16 julio, 2026
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Cambios en la vida en pareja y en la convivencia social marcan dos décadas en México

 

 

En México, las formas de vivir el amor, la pareja y la convivencia han cambiado con una claridad que no admite dudas. Las cifras del INEGI muestran que, en veinte años, el país dejó atrás un modelo tradicional para dar paso a relaciones más diversas, matrimonios menos frecuentes y una vida social que reclama más tiempo del que la rutina permite. Los datos, presentados con motivo del Día del Amor y la Amistad, dibujan un país donde la unión libre crece, los matrimonios se transforman y la convivencia familiar y social se vuelve un anhelo que muchos no logran satisfacer.

Entre 2005 y 2025, el porcentaje de personas casadas cayó de 47.6 a 36.3 por ciento, mientras que quienes viven en unión libre pasaron de 11.1 a 17.6 por ciento. Las mujeres jóvenes registran mayores niveles de unión que los hombres, y en la vejez la viudez golpea con más fuerza a ellas que a ellos. La fotografía demográfica revela un país donde las estructuras familiares se reconfiguran y donde la soltería crece ligeramente, sobre todo entre los menores de 30 años.

En 2024 se registraron 486 mil 645 matrimonios. La inmensa mayoría —98.7 por ciento— fue entre personas de distinto sexo, mientras que 1.3 por ciento correspondió a parejas del mismo sexo. En los matrimonios heterosexuales, una cuarta parte de las mujeres se casó antes de los 25 años, frente a 18.4 por ciento de los hombres. En las uniones entre personas del mismo sexo, las mujeres se casaron más que los hombres, y en ambos casos la mayor concentración se dio entre los 30 y 34 años.

La geografía del matrimonio también muestra contrastes. Quintana Roo encabezó la tasa de nupcialidad con 7.2 matrimonios por cada mil habitantes de 15 años y más, seguida de Campeche y Sinaloa. En el extremo opuesto, Baja California Sur, Guerrero, Hidalgo, Puebla, Ciudad de México y Tlaxcala registraron las tasas más bajas. El mapa confirma que la decisión de casarse depende tanto de factores culturales como de dinámicas locales.

El tiempo dedicado a convivir con familiares y amigos también revela diferencias. En 2024, las mujeres unidas destinaron en promedio 8.2 horas semanales a actividades sociales y familiares, más que los hombres y más que las mujeres no unidas. Aun así, 56.2 por ciento de las personas unidas declaró que quisiera dedicar más tiempo a convivir con sus seres queridos. La vida cotidiana, con sus ritmos y obligaciones, deja poco margen para la convivencia que muchos consideran necesaria.

La satisfacción personal también muestra matices. Las mujeres reportaron niveles más bajos de satisfacción en su vida afectiva y social que los hombres. En una escala de cero a diez, ellas promediaron 8.0 en vida afectiva y 7.8 en vida social, mientras que ellos alcanzaron 8.3 y 8.1, respectivamente. Las diferencias, aunque moderadas, reflejan brechas persistentes en la experiencia emocional y social entre hombres y mujeres.

Los datos del INEGI no solo describen tendencias; muestran cómo se reorganiza la vida íntima y social del país. Las relaciones cambian, los tiempos se ajustan y las expectativas se transforman. México vive un proceso silencioso pero profundo, donde la convivencia, el matrimonio y la satisfacción personal se redefinen con cada generación.

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