Comunicado de prensa.
Santa María Huatulco, Oaxaca a 7 de julio de 2025.
• Semillas de vida es una iniciativa productiva que utiliza los conocimientos ancestrales de las comunidades en la elaboración de productos amigables con el medio ambiente.
• A través de semillas de vida, las mujeres de Huatulco fomentan el liderazgo femenino en la conservación del maíz criollo y contribuyen a la educación ambiental en la región.
La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas a través del Parque Nacional Huatulco, y los Bienes Comunales de Santa María Huatulco decidieron unirse para conformar el grupo Semillas de Vida.
En la localidad de Cuajinicuil, en Santa María Huatulco, ubicada en la región de la costa oaxaqueña, la cual, es un sitio con gran riqueza natural que se expresa en su variada vegetación y fauna. Pero más allá de su belleza paisajística, este lugar es testigo de una historia inspiradora: la de nueve mujeres que han hecho del cultivo del maíz nativo una forma de vida, un acto de resistencia cultural y una vía de empoderamiento bajo la identidad de Semillas de Vida, es aquí donde el maíz, siendo uno de los pilares de la alimentación en México, se transforma en mucho más que un cultivo: es identidad, memoria y territorio vivo.
Las mujeres de Semillas de Vida han hecho de este grano una causa común, cultivándolo con prácticas agroecológicas que promueven la conservación in situ de semillas nativas —como el maíz olotillo y el rocamey— y el uso responsable de los recursos naturales. Su producción se basa en el modelo tradicional de la milpa, donde el maíz crece junto al frijol y la calabaza, enriqueciendo el suelo y fomentando la biodiversidad. Además, de otros cultivos de importancia comercial en el territorio como la jamaica.
Cada productora cultiva entre una y cinco hectáreas en un sistema de agricultura familiar a pequeña escala, con un promedio de 1.1 toneladas anuales. Este rendimiento les permite sostener a sus familias y ofrecer un producto de alta calidad, sin comprometer la salud del ambiente. Todo el proceso —desde la siembra hasta la cosecha y la transformación del grano— se realiza principalmente con herramientas manuales y el apoyo de sus familiares, sin uso de agroquímicos. Aplican técnicas como el acolchado con hojas de maíz y el almacenamiento del grano en silos herméticos, prácticas que reflejan un profundo respeto por la tierra, la salud de sus familias y el cuidado del medio ambiente.
Este grupo ha generado un valor agregado al maíz, traducido en un producto delicioso y lleno de significado: las tostadas artesanales de maíz nativo; crujientes, aromáticas, con una variedad de colores, sabores, texturas. Estas tostadas reflejan la riqueza del territorio, los saberes heredados y la diversidad de semillas que protegen. Ya sea para acompañar guisos tradicionales, platillos contemporáneos o disfrutarlas solas, su versatilidad las ha convertido en un alimento apreciado dentro y fuera de su comunidad. Entre sus sabores más representativos destacan las tostadas de corozo, tostadas con sal, tostadas para freír, de nopal y de coco.
A lo largo del tiempo, el grupo ha sabido conservar la esencia de su producto sin dejar de perfeccionarlo. Gracias al acompañamiento técnico de la Conanp-Parque Nacional Huatulco a través de programas de desarrollo sostenible como es el Programa de Conservación para el Desarrollo Sostenible, han logrado mejoras significativas, como la adquisición de estufas ahorradoras de leña que reducen el impacto ambiental; maquinaria que estandariza el tamaño y grosor de las tostadas; mejoras en su presentación y fortalecimiento en los procesos de almacenamiento. Así mismo, se han generado intercambio de saberes entre ellas y con otros proyectos agroecológicos de la región, que ha enriquecido aún más su proceso y la organización, demostrando que el sabor, la tradición y la conservación pueden ir de la mano.
Semillas de Vida va más allá de la producción, ya que, a través de su participación en tianguis comunitarios, ferias locales y mercados, estas mujeres han fomentado el consumo de productos locales y sostenibles. En estos espacios no solo comercializan tostadas; también tejen redes, construyen comunidad y promueven un modelo de vida más justo, consciente y solidario.
La historia del origen del maíz en México data de aproximadamente 10 mil años con el proceso de domesticación del teocintle, desarrollando en el proceso una gran variedad de maíces criollos.
En Oaxaca, el 70 % de las razas reportadas en México existen como parte de la dieta diaria de las y los oaxaqueños. Esta alta variación en el cultivo del maíz se debe por diversos factores como la geografía, la variación climática, topografía, diferentes tipos de suelos y principalmente, porque las comunidades han desarrollado procesos de selección y adaptación, lo que ha contribuido a dar origen a diferentes variedades para su autoconsumo y comercialización.
El maíz, como parte de la historia de la gastronomía mexicana, ha demostrado ser un cultivo en donde se reencuentran las historias de nuestros ancestros, los conocimientos antiguos de la agricultura y el encuentro con nuevos métodos agroecológicos, todo ello podemos encontrarlo en Semillas de Vida, en donde las manos de mujeres oaxaqueñas son el puente ente nuestros antepasados y nuestro presente familiar. La frase que mejor las representa surgió de su propia experiencia, “Sembramos maíz y cultivamos amor”, una declaración que hoy es el corazón de su identidad colectiva.
