Oaxaca no se dirige desde la cúpula, se camina. Así lo reitera el gobernador Salomón Jara Cruz cada vez que puede —y puede mucho— en sus conferencias matutinas, que no son simples actos de informe sino rituales de cercanía política, construidos con el ritmo del sur y el filo de la protesta institucional.
Este 24 de junio, mientras los pueblos celebraban el día de San Juan, el mandatario dedicó su discurso a mezclar la herencia, la emergencia y la pedagogía.
El Estado en ruinas por un huracán; el Estado que cambia el nombre de sus avenidas para hablar en zapoteco; el Estado que duerme en la costa para censar techos caídos.
Todo eso cabe en la voz entrenada de quien insiste que en Oaxaca los helicópteros sobran y que el poder se ejerce «a ras de pueblo».
Jara Cruz confirmó que el gobierno se divide en mitades para irse, por turnos, al epicentro del desastre en la región de la Costa. Limpian calles, acompañan familias, cargan lonas.
“Este es un tequio que vamos a hacer todos los del Gobierno”, dijo sin medias tintas. No hay excepción, salvo un par de funcionarios que se quedan en Palacio para cuidar la casa, el resto va con su camioneta, su personal y su lista de tareas. Así, el gabinete no despacha, trabaja.
En paralelo, el gobernador presume, sin soberbia, pero con firmeza, una inversión federal histórica en salud: “siete mil millones de pesos. Nunca se había hecho una obra de esta magnitud”, sentenció al hablar de Ciudad Salud, el nuevo complejo hospitalario que incluye hospitales del ISSSTE y el IMSS, construido sobre tierras donadas por el Estado. Un doble golpe de gestión y símbolo. Allí, las calles llevarán nombres en zapoteco y mixteco. Allí, en el valle de los hospitales, caminará el idioma ancestral al lado del bisturí y la medicina moderna.
No se escapan los otros frentes, un decreto nacional reduce la edad de jubilación; se subsidia la luz de las escuelas; se entregan créditos a mujeres porque —dice Jara— “si se los damos a los hombres, se lo gastan en botanas y caguamas”.
Nadie ríe por cortesía. Ríen porque saben que es cierto. El gobernador no sólo gobierna, también narra. Con picardía, refranes y memoria, arma un Estado que se cuenta en tiempo real.
En su conferencia no hubo paráfrasis para el conflicto. Cuando se le preguntó por las acusaciones cruzadas entre congresistas y alcaldes, Jara se limitó a decir que no se va a enganchar. Que no es el ring ni el momento. Con eso bastó.
Y como remate, una frase que ilustra su manual de estilo político: “Somos de territorio… por helicóptero, no. Ahí arriba no hay baches”. Porque en la narrativa de Salomón Jara, el único lugar legítimo desde el cual gobernar Oaxaca es entre lodo, grietas y gente. Lo demás es pose.
Por cierto, si quieren hablar con él, no está en Palacio. Hace unas horas retornó a la Costa, con su equipo y amigos, para continuar con los trabajos de supervisión.
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Redacción de Misael Sánchez Reportero de Agencia Oaxaca Mx
