Farid Acevedo, el universitario que vuelve a casa para disputar el rumbo de la UABJO
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Misael Sánchez
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La política universitaria suele moverse en silencios prolongados y decisiones que se fraguan lejos del estruendo público. Sin embargo, hay momentos en que una renuncia adquiere el peso de un parteaguas. La salida de Farid Acevedo López de la Secretaría de Finanzas, confirmada por el gobernador Salomón Jara Cruz, no se leyó como un cierre, sino como el retorno de un académico que entiende que la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca vive un tiempo decisivo.
Su trayectoria dentro y fuera de la administración pública lo coloca en una posición singular: la de un profesionista que ha demostrado solvencia técnica, disciplina institucional y una visión de largo aliento para la educación pública.
En la UABJO, su nombre no irrumpe como sorpresa. Es un universitario formado en sus aulas, licenciado en Contaduría Pública y maestro en Derecho Fiscal, catedrático, secretario técnico, consejero y figura respetada por su neutralidad en un entorno donde la neutralidad suele ser un lujo.
Desde hace años delineó un proyecto académico que coloca la excelencia como eje rector, convencido de que la universidad necesita un liderazgo capaz de conciliar rigor académico, estabilidad administrativa y una relación madura con el entorno social y político del estado. Su salida de Finanzas coincide con los tiempos que marca la ley universitaria para competir por la rectoría, pero también con un clima interno que demanda perfiles con experiencia real en gestión pública y capacidad de conducción.
La dimensión de su paso por la Secretaría de Finanzas explica por qué su candidatura adquiere relevancia. En un escenario nacional marcado por ajustes en las participaciones federales, Acevedo López sostuvo la estabilidad financiera de Oaxaca sin recurrir a endeudamientos extraordinarios ni recortes discrecionales. Explicó con claridad técnica que las variaciones en el Ramo 28 obedecían a la recaudación federal y no a decisiones locales, y lo hizo con una transparencia poco habitual en la comunicación fiscal.
Bajo su conducción, el estado fortaleció la disciplina presupuestal, priorizó la inversión social y mantuvo coordinación permanente con los municipios para garantizar certeza en la ministración de recursos. Ese estilo de gestión —ordenado, meticuloso, sin estridencias— es el que muchos dentro de la universidad consideran necesario para una institución que arrastra rezagos estructurales.
El paquete económico 2026, presentado durante su gestión, es otro indicador de su capacidad técnica. Proyectó ingresos por más de 108 mil millones de pesos, con un crecimiento responsable y un incremento significativo en ingresos propios.
Mantuvo estímulos fiscales estratégicos, garantizó equilibrio financiero y destinó recursos históricos a programas sociales, desde vivienda hasta fortalecimiento del campo, pasando por inversión en cultura, seguridad y pensiones. La solidez de estas decisiones permitió que, por primera vez, las cuatro agencias calificadoras elevaran de manera coincidente la calificación crediticia de Oaxaca. Ese logro no es menor: habla de un funcionario que entiende la administración pública como un ejercicio de responsabilidad y no como un espacio de improvisación.
En la lectura política universitaria, estos resultados no pasan desapercibidos. La UABJO enfrenta desafíos que requieren algo más que voluntad: necesita capacidad de gestión, claridad presupuestal, visión académica y una conducción que recupere la confianza de la comunidad.
En ese contexto, la figura de Acevedo López emerge como la de un universitario que no llega desde afuera, sino desde una trayectoria que combina experiencia académica, conocimiento institucional y resultados verificables en la administración estatal.
Los escenarios que se abren para la elección de mayo son complejos. La universidad vive tensiones internas, grupos con intereses divergentes y una comunidad que exige modernización sin perder identidad.
En ese tablero, un perfil con reconocimiento transversal, sin confrontaciones abiertas y con credenciales técnicas sólidas puede convertirse en un punto de equilibrio. La contienda no será sencilla, pero su presencia introduce una variable distinta: la posibilidad de que la rectoría sea asumida por alguien que ha demostrado que la estabilidad no está reñida con la transformación.
Para la UABJO, el reto inmediato es fortalecer la confianza de sus estudiantes, actualizar la investigación, reordenar su vida administrativa y construir un modelo académico que responda a las necesidades contemporáneas de Oaxaca.
En ese horizonte, la experiencia de Acevedo López en el manejo de recursos públicos, su capacidad para explicar con claridad escenarios financieros y su visión de excelencia académica pueden convertirse en herramientas decisivas. La universidad necesita liderazgo, pero también necesita método, disciplina y una ruta clara para los próximos años.
Las recomendaciones que surgen de este momento político universitario apuntan hacia la necesidad de un proyecto que coloque a la comunidad en el centro, que recupere la planeación como principio rector y que entienda que la autonomía no es aislamiento, sino responsabilidad. La UABJO requiere una rectoría que dialogue con el estado sin subordinarse, que fortalezca sus capacidades internas y que devuelva a la universidad su papel como espacio de pensamiento crítico y formación profesional de alto nivel.
Farid Acevedo López llega a este punto con una trayectoria que lo respalda, con un plan de trabajo madurado durante años y con la convicción de que la universidad puede recuperar su grandeza si se gobierna con rigor académico y responsabilidad pública. Su regreso a la vida universitaria no es un salto al vacío, sino la continuidad natural de un camino que siempre estuvo ligado a la UABJO. Y en ese retorno, la comunidad universitaria tendrá en mayo la oportunidad de decidir si ese perfil es el que necesita para enfrentar el futuro inmediato.
