En Oaxaca, migrar ha sido durante décadas una forma de sobrevivir, de resistir, de reinventarse. Pero el Anuario de Migración y Remesas 2025, publicado por Banxico, BBVA Research y CONAPO, revela que el fenómeno migratorio en el estado ha entrado en una fase nueva. Ya no se trata solo de irse, se trata de cómo, por qué y hacia dónde.
El documento, presentado el 6 de agosto de 2025, confirma que Oaxaca sigue siendo uno de los principales estados expulsores de población, pero con una dinámica que se aleja del patrón tradicional. La migración ya no es exclusivamente laboral ni masculina. Se ha feminizado, se ha diversificado, se ha digitalizado. Y sobre todo, se ha vuelto más incierta.
Banxico reporta que, en 2024, Oaxaca recibió más de 3,200 millones de dólares en remesas, cifra que se mantiene estable en 2025 pese a una caída nacional del 16.2 %, la más pronunciada en 13 años. Este dato, lejos de ser solo económico, es profundamente simbólico: el dinero sigue llegando, pero el modelo migratorio que lo sostiene está en transición.
“La migración oaxaqueña ya no es lineal. Es circular, fragmentada, transnacional. Y cada vez más, emocional,” señala el informe.
Los municipios de la Mixteca Alta, el Istmo y los Valles Centrales continúan encabezando el envío de migrantes al extranjero. Pero ahora, además de Estados Unidos, aparecen nuevos destinos: Canadá, España, Italia, incluso Guatemala. La migración oaxaqueña se globaliza, aunque sus raíces siguen profundamente locales.
El anuario identifica a San Juan Mixtepec, Santiago Juxtlahuaca, Putla Villa de Guerrero y Tlaxiaco como los principales emisores de migrantes. En estos municipios, más del 60 % de los hogares tienen al menos un familiar en el extranjero. Y en muchos casos, las remesas superan el presupuesto municipal.
Pero lo que cambia no es solo el destino, sino el perfil. El migrante oaxaqueño ya no es únicamente jornalero agrícola. Es también estudiante, enfermera, repartidor, cocinera, técnico en refrigeración, artista. Y cada vez más, mujer.
Uno de los hallazgos más relevantes del anuario es el crecimiento sostenido de la migración femenina. Las mujeres oaxaqueñas migran solas, con hijos, o como parte de redes familiares. Y cuando lo hacen, envían más dinero que los hombres en proporción a su ingreso. Además, tienden a mantener vínculos más sólidos con sus comunidades de origen.
Este fenómeno tiene implicaciones profundas. Las mujeres migrantes no solo sostienen económicamente a sus familias, sino que transforman los roles sociales, las estructuras comunitarias y las narrativas del éxodo. En Oaxaca, la migración femenina es también una forma de emancipación.
“Mi hija está en Nueva Jersey. Trabaja en una clínica. Manda cada mes. Aquí, con eso, vivimos,” dice Doña Teresa, madre de familia en Tlaxiaco.
En Oaxaca, migrar no es solo una decisión económica. Es una práctica cultural. Se aprende desde niño. Se hereda. Se comenta en la fiesta patronal. Se organiza desde el tequio. El anuario lo confirma: más del 60 % de los hogares en municipios de alta intensidad migratoria tienen al menos un familiar en el extranjero.
Y eso modifica todo. La arquitectura, la economía local, el consumo, la política. Hay pueblos donde el presidente municipal vive en California. Donde las casas se construyen por WhatsApp. Donde el mole se prepara con ingredientes que llegan por paquetería desde Houston.
El informe advierte que la migración oaxaqueña podría enfrentar nuevos retos:
– Restricciones migratorias en EE.UU.
– Cambio climático que afecta zonas agrícolas
– Desplazamiento interno por violencia
– Feminización del fenómeno sin redes de apoyo
Pero también hay oportunidades:
– Programas de retorno productivo
– Educación transnacional
– Remesas digitales y bancarización
– Organización comunitaria en el extranjero
Oaxaca no va a dejar de migrar. Pero va a migrar distinto. Con otros motivos. Con otras rutas. Con otras consecuencias.
Y eso, ya está cambiando el mapa social del estado.
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Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx
