Columna Política …
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+ Narrativa del gabinete de seguridad en Oaxaca
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Misael Sánchez
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La reactivación de las conferencias del gabinete de seguridad en Oaxaca ofrece una oportunidad para observar con detenimiento cómo se está configurando el espacio público en un estado históricamente marcado por la conflictividad social. No se trata únicamente de un ejercicio informativo. Es, en realidad, la puesta en escena de un modelo que busca articular datos, narrativas y decisiones estratégicas para sostener una idea de estabilidad. En un país donde la seguridad suele presentarse como un campo de disputa política, Oaxaca intenta construir un relato distinto, uno que combina indicadores con una lectura social del territorio.
El punto de partida es reconocer que la paz no es un concepto abstracto. Es un proceso que se mide, se evalúa y se contrasta con la realidad cotidiana. La última conferencia mostró que la administración estatal ha decidido asumir la seguridad como un eje articulador de la vida pública. La presentación de indicadores internacionales, nacionales y locales fue una afirmación política. La paz, en este contexto, se construye con datos y con decisiones que buscan modificar prácticas arraigadas en la vida comunitaria. La reducción de violencia letal, la disminución de bloqueos y el descenso en la comisión de delitos son elementos que permiten observar un cambio en la estructura del conflicto.
En este escenario aparece un elemento que merece atención. La gobernabilidad se presenta como un proceso que se sostiene en el diálogo y en la prevención. Las más de quinientas mesas de diálogo realizadas en un solo mes no son únicamente cifras. Son la evidencia de un modelo que intenta sustituir la lógica del enfrentamiento por la lógica de la escucha. La historia reciente de Oaxaca demuestra que la conflictividad social puede escalar rápidamente cuando no existe una estructura institucional capaz de atender tensiones antes de que se conviertan en crisis. La conferencia mostró que el estado ha decidido intervenir en ese punto crítico donde la protesta puede transformarse en bloqueo, y el bloqueo en parálisis.
La construcción de paz se presenta como una política de Estado, en la administración de Salomón Jara, titular del Poder Ejecutivo y que busca diferenciarse de etapas anteriores marcadas por convulsiones, represión o ausencia de mecanismos preventivos. La narrativa oficial intenta situar a Oaxaca en un momento de transición hacia un modelo de gobernabilidad que privilegia la estabilidad democrática y la atención comunitaria. La reducción de municipios tomados, la disminución de comisionados y la firma de convenios agrarios son piezas de un mismo rompecabezas que busca reorganizar la relación entre gobierno y territorio.
El gabinete de seguridad brindó información sobre las acciones que realizan. La descripción del operativo para la Guelaguetza confirma que la seguridad pública se concibe como un sistema integral donde participan corporaciones estatales, fuerzas federales, cuerpos de emergencia y mecanismos de vigilancia tecnológica. La presencia de drones, patrullas, unidades tácticas, ambulancias y biosensores muestra que el estado ha decidido asumir la fiesta más importante de Oaxaca como un espacio donde la seguridad debe ser visible, coordinada y estratégica. La Guelaguetza, en este sentido, se convierte en un laboratorio de gobernabilidad donde se prueba la capacidad institucional para garantizar paz en un evento masivo.
El análisis del espacio público revela que la seguridad no se limita a la contención del delito. También implica la recuperación de espacios comunitarios. El programa de vecinas y vecinos por la paz y la creación de colmenas comunitarias muestran que la prevención se construye desde la apropiación del territorio. La recuperación de canchas, calles y espacios públicos no es un acto ornamental. Es una estrategia para modificar la percepción de seguridad y para fortalecer la cohesión social. La vigilancia pasiva, los recorridos comunitarios y las capacitaciones en prevención del delito son mecanismos que buscan integrar a la ciudadanía en la construcción de paz.
De acuerdo con el Estado, la paz en Oaxaca se construye con seguridad, gobernabilidad y participación comunitaria. La reducción de bloqueos, la disminución de violencia letal y la estabilización de municipios son indicadores que permiten sostener esta tesis. Sin embargo, también se reconoce que el estado enfrenta nuevos fenómenos que requieren atención. La recurrencia de fallas eléctricas, las protestas sectoriales y los conflictos agrarios muestran que la gobernabilidad es un proceso dinámico que exige adaptación constante.
El escenario que se proyecta es claro. Oaxaca intenta consolidar un modelo de gobernabilidad basado en la prevención, el diálogo y la coordinación institucional. La recomendación para fortalecer este proceso es mantener la articulación entre indicadores verificables y atención comunitaria, reforzar la presencia institucional en territorios con conflictividad histórica y garantizar que la seguridad pública continúe siendo un mecanismo para sostener la vida democrática. La reflexión final es inevitable. La paz no se decreta. Se construye todos los días en la relación entre gobierno, territorio y ciudadanía. Oaxaca parece haber entendido que la estabilidad es una tarea permanente.
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Misael Sánchez / Periodista / Agencia Oaxaca Mx
