Oaxaca de mil sabores…
Misael Sánchez
El Tianguis Gastronómico 2026, instalado en la Plaza de la Danza, ofrece una escena que permite observar cómo la gastronomía se convierte en un dispositivo cultural capaz de articular memoria, territorio y comunidad. No es únicamente un encuentro culinario. Es la expresión de un orden social donde los alimentos, las cocineras tradicionales y el espacio público dialogan para producir identidad. En Oaxaca, la cocina no se limita a satisfacer el apetito. Funciona como un sistema de representación que organiza la vida cotidiana y proyecta la continuidad de las culturas vivas.
La inauguración del tianguis revela que la cocina oaxaqueña es una forma de narrar el territorio. El ritual de apertura, acompañado por el sonido de la chirimía y el soplo del caracol, muestra que la gastronomía está vinculada a prácticas ancestrales que ordenan el tiempo y legitiman el espacio. El copal que se eleva para bendecir el suelo, los ingredientes que se presentan como símbolos de fertilidad y los alimentos que se describen como memoria colectiva confirman que la cocina es también una forma de organizar la vida social. En Oaxaca, ningún fuego se enciende sin antes reconocer la tierra que lo sostiene. Esa relación entre alimento y territorio es la base sobre la cual se construye la identidad gastronómica.
Es pertinente señalar que este encuentro ocurre en la administración del gobernador Salomón Jara Cruz y bajo el acompañamiento institucional de la presidenta honoraria del DIF, Irma Bolaños Quijano. La mención no busca atribuir protagonismos, sino situar el contexto político en el que se desarrolla un evento que articula gastronomía, identidad y política pública. La presencia de ambos confirma que la cocina tradicional ha sido asumida como un eje de desarrollo comunitario y como una herramienta para fortalecer la economía local. La gastronomía se convierte así en una política cultural que reconoce el valor social de las cocineras tradicionales y la importancia de los saberes transmitidos de generación en generación.
El tianguis gastronómico muestra que la cocina es una forma de organización comunitaria. Las 42 estaciones de cocinas tradicionales representan a las ocho regiones del estado y permiten observar cómo cada platillo es una expresión de la vida cotidiana. El mole, la tlayuda, el tamal, la cochinita, el chocolate y las bebidas tradicionales no son únicamente recetas. Son narrativas que explican cómo se relacionan las familias con la tierra, cómo se transmiten los saberes y cómo se construye la identidad desde la cocina. La gastronomía oaxaqueña es un archivo vivo donde se conservan técnicas, rituales y formas de convivencia que han resistido el paso del tiempo.
El espacio público adquiere un papel central en este proceso. La Plaza de la Danza se transforma en un escenario donde convergen turistas, familias, cocineras, músicos y autoridades. La cocina se vuelve un acto colectivo que reorganiza el espacio urbano y lo convierte en un punto de encuentro. La presencia de música regional, la participación de la banda de viento infantil y juvenil de San Lorenzo y las interpretaciones de artistas locales muestran que la gastronomía no se presenta sola. Se acompaña de expresiones culturales que amplifican su significado y que permiten que el tianguis funcione como un dispositivo de identidad.
La historia confirma que los mercados y los tianguis han sido espacios donde se construye comunidad. En Mesoamérica, el intercambio de alimentos era también un intercambio de saberes y de relaciones sociales. El tianguis contemporáneo retoma esa tradición y la actualiza en un contexto donde la gastronomía se ha convertido en un elemento de proyección internacional. Oaxaca es reconocida en el mundo por su cocina, y este reconocimiento se sostiene en la capacidad de las cocineras tradicionales para preservar técnicas ancestrales y adaptarlas a las dinámicas actuales.
Si se proyecta este escenario hacia el futuro, es posible anticipar que la gastronomía seguirá siendo un eje central de la identidad oaxaqueña. La cocina tradicional tiene la capacidad de generar economía, cohesión social y reconocimiento cultural. La recomendación para fortalecer este proceso es garantizar que los espacios públicos continúen siendo lugares donde la gastronomía pueda expresarse con libertad, asegurar que las cocineras tradicionales reciban apoyo para preservar sus saberes y promover que la cocina se integre en políticas culturales que reconozcan su valor histórico y social.
El Tianguis Gastronómico 2026 demuestra que Oaxaca no solo es el corazón cultural de México. También es el corazón gastronómico del país. La cocina oaxaqueña no se limita a alimentar. Construye identidad, articula comunidad y proyecta una forma de entender el territorio. En cada platillo se encuentra una historia, y en cada historia se encuentra una forma de pertenencia. La gastronomía, en Oaxaca, es una manera de vivir la cultura y de sostener la memoria. Es un acto que conecta teoría con realidad y que permite comprender cómo los pueblos construyen su futuro sin desprenderse de su pasado.
