Huitzo y el nuevo rostro del pasado zapoteca
Misael Sánchez
No fue una casualidad ni un golpe de suerte. Fue una denuncia comunitaria, una excavación rigurosa y una convicción política clara. Así llegó Oaxaca a uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de la última década: la tumba 10 de San Pablo Huitzo, un recinto funerario zapoteca que permaneció sellado desde el siglo VI y que hoy obliga a replantear lo que se sabe sobre el poder, la escritura y la cosmovisión de las civilizaciones originarias.
El gobernador Salomón Jara Cruz lo dijo sin rodeos durante la conferencia matutina: Oaxaca nunca estuvo condenada al rezago ni al olvido. El hallazgo de Huitzo, afirmó, demuestra el alto nivel de conocimiento, arte y pensamiento alcanzado por las civilizaciones zapotecas, y desmonta de una vez por todas la narrativa que durante décadas minimizó el valor de los pueblos originarios.
La secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel de Icaza, detalló que la tumba es un ejemplo excepcional de arquitectura funeraria zapoteca. Un búho labrado custodia la entrada. Bajo su pico, el rostro pintado de un personaje de alto rango. En el interior, lápidas con nombres calendáricos, figuras masculinas y femeninas talladas en piedra, y un mural que muestra una procesión ritual con bolsas de copal. Todo ahí habla de poder, linaje, escritura y memoria.
Curiel de Icaza fue clara al señalar que estos hallazgos no son piezas aisladas ni objetos de vitrina. Son contextos completos, documentos históricos que permiten reconstruir la vida social, política y espiritual de una de las culturas pilares de Mesoamérica. Por ello, explicó, el INAH trabaja con equipos interdisciplinarios que realizan estudios arqueológicos, epigráficos, de restauración y antropología física, con el objetivo de preservar y comprender el sitio en su totalidad.
Desde la perspectiva institucional, el director general del INAH, Joel Omar Vázquez, recordó que fue en Oaxaca, con el hallazgo de la tumba 7 de Monte Albán en 1932, donde nació el impulso que dio origen al propio instituto. No sorprende, dijo, que casi un siglo después sea nuevamente Oaxaca la que entregue una tumba monumental al conocimiento nacional. La tumba 10 de Huitzo se suma así a una larga tradición funeraria zapoteca documentada en los Valles Centrales.
Vázquez subrayó que el sitio forma parte de una antigua ciudad prehispánica con acrópolis, juegos de pelota y recintos funerarios complejos, y que su conservación avanza con una inversión directa del Gobierno de México, además del respaldo del Gobierno de Oaxaca para infraestructura y servicios. La meta es clara: abrir el sitio al público en octubre, con visitas reguladas y un fuerte componente educativo.
Al cierre, el mensaje fue compartido. El pasado no se rescata para exhibirse, sino para comprenderse y protegerse. Y en Huitzo, bajo capas de tierra y silencio, Oaxaca volvió a recordarle al país que su historia sigue hablando, con claridad y con fuerza.
