27 junio, 2026
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Rompe inercias en Oaxaca la política fiscal

Misael Sánchez

En Oaxaca se libra una batalla silenciosa pero decisiva en las finanzas públicas. Bajo la conducción del secretario de Finanzas, Farid Acevedo López, el Estado ha pasado de la zozobra del endeudamiento histórico a un escenario de disciplina fiscal, recaudación creciente y presupuestos inéditos.

La política fiscal implementada por el gobernador Salomón Jara se sostiene en un principio claro: sanear antes que endeudar, ordenar antes que improvisar.

Lo primero, la deuda. Acevedo heredó un Estado asfixiado por dos cargas: los 17 mil millones reconocidos ante los bancos y otros 16 mil 800 millones ocultos en pasivos con dependencias federales. El saldo real era de 34 mil millones. Frente a ello, el equipo financiero emprendió una reestructuración de 12 mil millones que generó un ahorro de mil 700 millones en intereses a 15 años. Además, se amortizó capital por 900 millones y se liquidaron pasivos federales por más de 8 mil millones. Hoy, Oaxaca no se ha endeudado un peso más.

En paralelo, la recaudación propia dejó de ser un mito. De 3,900 millones en 2022 pasó a 5 mil en 2023, cerró en 6,500 millones en 2024 y apunta a superar los 7 mil este año. El método no fue el alza de impuestos, sino la ampliación de puntos de pago, la bancarización, el envío de cartas-invitación, los convenios de fiscalización con la Federación y, sobre todo, la confianza del contribuyente. Con cada peso adicional recaudado, las participaciones federales crecen. Oaxaca recibió 27 mil millones en 2022 y hoy dispone de más de 33 mil.

El presupuesto global también ha escalado: 91 mil millones en 2022, 100 mil en 2023 y 109 mil en 2024. Aportaciones, participaciones e ingresos propios componen el andamiaje que sostiene inversión en obra pública, programas sociales y gasto operativo. La apuesta es clara: más ingresos locales significan más recursos federales, más obra y más capacidad de respuesta.

La política fiscal se ha traducido en obras visibles y programas inéditos. Desde caminos y aulas en comunidades apartadas hasta proyectos estratégicos como el C5, el Parque Primavera y la modernización vial rumbo al aeropuerto. Por primera vez, el Estado destina más de 4,500 millones a programas sociales propios: apoyos al campo, créditos a mujeres, farmacias bienestar, tarjeta joven y el plan “Mi Primera Chamba”.

El blindaje también incluye la prevención de riesgos. El fondo de desastres estatales, que inició con 130 millones, hoy alcanza 330 millones. Tres seguros ya cobrados —huracanes, helicóptero siniestrado y contingencias recientes— suman más de 570 millones recuperados. Oaxaca, tierra de sismos y tormentas, ya no queda inerme.

El equipo de Acevedo ha impuesto además mecanismos de transparencia en la asignación de obras menores, entregando recursos directos a comités ciudadanos que verifican su aplicación. Y en las grandes licitaciones, concursos públicos han sustituido la discrecionalidad.

El modelo financiero oaxaqueño no está exento de tensiones: el 95% del presupuesto sigue dependiendo de la Federación y la presión de gasto en pensiones y nómina es creciente. Pero la diferencia radica en la conducción: un gabinete que privilegia la recaudación, la eficiencia y la planeación sobre el endeudamiento fácil.

En tiempos en que la improvisación se disfraza de política, Oaxaca ensaya una lección: la disciplina fiscal no es un eslogan, es una estrategia de supervivencia. Bajo la batuta de Farid Acevedo López, el Estado deja atrás inercias de crisis y construye, peso a peso, la posibilidad de un futuro financiero estable.

 

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