Oaxaca y la apuesta fiscal como política de Estado
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Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx
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En Oaxaca, el tercer trimestre de 2025 no fue una estación más en el calendario financiero. Fue el corte de caja de una estrategia tributaria que, lejos de improvisaciones, se ha sostenido sobre una lógica de eficiencia recaudatoria, bancarización y control institucional. La Secretaría de Finanzas, bajo la dirección de Farid Acevedo López, presentó cifras que no sólo hablan de ingresos, sino de una política pública que ha convertido la recaudación en herramienta de gobernabilidad.
La política de ingresos del Ejecutivo estatal se ha centrado en fortalecer las fuentes ordinarias, tanto locales como federales, con énfasis en el combate a la evasión y elusión fiscal. El documento oficial —Tercer Informe de Avance de Gestión Financiera 2025— detalla que al cierre de septiembre se obtuvieron ingresos totales por 83,304 millones de pesos, superando en 2.46 % lo estimado en la Ley de Ingresos. El dato no es menor: implica que la recaudación no sólo se cumplió, sino que se sobrepasó en un contexto de contención del gasto y disciplina financiera.
Los ingresos de gestión, es decir, aquellos que el Estado recauda directamente, alcanzaron los 5,654 millones de pesos, con un crecimiento del 29.19 % respecto a lo presupuestado. Dentro de este rubro, los impuestos estatales sumaron 1,992 millones, mientras que los derechos —por servicios públicos y trámites— aportaron 2,391 millones. La Secretaría de Finanzas atribuye este desempeño a la implementación de facilidades administrativas, estímulos fiscales y el uso intensivo de tecnologías para el cobro y la atención al contribuyente.
La bancarización ha sido otro eje de la política fiscal. Según el informe, el 99.99 % de los ingresos se captaron a través de instituciones bancarias y establecimientos autorizados. Se habilitaron más de 1,300 puntos de pago en todo el estado, incluyendo módulos digitales, tiendas de autoservicio y medios electrónicos. Esta cobertura territorial no sólo facilita el cumplimiento fiscal, sino que reduce los márgenes de discrecionalidad y opacidad en el manejo de recursos.
En paralelo, se otorgaron estímulos fiscales por más de 1,644 millones de pesos, beneficiando a casi dos millones de contribuyentes. Los incentivos abarcaron desde el Impuesto sobre Tenencia y Uso de Vehículos hasta el Impuesto sobre Erogaciones por Remuneraciones al Trabajo Personal, pasando por derechos vehiculares y servicios públicos. La lógica detrás de estos estímulos no fue la condonación gratuita, sino la regularización fiscal como mecanismo de reintegración ciudadana.
El informe también destaca el crecimiento en los ingresos federales participables, que incluyen aportaciones, convenios y transferencias. Aunque algunos fondos mostraron disminuciones por ajustes federales —como el Fondo de Aportaciones para los Servicios de Salud— otros como el Fondo General de Participaciones y los Incentivos Derivados de la Colaboración Fiscal registraron incrementos significativos. Esto refleja una gestión activa ante la Federación, con capacidad de negociación y ejecución.
La administración del gobernador Salomón Jara ha convertido la política fiscal en columna vertebral de su modelo de gobierno. No se trata sólo de recaudar más, sino de hacerlo con reglas claras, cobertura territorial y sentido social. La Secretaría de Finanzas ha operado como un brazo técnico que articula la visión política del Ejecutivo: austeridad, eficiencia y presencia institucional. En Oaxaca, el presupuesto dejó de ser una cifra para convertirse en una herramienta de transformación.
La apuesta es clara: construir paz y desarrollo desde la recaudación. No hay romanticismo en los números, pero sí una narrativa de Estado que entiende que sin ingresos no hay derechos, y sin derechos no hay gobernabilidad. Oaxaca, con sus complejidades territoriales y sociales, ha decidido enfrentar el desafío fiscal con método, músculo y memoria.
