22 enero, 2026
Oaxaca MX
EstadoOpinión

Salomón Jara y el músculo político de la 4T

 

 

En tiempos donde los gobiernos suelen tambalearse entre la retórica hueca y el vacío de resultados, en Oaxaca, el gobernador Salomón Jara Cruz ha optado por una ruta menos cómoda y más expuesta: la del compromiso frontal con la transformación.

El gobernador de Oaxaca habla claro y apuesta alto. En la conferencia número 134 de su administración, lejos de discursos decorativos, delineó el mapa de lo que su gobierno llama sin rodeos “la primavera oaxaqueña”: una cruzada por el desarrollo con rostro comunitario, acento indígena y brazos extendidos hacia la justicia social.

El mandatario no sólo celebró reformas estructurales promovidas desde el Congreso federal que apuntalan el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec; también hizo suyas esas banderas al proclamar que Oaxaca será protagonista, no espectador, del nuevo pacto económico nacional. Ferrocarriles, telecomunicaciones, simplificación de trámites, fortalecimiento de la Guardia Nacional: la batería legislativa es vista por su administración como la artillería necesaria para “barrer la burocracia, desarmar la corrupción y echar a andar la máquina de la inversión”.

Apegado al discurso del llamado «humanismo mexicano», aplaudió el avance hacia la soberanía farmacéutica anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum y celebró la inversión de 10 mil millones de pesos en infraestructura para el abasto de medicamentos. Pero no se quedó ahí, conectó la salud con el derecho, y la economía con la dignidad. Así, presentó la digitalización de trámites, la creación de una agencia estatal digital y la mejora regulatoria como mecanismos no sólo administrativos, sino éticos. “Menos trámites, más eficiencia; menos corrupción, más transparencia”, dijo, con contundencia que suena a sentencia.

Oaxaca se reconstruye. Desde el paso devastador del huracán Eric, el gobierno estatal ha desplegado 82 dependencias, más de mil servidores públicos, maquinaria pesada, pipas de agua y brigadas de salud. El gobernador enfatizó que las tequios comunitarios y la entrega directa de apoyos, desde láminas hasta medicamentos, son la expresión de un gobierno que pisa tierra y no se queda en el aire acondicionado del escritorio. A 22 municipios afectados por desastres naturales ya llegó la presencia estatal con algo más que discursos: con soluciones.

Y en medio del desastre, una fiesta: Guelaguetza 2025. Para el mandatario, no hay contradicción. La cultura, dice, también es resistencia, y celebrar las raíces es parte de sanar. Su gobierno ha promovido una edición inclusiva, con rutas de transporte gratuitas, operativos de seguridad masivos, módulos turísticos y un despliegue que recuerda más a una estrategia de Estado que a un evento de temporada. Y como gesto simbólico y político, anunció que lo recaudado por el sorteo de la Lotería Nacional en el Auditorio Guelaguetza será destinado al fondo de apoyo para damnificados. No es sólo folclor, es política con sentido social.

El gobernador tampoco no rehuyó los temas espinosos. Respondió de frente a cuestionamientos sobre presuntos desvíos en obras públicas, y reiteró que su gobierno tiene como prioridad la transparencia. Ante los viejos fantasmas de Pegasus y el espionaje institucional, recordó con filo que “el león cree que todos son de su condición”. No caben interpretaciones, en el discurso de Jara, la ética pública no es un accesorio, sino una obligación ineludible.

Salomón Jara se planta como el rostro oaxaqueño de la 4T, un político de campo más que de oficina, que se sabe heredero de un país desigual y se asume constructor de un Oaxaca distinto. No pretende ser neutral, y no pide perdón por tomar partido. Su narrativa está tejida con los hilos del nacionalismo popular, la justicia comunitaria y una administración que sabe hacia dónde va.

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