EDITORIAL
Llamado urgente a la cordura en la UABJO
En la antesala de la jornada electoral del 13 de mayo, la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) atraviesa un momento que exige serenidad, responsabilidad y una comprensión profunda del espacio público que representa.
La contienda por la rectoría debería ser un ejercicio de deliberación académica, un intercambio de ideas sobre el rumbo institucional y una oportunidad para que la comunidad universitaria evalúe proyectos, trayectorias y capacidades.
Sin embargo, en los últimos días ha surgido un fenómeno que distorsiona el debate y degrada la vida universitaria: la descalificación anónima como herramienta de presión política.
La circulación de mensajes ofensivos dirigidos a candidatos y a sus familias revela una degradación preocupante del diálogo universitario.
El anonimato se ha convertido en refugio de quienes buscan influir sin asumir responsabilidad, y esa práctica no solo es cobarde, sino profundamente dañina para la institución.
La universidad es un espacio que se sostiene en la palabra pública, en la argumentación abierta y en la capacidad de sostener diferencias sin destruir al otro.
Cuando la crítica se sustituye por el agravio, la comunidad pierde la posibilidad de construir acuerdos y se instala un clima de sospecha que afecta a todos.
La campaña universitaria no puede reducirse a ataques personales ni a intentos de desacreditar a los aspirantes mediante rumores, insinuaciones o agresiones dirigidas a su vida privada.
La universidad no se fortalece con insultos disfrazados de opinión ni con mensajes que buscan sembrar odio desde perfiles sin rostro.
La universidad se fortalece cuando la discusión se centra en propuestas, cuando se analizan los retos financieros, académicos y administrativos, cuando se evalúa la capacidad de gestión y cuando se reconoce que la rectoría implica una responsabilidad que trasciende cualquier disputa personal.
La comunidad universitaria merece un proceso limpio, digno y a la altura de su historia intelectual.
La universidad no puede permitir que el ruido digital suplante la reflexión, ni que la violencia simbólica se normalice como parte del juego político.
La universidad necesita madurez colectiva, porque lo que está en juego no es la reputación de un candidato, sino la legitimidad de la institución que formará a miles de jóvenes en los próximos años.
El escenario más sensato es aquel donde los universitarios deciden con información, no con prejuicios.
Donde la crítica se ejerce con argumentos, no con ataques. Donde la contienda se vive con firmeza, pero también con respeto. Donde la comunidad reconoce que la rectoría no se gana destruyendo al adversario, sino construyendo confianza.
La recomendación es clara: detener la escalada de agresiones, rechazar el anonimato como arma política, exigir campañas limpias y recordar que la universidad es un espacio que se sostiene en la ética pública.
La comunidad universitaria tiene la oportunidad de demostrar que la civilidad no es una consigna, sino una práctica cotidiana. En tiempos donde la desinformación avanza con rapidez, la cordura es un acto de defensa institucional.
La UABJO merece un proceso electoral que honre su papel en la vida social de Oaxaca. La comunidad tiene en sus manos la posibilidad de elegir con libertad, sin ruido, sin miedo y sin permitir que la cobardía digital marque el rumbo de una institución que debe ser ejemplo de pensamiento crítico y responsabilidad colectiva.
