31 enero, 2026
Oaxaca MX
UABJO

La UABJO se pone el huipil para la Guelaguetza Universitaria 2025

En la UABJO no todo ocurre en los libros ni entre las paredes donde la academia resuena con voces teóricas.

Hay días —pocos, benditos— en que una universidad se quita el traje de solemnidad, se sacude el polvo del escritorio y baila. Baila como lo han hecho sus pueblos por siglos, con el alma en los pies y el corazón en la espalda. Baila como si danzar fuera el último gesto digno antes del olvido. Baila porque recuerda quién es y de dónde viene. Y este 7 de julio, la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca volverá a hacerlo con la Tercera Edición de su Guelaguetza Universitaria.

El anuncio fue hecho en una conferencia de prensa que más pareció convite.

Ahí estaba la doctora Beatriz García Estrada, anfitriona en voz y coordinación, hilando palabras con la misma destreza con que se bordan los trajes típicos que vestirán más de 400 estudiantes ese día.

Junto a ella, el director de Comunicación Social, Sergio Raciel Vale López, evocando ese orgullo que sólo los que han pisado el suelo polvoso de su pueblo conocen. Es evidente que nadie improvisa una fiesta como esta. La UABJO se ha preparado desde el corazón y con el cuerpo.

La cita es a las 2 de la tarde, cuando el sol quema con fuerza y los universitarios ya estarán bailando desde el atrio de Santo Domingo de Guzmán.

La calenda recorrerá las arterias del Centro Histórico como si fuera un torrente de vida que arrastra alegría, memoria y música hasta Ciudad Universitaria.

Ahí, a las 4 en punto, bajo un toldo que desafiará la lluvia (si decide aparecer), comenzará el acto principal. Dieciséis delegaciones. Dieciséis formas de decir “aquí estamos”.

Desde las emblemáticas Chinas Oaxaqueñas hasta los Tiliches, pasando por los Diablos de la Costa, el Jarabe Mixteco, la Danza de la Pluma, la Flor de Piña y los Zancudos de Zaachila. Un desfile de identidades, no de disfraces. Cada paso, cada giro, cada alzar de rebozo será un manifiesto en defensa de la memoria.

Y no, no se trata de un montaje. Las delegaciones están integradas por estudiantes de facultades como Enfermería, Derecho, Contaduría, y más. Son jóvenes que han rescatado los bailes de sus comunidades —de Yalalag, Pinotepa, Pochutla, Huautla, Jamiltepec, Tehuantepec— para devolverlos al presente con la misma fuerza con la que los vieron sus abuelas en las fiestas del pueblo.

No es casual que esta Guelaguetza haya sido impulsada desde el inicio del rectorado de Cristian Carreño. En una época donde las universidades pelean por rankings y congresos, la UABJO ha decidido, sin pedir permiso, pelear por algo más profundo, sí, la pertenencia. Que el joven de Contaduría que apenas habla mixteco sepa que ese idioma es un tesoro. Que la estudiante de Derecho, cuando alce el huipil, recuerde que su saber también brota de la tierra y no sólo de los códigos.

“Los muchachos se organizan solos —contó la doctora Beatriz—. Ensayan después de clases, rentan sus trajes, juntan para las bandas que los acompañarán. Algunos tocaron en las fiestas patronales de su pueblo antes de llegar a la universidad. Aquí no están actuando, están viviendo”.

No hay mejor pedagogía que esa. El aula no puede competir con el temblor que provoca escuchar “Dios nunca muere” mientras una banda de la 28ª Zona Militar y una orquesta costeña ejecutan la música que acompaña el alma de Oaxaca. No lo creo.

La Guelaguetza Universitaria es revolucionaria, subversiva, por donde se le mire. En una época de recortes y vigilancia tecnócrata, organizar una fiesta colectiva, gratuita, callejera y profunda es casi un acto de rebeldía. No se reparte alcohol, no se busca el lucro. Se regalan dulces y danzas. Se dan abrazos, no productos. Lo que se entrega es un pedazo del alma. Y eso —que se dice fácil— no se enseña en ningún posgrado.

En un país herido por la prisa, el olvido y la fragmentación, la UABJO lanza un manifiesto en forma de calenda que dice “aquí nadie olvida”. La universidad se vuelve un ágora donde el cuerpo cuenta historias, donde el bordado se lee como ensayo, donde la música se alza como tesis. Es un archivo vivo de lo que somos.

Y por eso esta fiesta no es sólo para universitarios. Es para los que pasan por las calles, para los que miran desde la acera, para los turistas despistados y los oaxaqueños nostálgicos. Es un recordatorio de que la cultura no se exhibe, se vive. Y que vivirla implica abrirse, entregarse, compartir.

Porque en Oaxaca, como en ninguna otra parte, Guelaguetza significa dar.

++++

Redacción de Misael Sánchez Reportero de Agencia Oaxaca Mx

P.D. Conste que están avisados, la cita es este 7 de julio, a las 2 de la tarde en el atrio de Santo Domingo. La entrada es libre. Que nadie se quede fuera del abrazo colectivo de la UABJO.

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