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30 mayo, 2026
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Oaxaca y la informalidad productiva en México

 

En el primer trimestre de 2025, Oaxaca volvió a colocarse entre los estados con mayor dinamismo en la economía informal, según el más reciente reporte de las Mediciones de la Economía Informal Trimestral por Entidad Federativa (MEITEF), publicado por el INEGI. Los datos confirman lo que la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) ha venido revelando: la informalidad en Oaxaca no solo persiste, sino que crece, se diversifica y sostiene buena parte del esfuerzo productivo estatal.

Oaxaca registró un incremento anual de 9.2% en el Valor Agregado Bruto (VAB) de su economía informal, el más alto del país. Este indicador mide el valor económico generado por actividades informales, tanto del sector informal —empresas sin personalidad jurídica propiedad de los hogares— como de otras modalidades —trabajadores sin seguridad social en unidades formales—.

En el sector informal puro, el crecimiento fue aún más pronunciado: 11.8% anual, también el más alto entre todas las entidades federativas. Esto significa que las microempresas familiares, los vendedores ambulantes, los talleres sin registro y otros actores similares están generando más valor económico que nunca.

Oaxaca también reportó un aumento de 4.5% en los puestos de trabajo remunerados dentro de la economía informal. En el sector informal, el crecimiento fue de 8.3%, lo que indica una expansión acelerada de empleos sin seguridad social, prestaciones ni contratos formales.

Aunque este crecimiento puede interpretarse como señal de actividad económica, también refleja la persistente precariedad laboral en el estado. La informalidad sigue siendo la principal vía de ocupación para miles de oaxaqueños, especialmente en zonas rurales, mercados, tianguis, y sectores como la construcción, el comercio y los servicios personales.

En cuanto a remuneraciones, Oaxaca registró un incremento de 16.9% en los ingresos generados por la economía informal, el más alto del país. En el sector informal, el aumento fue de 22.0%, lo que sugiere una mejora relativa en los ingresos de quienes trabajan fuera del marco legal.

Sin embargo, este crecimiento debe leerse con cautela. Aunque los ingresos aumentan, la falta de prestaciones, estabilidad y protección laboral sigue siendo una constante. El alza puede estar vinculada a jornadas más largas, mayor intensidad de trabajo o ajustes estacionales, más que a una mejora estructural.

Mientras estados como Campeche, Quintana Roo y Sinaloa reportaron caídas en sus indicadores de informalidad, Oaxaca se consolidó como uno de los principales contribuyentes al crecimiento nacional en este rubro. Su participación en la variación nacional del VAB informal fue de 0.28 puntos porcentuales, y de 0.44 en el sector informal puro.

Este protagonismo estadístico confirma que Oaxaca no solo tiene una economía informal robusta, sino que esta representa una parte esencial de su tejido productivo. La informalidad en Oaxaca no es marginal: es estructural.

Los datos del INEGI muestran que Oaxaca vive una paradoja: su economía informal crece, genera empleo e ingresos, pero lo hace al margen de la legalidad y la protección social. Es un motor económico, pero también un síntoma de exclusión.

La informalidad en Oaxaca no es una anomalía. Es una respuesta. A la falta de oportunidades formales, a la dispersión territorial, a la cultura del trabajo autónomo, a la ausencia de políticas laborales efectivas. Y mientras no se atienda desde la raíz, seguirá siendo el rostro más visible de la economía oaxaqueña.

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