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10 abril, 2026
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Omisión municipal convierte los incendios en tragedias: Protección Civil

En medio del creciente número de incendios forestales, olas de calor extremo y fenómenos naturales que se ensañan con Oaxaca cada año, la voz de Manuel Maza Sánchez, titular de la Coordinación Estatal de Protección Civil, irrumpe con fuerza para revelar una verdad incómoda, pues en Oaxaca, la prevención no vende, no interesa y, peor aún, no se cumple.

Con tono enérgico y pleno de argumentos legales, Maza lanza una denuncia que debería retumbar en los pasillos de cada palacio municipal, pues señala que los presidentes municipales están violando la ley al no cumplir con su obligación de destinar recursos, instalar consejos funcionales y profesionalizar la protección civil.
Esto no es una sugerencia, es una exigencia legal y moral, inscrita con claridad en la Ley de Protección Civil del estado.
El mayor problema, según el coordinador estatal, no radica en la atención durante la emergencia —cuando las cámaras enfocan, los helicópteros sobrevuelan y los discursos abundan—, sino antes, cuando el silencio institucional, el desdén político y la apatía social preparan el terreno para la catástrofe.
El artículo 3 de dicha ley establece que es responsabilidad de cada presidente municipal incluir en su presupuesto de egresos un porcentaje destinado al fortalecimiento de la protección civil.
El artículo 41 va más allá y exige que al menos el 3% del presupuesto municipal se aplique directamente en acciones preventivas, equipos, personal capacitado y consejos funcionales.
No consejos de papel. No actas huecas. Consejos que operen, sesionen, articulen y protejan.
Y sin embargo, ¿cuántos municipios lo hacen? Maza lo dice sin rodeos. Ninguno ha demostrado haber destinado ese mínimo obligatorio. Por ejemplo, Guerrero tendría que invertir al menos 1.3 millones de pesos. Oaxaca de Juárez, más de 5 millones. Pero cuando se les solicita un informe, la respuesta es evasiva o inexistente.
Lo alarmante no es sólo la negligencia, sino el desconocimiento.
Maza relata con indignación cómo incluso diputados desconocen la existencia del artículo 41. ¿Cómo legislan para la seguridad si ni siquiera conocen las herramientas legales disponibles?
Y cuando se pregunta por los responsables de Protección Civil municipal, la respuesta es un mal chiste: “es el encargado de vialidad, o el de eventos sociales”, como si la protección de vidas humanas fuera una tarea secundaria, una función añadida al catálogo improvisado de funciones.
La negligencia municipal no es una falla administrativa es una responsabilidad penal y ética. Y no se trata sólo de comprar cascos o tener un extinguidor en la oficina.
Hablamos de sistemas organizados, de brigadas formadas, de convenios firmados con transportistas, de simulacros, de planes de evacuación, de radios operativos y de protocolos que se actualicen y se ensayen.
Todo esto es exigido por la ley y por la realidad. Y todo esto está siendo ignorado sistemáticamente.
Mientras tanto, los incendios forestales siguen devorando zonas como los Valles Centrales, Cuilápam, San Agustín Yatareni o Ixtlahuaca. Y cuando llega la tragedia, cuando el humo asfixia y el fuego arrasa, los municipios se voltean al gobierno estatal, al federal, al ejército, esperando salvación externa… después de haber ignorado toda responsabilidad interna.
Maza lanza una alerta con nombre y apellido, si los consejos municipales no están instalados y funcionando, hay responsabilidad por omisión. Si no se asignan los recursos obligatorios, hay negligencia presupuestaria. Si se improvisan responsables sin conocimiento técnico, se pone en riesgo la vida de miles.
La protección civil no puede seguir siendo un tema de segunda línea en la agenda pública. No es un asunto técnico, es una causa social. Los medios, las universidades, las iglesias, las empresas, la ciudadanía deben exigir a los presidentes municipales que cumplan con la ley. No se trata de voluntarismo, sino de supervivencia.
Manuel Maza no pide algo imposible. Pide que se cumpla lo que ya está escrito. Que se respete la vida. Que no tengamos que llorar muertes evitables, incendios anunciados o inundaciones cíclicas que se podrían mitigar.
En este momento, mientras las temperaturas en Oaxaca alcanzan niveles históricos, mientras el viento del Pacífico alimenta fuegos incontrolables, y mientras los municipios siguen sin actuar, la omisión también mata.
La prevención es una obligación, no un favor. Y hoy, más que nunca, Oaxaca necesita de autoridades que dejen de improvisar y comiencen a proteger.

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