En el escenario laboral oaxaqueño, las cifras laborales, de acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), revelan un ecosistema ocupacional donde el empleo formal avanza a contracorriente, mientras el informal resiste como columna vertebral no reconocida.
Durante el primer semestre de 2025, Oaxaca registró un leve incremento de empleos formales ante el IMSS, se añaden plazas, pero no lo suficiente para transformar el paisaje laboral.
Los sectores más beneficiados reportados son la agricultura de temporal reconvertida en riego que, aunque no produce estabilidad, sí demanda mano de obra estacional.
Y, por supuesto, los servicios de alojamiento y gastronomía, especialmente en la ruta turística que va de Mitla a la Costa, con aperturas de “hospedajes vivenciales” y “cafés de diseño”.
Sin embargo, el crecimiento formal no compensa las pérdidas heredadas del último lustro, donde más de 20 mil hectáreas abandonaron la agricultura de temporal y cerca de 2,600 hectáreas de riego se convirtieron en pastizales improductivos.
La informalidad sigue siendo una cultura laboral en sí misma. Se calcula que más de la mitad de los trabajadores oaxaqueños operan sin prestaciones, fuera del radar institucional. Desde mercados ambulantes hasta proyectos autogestivos en la sierra, el trabajo informal sostiene familias, economías locales y saberes ancestrales.
Sin embargo, el precio de esa autonomía es alto, pues no hay cotización ante el IMSS, no tienen acceso real a servicios de salud y carecen de estabilidad frente a crisis climáticas o sanitarias.
También hay una paradoja generacional, pues mientras crecen los empleos tecnológicos vinculados a proyectos logísticos (como la futura terminal de carga en Ixtepec), los oficios tradicionales pierden herederos. El relevo generacional en el campo, el tejido y la cerámica va en picada.
“Hay más jóvenes que saben programar que sembrar”, dijo un analista local en reciente foro del INAES. Y aunque el dato parezca anecdótico, la migración vocacional es real.
El IMSS reporta que, desde la pandemia a la fecha, más de 26 mil empleos vinculados a la agricultura fueron abandonados, transformándose en pasivos de pastizales o predios ociosos. Se estima que más de 180 mil hectáreas con vocación agrícola podrían ser reincorporadas a la producción, si hay inversión con arraigo.
Mientras tanto, el empleo en servicios culturales y educativos retrocede, desplazado por automatización o recortes presupuestales. Las bibliotecas municipales ahora contratan menos, los centros culturales autogestivos luchan por subsistir.
El empleo en Oaxaca no está estancado, está fracturado. Se bifurca entre quien tiene salario y quien tiene sustento. Entre quien factura y quien improvisa. Entre quien suma puntos para vivienda y quien vive en tierra comunal.
El desafío no está sólo en generar empleos. Está en que el trabajo vuelva a ser sinónimo de dignidad, pertenencia y continuidad.
Las cifras dicen una parte. El territorio, la otra.
El empleo formal en Oaxaca presenta una ligera recuperación en la primera mitad de 2025, con 278,133 trabajadores registrados ante el IMSS en el corte de mayo, lo que representa un incremento del 1.36 % respecto al año anterior. Este crecimiento, aunque moderado, responde principalmente a la reincorporación de actividades agroindustriales en municipios de la Sierra Sur y Valles Centrales, así como a nuevos empleos en el sector turístico y logístico.
La creación de plazas formales se concentra en los siguientes sectores:
Agricultura y agroindustria: 12,481 empleos formales registrados
Comercio y servicios: 59,603 trabajadores cotizando
Turismo: 6,713 plazas activas en hoteles, restaurantes y servicios complementarios
Transporte y logística: 4,890 registros asociados a proyectos del corredor interoceánico
La informalidad continúa predominando, con una tasa del 67.3 % de la población económicamente activa según la ENOE. La cifra representa una leve disminución de 1.4 puntos porcentuales con respecto al mismo trimestre de 2024, pero sigue ubicando a Oaxaca como una de las entidades con mayor dependencia del empleo informal.
Los sectores más afectados por esta condición son:
Trabajo por cuenta propia en comercio ambulante y producción artesanal
Agricultura sin contrato ni cobertura social
Servicios personales y construcción informal
Empleos perdidos: Durante el periodo marzo 2020 – mayo 2025, aproximadamente 29,800 empleos en el sector agrícola y manufacturero fueron abandonados o reconvertidos en ocupaciones sin registro formal. El fenómeno se vincula a:
Migración laboral hacia estados del norte
Transición de tierras cultivables a pastizales o propiedad ociosa
Falta de inversión en infraestructura agrícola y tecnología local
Expectativa de recuperación: Las proyecciones del IMSS y organismos estatales estiman que Oaxaca podría generar hasta 4,800 nuevos empleos formales en el segundo semestre, impulsados por:
La operación ampliada del Corredor Interoceánico
Nuevas actividades turísticas ligadas a festividades como la Guelaguetza
Reinserción de cultivos en 8,450 hectáreas con vocación agrícola
Ingresos y condiciones: El Salario Diario Base de Cotización (SDBC) en Oaxaca es de $290.12 pesos, aún por debajo del promedio nacional, reflejando una brecha persistente. El 73 % de los empleos formales se ubican en rangos salariales entre 1 y 2 salarios mínimos.
Oaxaca mantiene una estructura laboral dual, donde el empleo formal avanza en sectores estratégicos, pero aún insuficientes para absorber la dinámica comunitaria y rural. La informalidad, si bien es resiliente, continúa limitando el acceso a seguridad social, salud y vivienda digna. El reto para la segunda mitad del año es claro: transformar el crecimiento estadístico en estabilidad social real.
