Misael Sánchez
En Oaxaca, el manejo de la deuda pública dejó de ser un ejercicio inercial y se convirtió en un frente de acción deliberada. Farid Acevedo López, secretario de Finanzas, expuso que la administración estatal mantiene un ritmo constante de pagos que ha permitido disminuir de forma significativa el saldo heredado. No hay discursos de liquidación total, pero sí una ruta clara para cerrar, en el menor plazo posible, un capítulo que durante años drenó recursos estratégicos.
La explicación técnica es directa: el Estado ha priorizado el cumplimiento puntual de sus obligaciones, no sólo para reducir capital, sino para evitar que los intereses se conviertan en una carga perpetua. Cada abono realizado —señaló Acevedo— tiene un doble efecto: baja el saldo principal y reduce el costo financiero futuro. El mensaje es que pagar de forma anticipada o en tiempo y forma no es sólo disciplina fiscal, es también una manera de frenar el ciclo de intereses que se retroalimenta a costa del presupuesto.
El reporte técnico establece que, de 33,667 millones de pesos heredados por la anterior administración, se han pagado 12,449 millones de pesos, por lo que el saldo, al 31 de julio de 2025, es de 26,707 millones de pesos.
Aunque a ello hay que añadir 1,253 millones de pesos de un crédito determinado por la SHCP luego de que en el año 2021 no se grabaran ingresos de los trabajadores, los cuales se suman a la deuda, pero ya se empezaron a pagar en julio y se terminan de pagar este mes de agosto.
El gobernador Salomón Jara Cruz reforzó el planteamiento con un dato político: durante décadas, las administraciones estatales aceptaron la deuda como una condición inevitable, refinanciando o ampliando créditos que comprometían los ingresos de varias generaciones. En cambio, el plan actual busca cerrar ese circuito y generar un precedente en el que el financiamiento externo sea recurso excepcional y no política recurrente.
En el presupuesto anual, la deuda se refleja en dos renglones: el pago a capital y el pago a intereses. El primero reduce el pasivo visible; el segundo, aunque no disminuye el saldo, es ineludible para conservar la confianza de los acreedores y evitar penalizaciones. Acevedo precisó que el Gobierno de Oaxaca ha mejorado su perfil de deuda al reducir la proporción de intereses frente al total del adeudo, liberando así un margen que puede destinarse a obra pública, salud, educación y programas sociales.
La narrativa oficial subraya que esta estrategia no es un triunfo contable aislado, sino parte de un rediseño de prioridades. La disminución de intereses implica que cada año quedará más presupuesto disponible para inversión productiva. Pero también impone una exigencia: mantener un gasto austero y focalizado para evitar nuevas presiones financieras.
En la lógica macroeconómica, Oaxaca no ha terminado de pagar su deuda, pero la está encauzando bajo un modelo que pretende evitar el estancamiento en el que otros estados han caído. El reto es sostener el paso, seguir reduciendo el saldo, contener el costo de los intereses y consolidar una cultura fiscal en la que el endeudamiento deje de ser un recurso fácil y recurrente.
