Columna Política de Apuntes …
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+ El rector Farid Acevedo y el desafío de reconstruir a la UABJO en un nuevo proyecto público
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Misael Sánchez
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La vida universitaria suele revelarse en los momentos en que la política decide mirarla de frente. No cuando la utiliza como escenario, sino cuando reconoce que su deterioro compromete algo más que la formación académica.
La reciente conversación entre Salomón Jara, gobernador de Oaxaca y el maestro Farid Acevedo, el nuevo rector de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca expone con claridad ese punto de inflexión donde la institución deja de ser un símbolo abstracto y se convierte en un problema urgente que exige decisiones de Estado.
El intercambio, más allá de su tono cordial, permite observar la complejidad de un sistema universitario que ha acumulado deudas, tensiones internas y un desgaste institucional que ya no puede ocultarse.
El gobernador relató que el rector acudió al Palacio de Gobierno para discutir temas que van desde la gratuidad de la inscripción hasta el colapso financiero de la universidad. La escena es reveladora. Un rector que llega con la convicción de impulsar la inscripción cero y un mandatario que reconoce la gravedad de una deuda superior a los trescientos millones de pesos. La educación pública, en este contexto, deja de ser un principio abstracto y se convierte en una responsabilidad compartida que requiere recursos, acuerdos y una visión de largo plazo.
El gobernador insistió en que la universidad atraviesa una crisis financiera que no puede resolverse con ajustes menores. La deuda acumulada, la insuficiencia presupuestal y la necesidad de recuperar edificios públicos abandonados forman parte de un diagnóstico que no admite evasivas. El rector, según el relato, llegó con claridad sobre los espacios que deben rescatarse, como el edificio central de la Facultad de Derecho, hoy cerrado y sin proyecto definitivo. La propuesta de recuperarlo no es solo un gesto simbólico. Es una señal de que la universidad necesita reconstruir su infraestructura para recuperar su capacidad académica.
El gobernador expresó confianza en el rector, basada en su desempeño previo como responsable de las finanzas estatales. Recordó que durante su gestión se pagaron catorce mil millones de pesos de deuda pública y que la captación de recursos se duplicó. La mención no es casual. En un entorno donde la universidad enfrenta un déficit estructural, la credibilidad financiera del rector se convierte en un activo político que facilita acuerdos. El gobernador lo dijo con claridad. Cuando se conoce la honestidad y la capacidad de una persona, es posible otorgar confianza sin reservas.
La discusión sobre el “pari passu” revela otro elemento central. El Estado aporta actualmente ciento ochenta millones de pesos y la Federación mil doscientos millones. El rector propuso duplicar la aportación estatal para enfrentar el déficit. El gobernador aceptó de inmediato. La rapidez de la respuesta no debe interpretarse como improvisación. Es el reconocimiento de que la universidad no puede sostenerse con los recursos actuales y que, si se busca una transformación real, el financiamiento debe corresponder a la magnitud del problema.
El gobernador recordó que la universidad vivió procesos electorales marcados por confrontaciones, tomas de edificios y negociaciones externas que vulneraron su autonomía. La elección reciente, en contraste, se desarrolló sin incidentes. La calma institucional no es un dato menor. Permite pensar en una etapa donde la universidad pueda concentrarse en su reconstrucción interna sin la presión de conflictos que históricamente desviaron su energía. La referencia a episodios pasados, donde gobiernos anteriores intervinieron de manera abierta en la vida universitaria, funciona como contraste para subrayar que la actual administración busca mantener distancia en las decisiones internas, aunque acompañe financieramente el proceso.
El gobernador planteó un escenario comparativo que merece atención. Recordó que la universidad de Puebla, en otro tiempo por debajo de la UABJO en infraestructura y calidad educativa, logró transformarse mediante acuerdos y liderazgo. La comparación no pretende idealizar un modelo externo, sino señalar que las universidades públicas pueden cambiar cuando existe voluntad política y claridad institucional. La UABJO, en este sentido, enfrenta un desafío similar. La transformación no dependerá únicamente de recursos. Requerirá acuerdos internos, liderazgo académico y una visión que supere la lógica de la administración cotidiana.
El discurso del gobernador introduce una reflexión sobre la resistencia al cambio. Señaló que en toda época existen grupos que buscan mantener privilegios y que se oponen a las transformaciones. La universidad no es ajena a esa dinámica. La reconstrucción institucional implicará tensiones, críticas y disputas. La estabilidad actual no garantiza un camino sin obstáculos. La historia universitaria muestra que los procesos de reforma suelen enfrentar resistencias internas que se expresan en discursos, movilizaciones y disputas por espacios de poder.
El análisis del espacio público universitario permite anticipar escenarios donde la reconstrucción dependerá de la capacidad de articular consensos. La recuperación de edificios, la reorganización administrativa, la transparencia financiera y la ampliación de la gratuidad requieren decisiones que afectarán intereses diversos. La universidad deberá encontrar mecanismos para procesar esas tensiones sin perder su autonomía ni su capacidad de gobernanza.
Las recomendaciones que se desprenden de este análisis apuntan a fortalecer la transparencia en el uso de recursos, promover espacios de diálogo entre autoridades, académicos y estudiantes, garantizar que la recuperación de infraestructura responda a necesidades académicas reales y consolidar un modelo de financiamiento que permita estabilidad a largo plazo. La universidad necesita reconstruir su legitimidad interna y su prestigio externo. Para ello, la administración deberá combinar rigor financiero con visión académica.
La UABJO se encuentra en un momento decisivo. La elección reciente abrió una ventana de oportunidad. La crisis financiera obliga a actuar con responsabilidad. El respaldo gubernamental ofrece un margen para emprender reformas profundas. La autonomía, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en el marco que permita a la universidad definir su propio rumbo. La reconstrucción no será inmediata. Requerirá tiempo, acuerdos y una voluntad sostenida de transformar prácticas arraigadas. Pero si la universidad logra aprovechar este momento, podrá recuperar el lugar que históricamente ocupó en la vida pública de Oaxaca.
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Misael Sánchez / Periodista / Agencia Oaxaca Mx
