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29 junio, 2026
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La nosotridad y la elección de la representante de la Diosa Centéotl 2026

La nosotridad y la elección de la representante de la Diosa Centéotl 2026

 

 

Misael Sánchez

La elección de Enid Azucena Torres Agustiniano como representante de la Diosa Centéotl 2026 no es únicamente un acto ceremonial. Es un acontecimiento que revela transformaciones profundas en la vida pública de Oaxaca y en la manera en que los pueblos originarios y afromexicanos reclaman su lugar en el espacio simbólico del estado. Lo que ocurrió en el Teatro Macedonio Alcalá, como lo señaló Flavio Sosa, no fue un certamen más. Fue la afirmación de un principio que atraviesa la historia de los pueblos: la cultura no es propiedad individual, es responsabilidad colectiva. Y en ese marco emerge un concepto que exige ser pensado con rigor, porque sintetiza una forma de estar en el mundo que contradice la lógica individualista contemporánea. Ese concepto es la nosotridad.

La nosotridad no es una palabra nueva, pero sí una categoría que adquiere fuerza en este contexto. Enid la pronunció con claridad en la conferencia matutina del lunes, al final de su discurso, cuando invitó a vivir juntos, a reconocerse como una hermandad y no como individuos aislados. Su llamado no fue retórico. Fue la expresión de una filosofía que ha sostenido a los pueblos originarios y afromexicanos durante siglos. La nosotridad es una forma de organización, una ética y una cosmología. Es la afirmación de que el yo no existe sin el nosotros, y que la identidad no se construye en soledad, sino en relación con la comunidad, el territorio y la memoria.

Desde una perspectiva antropológica, la nosotridad remite a la idea de que la cultura es un tejido colectivo. Los símbolos, las prácticas y los conocimientos no son recursos disponibles para ser apropiados sin responsabilidad. Son el resultado de generaciones que observaron la naturaleza, que ensayaron formas de vida y que transmitieron saberes como parte de un proceso comunitario. En este sentido, la nosotridad se opone a la noción de cultura como mercancía. No es un conjunto de elementos que pueden tomarse y usarse según la conveniencia individual. Es una estructura de obligaciones, una forma de responder ante quienes resguardan el patrimonio que se hereda.

La historia mixteca ofrece un ejemplo contundente. La figura de 8 Venado Garra de Jaguar ha sido reducida a un héroe individual por interpretaciones coloniales que buscan negar la estructura política que lo sostuvo. En los códices no aparece un caudillo solitario. Aparece una red de alianzas, linajes y decisiones colectivas. Lo que se ha llamado conquista fue articulación comunitaria. Lo que se ha llamado ambición fue estrategia compartida. La nosotridad, como práctica política, permitió que la Nación Ñuu Savi construyera poder sin depender de categorías estatales. Ese principio sigue vivo y se expresa en la manera en que los pueblos originarios organizan su vida cultural y política.

El discurso de Enid retoma esa tradición. Cuando afirma que su identidad es mestizaje, que en su sangre corre también el pueblo Ñuu Savi, que su abuelo era indígena y que su comunidad es afromexicana, está articulando una visión del territorio donde la identidad no es fragmento, sino entramado. Su referencia al maíz, al frijol, al jaguar, al colibrí y a los cuatro puntos cardinales no es decorativa. Es cosmológica. Es la afirmación de que la vida se sostiene en relaciones que trascienden al individuo. La milpa, como recordó el jurado al describir el cetro “Poder de la Milpa Sagrada”, es origen de vida comunitaria. No es solo alimento. Es estructura social.

El contexto político también es relevante. El gobernador Salomón Jara subrayó que Oaxaca vive un momento donde los pueblos originarios y afromexicanos reclaman espacios históricamente negados. La elección en el Macedonio Alcalá fue un gesto simbólico que rompe con la idea de que ciertos lugares están reservados para élites. La presencia de 44 representantes de las ocho regiones, la participación de un jurado compuesto por mujeres destacadas y la incorporación de denuncias sobre etnocidio, desplazamiento y violencia muestran que el certamen se convirtió en un espacio de expresión política y social.

En ese escenario, la nosotridad adquiere una dimensión contemporánea. No es solo un concepto ancestral. Es una herramienta para pensar fenómenos actuales como la representación cultural, la defensa del territorio, la lucha contra la violencia y la reivindicación de identidades históricamente invisibilizadas. La nosotridad permite comprender que la cultura no puede ser reducida a espectáculo. Que la representación exige responsabilidad. Que la memoria es colectiva. Que la identidad es política.

Si esta visión se consolida, Oaxaca podría convertirse en un referente nacional de políticas culturales que reconozcan la responsabilidad comunitaria como eje rector. La elección de la Diosa Centéotl sería entonces más que un acto simbólico. Sería un modelo de participación donde las comunidades deciden, donde las mujeres lideran procesos culturales y donde la diversidad se reconoce como fuerza estructural del estado.

Para avanzar en esa dirección, es necesario fortalecer espacios donde la nosotridad se practique y no solo se enuncie. Implica garantizar que los procesos culturales respondan a las comunidades y no a intereses externos. Implica reconocer que la cultura es memoria y que la memoria exige cuidado. Implica construir políticas públicas que acompañen a los pueblos en la defensa de su identidad. Implica escuchar las denuncias que surgieron durante el certamen y convertirlas en acciones concretas. Implica reconocer que la representación cultural es también representación política.

Enid Azucena Torres Agustiniano, desde Pinotepa Nacional, encarna esa visión. Su discurso no fue individualista. Fue comunitario. Fue histórico. Fue político. Su llamado a vivir la nosotridad es una invitación a pensar la cultura como responsabilidad compartida. Y en ese gesto se revela una verdad que atraviesa la historia de Oaxaca: la identidad no se hereda como objeto, se sostiene como vínculo. La nosotridad es ese vínculo. Es la estructura que permite que los pueblos sigan siendo pueblos. Es la filosofía que explica por qué la cultura es raíz. Es la cosmología que afirma que la vida se sostiene en comunidad.

Ese es el mensaje que Oaxaca envía al país y al mundo y que merece ser escuchado.

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