garantizar su uso dentro de preparaciones alimenticias.
La producción de cempasúchil también exige una cuidadosa planificación agrícola. Los ciclos de siembra comienzan desde julio y son organizados con el objetivo de que las plantas alcancen su máximo punto de floración durante la temporada de mayor demanda.
Para lograrlo, los productores mantienen condiciones específicas de manejo y protección en los cultivos, procurando conservar la calidad de las flores hasta su comercialización. En algunos casos, se emplean métodos de agricultura biodinámica que buscan el equilibrio entre suelo, plantas, animales y personas como parte del proceso productivo.
Dentro de los invernaderos pueden encontrarse diversas variedades de cempasúchil, desde flores de gran tamaño y abundantes pétalos hasta especies con tonalidades amarillas, anaranjadas y combinadas que amplían las posibilidades de uso ornamental y gastronómico.
La diversificación del cempasúchil refleja una transformación gradual en la floricultura mexicana, donde los productores buscan aprovechar el potencial económico de especies tradicionales mediante la innovación, el desarrollo de nuevos productos y la apertura de mercados especializados.
Mientras continúa siendo una de las imágenes más reconocibles de las festividades de Día de Muertos, el cempasúchil comienza también a consolidarse como una alternativa productiva que combina tradición, creatividad y nuevas oportunidades para el campo mexicano.
