Misael Sánchez
El reciente paro nacional de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) dejó en evidencia un cambio significativo en la forma de manifestarse del magisterio oaxaqueño, históricamente conocido por su combatividad.
A diferencia de otras ocasiones, los maestros de Oaxaca participaron con firmeza pero también con una inusual mesura, sin caer en actos de violencia ni en confrontaciones con las fuerzas del orden.
Este comportamiento, interpretado como un gesto de inteligencia política y moderación, ha sido atribuido a la eficaz labor de conciliación del gobernador Salomón Jara Cruz y del director del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), Emilio Montero Pérez.
Durante los tres días de paro y el plantón en el Zócalo capitalino, los docentes oaxaqueños bloquearon avenidas, pero habilitaron un carril para permitir la circulación parcial.
No tomaron el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, ni protagonizaron los enfrentamientos con la policía que en otras épocas solían marcar sus protestas.
Su participación fue combativa pero sensata, un equilibrio que evidenció la eficacia de los puentes de diálogo construidos entre el magisterio y el gobierno estatal.
El gobierno de la Nueva Primavera, liderado por Jara Cruz, ha logrado lo que parecía improbable: establecer un canal de comunicación sólido y confiable con la dirigencia magisterial, a través del trabajo político de Montero Pérez.
Esta interlocución ha permitido atender gran parte de las demandas del sector educativo, generando un clima de confianza que, en el reciente contexto, se tradujo en acciones estratégicas por parte de los docentes.
A pesar de su tradicional ímpetu, el magisterio oaxaqueño optó por no manifestarse durante la visita presidencial de Claudia Sheinbaum a Oaxaca, algo que sorprendió positivamente a la mandataria, quien pudo recorrer la entidad sin el escenario habitual de bloqueos o protestas.
El gesto del magisterio no pasó desapercibido.
En los círculos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en la Ciudad de México, altos funcionarios admitieron que existía preocupación ante la posibilidad de que los docentes oaxaqueños “hicieran de las suyas” durante la visita presidencial.
Sin embargo, la actitud prudente de la Sección 22 fue vista como un signo claro del buen trabajo político realizado por el gobernador Jara Cruz y el director del IEEPO.
Mario Delgado, titular de la SEP, reconoció públicamente la labor del mandatario oaxaqueño, destacando sus esfuerzos para atender las necesidades del magisterio y mantener la estabilidad durante un periodo crítico.
La participación ordenada y estratégica del magisterio oaxaqueño en el paro nacional no solo evitó conflictos mayores, sino que también evidenció la madurez política de sus líderes, quienes optaron por el pragmatismo en lugar de la confrontación.
Al no manifestarse en la visita de Sheinbaum, los docentes enviaron un mensaje claro: este gobierno sí los ha escuchado.
La decisión de no realizar protestas durante la gira presidencial fue interpretada como un voto implícito de confianza hacia la gestión de Jara Cruz, un hecho que dista mucho de las habituales manifestaciones de rechazo que en el pasado caracterizaban las visitas de mandatarios federales.
El equilibrio alcanzado entre la protesta legítima y la mesura política sugiere un nuevo capítulo en la relación entre el magisterio oaxaqueño y el gobierno estatal.
La interlocución impulsada por Jara Cruz y Montero Pérez no solo ha logrado desactivar potenciales conflictos, sino que ha sentado las bases para una negociación más efectiva y civilizada, con beneficios tangibles para los trabajadores de la educación.
En Oaxaca, la primavera política no solo florece en las instituciones, sino también en las calles, donde la voz magisterial se hace escuchar con inteligencia y cordura.
