Oaxaca volvió a encender sus fogones para recibir una tradición que se defiende con la misma fiereza con la que se cuida un territorio. El Festival del Mole de Caderas 2026 abrió paso en el Paseo Juárez El Llano con el ánimo de una celebración que no admite tibiezas. La ciudad se convirtió en punto de encuentro para quienes reconocen en la cocina un acto de memoria y resistencia.
La Mixteca llegó con su historia a cuestas. Llegó con el frío de octubre, con el olor del chile costeño y con la certeza de que este platillo no es un simple guiso, sino una forma de entender el mundo. En cada stand se repite la escena de generaciones que han aprendido a preparar el mole de caderas como se aprende a sobrevivir, mirando a las abuelas y escuchando a la tierra.
Allí se dijo que “el mole de caderas es mucho más que un platillo, es historia, tradición e identidad”. Esa frase resume el espíritu del festival. La crianza del chivo blanco pastoreño, el pastoreo, el sacrificio y la recolección de ingredientes como la pepicha y el guaje forman parte de un proceso que no se improvisa. Es una cadena de saberes que se ha mantenido viva a pesar del tiempo y de los cambios.
La jornada reunió a cocineras tradicionales de la Mixteca y de los Valles Centrales, quienes ofrecieron el platillo en su temporada única. La proteína, el espinazo y las caderas del chivo se convierten en protagonistas de una receta que exige respeto por los tiempos y por la técnica. El chile costeño, endémico de Oaxaca, aporta el carácter; el guaje, la textura; la pepicha, el aroma que delata la región.
El festival también integró artesanías, música mixteca, cerveza artesanal, mezcal y productos agroindustriales. La presencia de autoridades estatales y municipales reforzó el mensaje de que la gastronomía es motor económico y cultural. La Mixteca no solo compartió su cocina, también su identidad, su música y su forma de entender la comunidad.
En los fogones del Llano se molió chile, se molió guaje y se encendieron memorias. Las cocineras mostraron el proceso artesanal que da vida al mole de caderas, desde la sazón del chile hasta el hervor final que espesa el caldo. Cada preparación es distinta, porque cada familia guarda un secreto que no se revela. El festival permitió ver esa diversidad y celebrarla.
