Oaxaca, julio de 2025. La vivienda ha dejado de ser un bien accesible para transformarse en una estructura de desigualdad. La situación actual ofrece un panorama inquietante sobre la situación habitacional en Oaxaca, con rezago histórico, presión demográfica, aumento sostenido en precios y una cartera vencida que evidencia la fragilidad económica del consumidor.
Oaxaca registró 1,152,000 viviendas particulares habitadas según el último corte, con una tasa de crecimiento inferior a la media nacional. Los municipios con mayor densidad —como Oaxaca de Juárez, Juchitán, Salina Cruz y Huajuapan— concentran la presión inmobiliaria, mientras que regiones como la Sierra Sur y la Mixteca siguen mostrando patrones de vivienda dispersa, autoconstruida y con rezagos estructurales.
El déficit habitacional afecta aproximadamente a 21.3 % de los hogares oaxaqueños, siendo los principales factores la falta de disponibilidad formal de suelo, lentitud en trámites y costos que superan la capacidad adquisitiva del trabajador promedio.
En Oaxaca, de acuerdo con el Anuario Estadístico de la Vivienda 2024, publicado por la Sociedad Hipotecaria Federal y organismos del sector, el valor promedio de una vivienda nueva alcanzó los $983,000 pesos, mientras que las de interés social rondan los $550,000 pesos, cifras que contrastan con los salarios mínimos prevalentes y el ingreso medio mensual estatal que apenas supera los $6,700 pesos. La relación ingreso-precio se ha deteriorado en cinco puntos porcentuales respecto a 2020, lo que dificulta el acceso al financiamiento tradicional.
Además, el incremento anual en el precio del suelo urbano fue de 7.2 %, empujado por proyectos turísticos, especulación inmobiliaria y la falta de control sobre desarrollos irregulares.
Durante el periodo de estudio, Oaxaca otorgó 17,841 créditos hipotecarios, de los cuales el 42.7 % provino de Infonavit y el 36.2 % de entidades bancarias. La colocación creció, pero también la cartera vencida, que llegó al 12.1 %, el doble del promedio nacional. El índice de morosidad pone en entredicho la sostenibilidad del modelo hipotecario para los sectores vulnerables.
El uso del subsidio federal desapareció tras su cancelación en 2019, y las iniciativas estatales continúan siendo marginales. Esto ha empujado a miles de familias a la autoconstrucción sin supervisión técnica, con riesgo sísmico latente y servicios incompletos.
La migración rural-urbana y el aumento de hogares unipersonales están modificando el perfil de demanda. Se requieren viviendas más pequeñas, accesibles y conectadas a servicios. Sin embargo, los desarrollos inmobiliarios continúan privilegiando modelos verticales de alto costo, desconectados del perfil poblacional oaxaqueño.
El anuario también señala que el 42 % de las viviendas ocupadas tienen algún tipo de deterioro estructural o falta de servicios básicos como agua potable, drenaje y electricidad continua. Esto no solo revela un rezago físico, sino también una deuda institucional con el derecho a una vivienda digna.
Hasta el periodo analizado, Oaxaca enfrenta una crisis silenciosa que no se refleja aún en manifestaciones masivas, pero sí en el cotidiano de miles de familias que habitan entre la informalidad, el endeudamiento y la precarización habitacional. En la actualidad, la situación se ha complicado aún más debido al encarecimiento global de materiales, la inflación y el repliegue de inversión pública. La vivienda dejó de ser un sueño; ahora es un campo de disputa económica y de resiliencia social.
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Redacción de Misael Sánchez Reportero de Agencia Oaxaca Mx
