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13 junio, 2026
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Radiografía de la economía en transición de Oaxaca

La economía de Oaxaca en 2025 se despliega como un tapiz complejo, tejido con hilos de tradición agrícola, comercio emergente, inversión extranjera y una informalidad persistente que desafía las políticas públicas.

A partir de los datos más recientes de la Secretaría de Economía del Gobierno Federal, se puede trazar un mapa actualizado que revela tanto las fortalezas como las fracturas de un modelo económico que busca reinventarse sin perder su raíz.

Oaxaca mantiene una vocación agrícola profunda. En el primer trimestre de 2025, más de 223 mil personas se emplearon en el cultivo de maíz y frijol, mientras otras 148 mil participaron como trabajadores de apoyo en actividades agrícolas. Esta cifra no es solo laboral: es cultural. El campo sigue siendo el principal empleador, aunque con bajos niveles de productividad y escasa tecnificación.

El comercio al por menor y las industrias manufactureras también destacan como sectores con alta concentración de unidades económicas: 87,019 y 52,023 respectivamente. Sin embargo, la mayoría de estas empresas son micro o pequeñas, con menos de 10 empleados, lo que limita su capacidad de escalar, innovar o exportar.

En 2024, Oaxaca exportó bienes por un valor de US$303 millones, con una caída del 4.1% respecto al año anterior. Los principales productos fueron alcohol etílico (US$57.7M), frutas tropicales como higos, piñas, aguacates y mangos (US$50.3M), y café en diversas presentaciones (US$8.51M). Estados Unidos fue el destino dominante, absorbiendo el 85.5% de las exportaciones.

Por otro lado, las importaciones crecieron 30.4%, alcanzando US$51.9 millones. El principal rubro fue maquinaria industrial, especialmente para el procesamiento de bebidas (US$20M), proveniente en su mayoría de Alemania. Este dato revela una paradoja: Oaxaca exporta naturaleza y cultura, pero importa tecnología y valor agregado.

Durante 2024, la Inversión Extranjera Directa (IED) en Oaxaca fue de US$91.1 millones, con Bélgica, Estados Unidos y Canadá como principales países inversores. Desde 1999, el estado ha acumulado US$6,501 millones en IED, aunque la distribución territorial y sectorial sigue siendo desigual.

En contraste, las remesas enviadas por migrantes oaxaqueños alcanzaron US$1,678 millones en el segundo trimestre de 2025, superando ampliamente la IED. Municipios como Oaxaca de Juárez, Huajuapan de León y Miahuatlán concentran estos ingresos. Las remesas no solo sostienen el consumo local, sino que también revelan una dependencia estructural del éxodo económico.

La tasa de participación laboral en Oaxaca fue del 56.9% en el primer trimestre de 2025, con una tasa de desempleo de apenas 1.63%. Sin embargo, el 76.3% de los trabajadores se encuentran en la informalidad, con un salario promedio mensual de $3,380 MX, frente a los $6,910 MX que perciben los trabajadores formales.

Este desequilibrio entre ocupación y formalidad plantea un reto mayúsculo: ¿cómo transformar la economía sin excluir a quienes la sostienen desde la informalidad? La respuesta exige políticas de inclusión productiva, acceso al financiamiento y simplificación fiscal.

Oaxaca presenta una tasa de analfabetismo del 11.8% y una escolaridad promedio centrada en primaria y secundaria. El ingreso corriente promedio trimestral por hogar es de $40,900 MX, pero la brecha entre el decil más pobre y el más rico supera los $123,000 MX. En 2020, el 24.3% de la población vivía en pobreza extrema y el 39.6% en pobreza moderada.

Para los tomadores de decisiones —gobierno, empresarios, cooperativas, comunidades— el panorama económico de Oaxaca exige una mirada integral. Las oportunidades están en la agroindustria, el turismo sostenible, la economía creativa y el aprovechamiento del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. Pero el éxito dependerá de la capacidad de articular inversión, inclusión y sostenibilidad.

La economía oaxaqueña no puede medirse solo en dólares o empleos. Debe leerse como una narrativa en construcción, donde cada cifra es una historia, cada indicador una posibilidad, y cada decisión una bifurcación entre el modelo extractivo y el desarrollo con identidad.

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