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20 julio, 2024
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Opinión

El desorden administrativo en Oaxaca III

De acuerdo a las Ciencias Administrativas, un tomador de decisiones, para tener efectividad en su cometido, sólo tiene un alcance de control de más o menos siete personas, más de este número su rendimiento es decreciente en la medida en que aumenten el número de las personas a dirigir.

Esto explica, de alguna manera, el bajo rendimiento de nuestros gobernantes, por ejemplo, el Presidente de la República mexicana tiene bajo su dirección a más de una treintena de personas en forma directa y trata con más de una centena en forma indirecta, ante esta situación es evidente que la Presidencia de la República opera en forma deficitaria.

De igual manera sucede con los gobernadores, Oaxaca no escapa a este fenómeno. Los gobernadores, por el número de subordinados, se vuelven incopetentes, incapaces, ineficaces e impotentes para conducir la buena marcha del gobierno y de la administración. El fenómeno se vuelve más grave si el gobernador concentra las decisiones.

El cansancio, la contingencia de las cosas de gobierno y administración, la complejidad del Estado, la presencia de grupos radicales demandantes, la falta de recursos suficientes, hacen que el gobernador de Oaxaca sea rehén de las circunstancias, además de contar con una organización administrativa ineficiente, incapaz, irresponsable, pero además su historia ha radicado en acumular funciones y atribuciones sin la racionalidad adecuada, se ha sujetado a la inercia de la acumulación de atribuciones, se ha distinguido por tener hábitos, procedimientos y normas de la burocratización.

La administración del siglo XIX era mucho más eficaz a pesar de la escasez de recursos. Esta administración estaba en manos de un gobernador estatal, de gobernadores regionales, de municipios y repúblicas realmente autónomas y responsables ante la población, un Secretario General de Gobierno, nombrado por la Cámara de Diputados

a propuesta del gobernador, este Secretario General refrendaba las decisiones del Gobernador.

De la Secretaría General de Gobierno se han desprendido casi todas las dependencias, poco a poco ha perdido la preponderancia que tuvo. Parece que reproducir un esquema similar es posible. Un Gobernador, un poderoso Secretario General de Gobierno, un organismo de planeación eficaz y con gran autoridad, la instalación de gabinetes por funciones agrupadas por áreas, por ejemplo: de seguridad, de desarrollo social, de desarrollo económico. La instauración de ocho coordinadores regionales a cargo del Secretario General de gobierno.

El gobierno de gabinete y el gobierno por región permitirían el eficaz alcance de control del gobernador, además de la agrupación de las dependencias federales y estatales permitirían la potenciación de los escasos recursos públicos. Gobernar por inercia de las cosas es la peor decisión que se puede tomar, precisamente esto es lo que hiso el gobierno de la Alianza, de aquí de sus malos resultados.

Es preciso hacer un alto en la organización del Estado oaxaqueño, tomar un tiempo para pensar, reflexionar, deliberar, proponer alternativas, nuevos diseños de gobierno y de administración pública, basarse en nuevos principios, normas y estrategias, seguir la inercia, no aprender del pasado, puede conducir a la reproducción del estado de cosas de la actualidad.

Más de 200 años de historia de gobierno y administración no servirían de nada si no paramos la inercia de las formas de gobierno y de administración que son cada vez más ineficaces e ineficientes. Seguir el mismo camino significará el permanente atraso en todas las órdenes del Estado oaxaqueño.

Empezar por lo más elemental es buena conseja, empezar por el lenguaje, por la deliberación, por la discusión. Fomentar las diversas formas de deliberación hablaría de un gobierno de hechura democrática, de principio se tiene el diseño institucional de cerca de siete mil asambleas comunitarias y municipales, de más de mil organizaciones, de diversos sindicatos, de organizaciones de colonos y de asociaciones civiles, de asociación de profesionales y de cámaras. Construir un gobierno a partir de intensas deliberaciones, saldrá,

seguramente, un Estado bien constituido, políticas bien implementadas y ejecutadas.

Como lo ha expresado bien el investigador y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, Omar Guerrero: “La discusión pública moviliza el conocimiento, la experiencia y el interés de muchas personas, mientras su atención se enfoca sobre un rango limitado de asuntos bajo su influjo y repercusión. Cada participante es forzado a ajustar su visión de la realidad y sencillamente cambia sus valores como un resultado del proceso de persuación recíproca. En esta forma, la discusión produce frutos que están más allá de las capacidades de un método autoritario o tecnocrático de hechura de policy, ayudando a identificar cuándo el desempeño de un gobierno es exitoso o fracasado, a través de la externación de opiniones adecuadamente argumentadas”(Guerrero, Omar. Del Estado Gerencial al Estado Cívico. Edit. UAEM. México, 1999, pp, 201-202).

Un segundo procedimiento para lograr un Estado bien constituido consiste en que los gobiernos estén dispuestos al aprendizaje. Los integrantes del gobierno, regularmente pecan de soberbia, falta de humildad y excesiva confianza en sus supuestas aptitudes. En este caso, las malas experiencias de los más recientes gobiernos oaxaqueños pueden ser fundamentales para no cometer los mismos errores o en su caso aprender de los éxitos de los mismos.

Si los gobernantes se hubiesen abrevado de lo positivo y evitar lo negativo de las acciones de gobierno, seguramente no tendríamos una deuda que nos pesa como una loza, no se hubiese incrementado el número de pobres en el Estado, no estaríamos en condiciones del desarrollo del subdesarrollo. Ha faltado humildad. Así, todo gobierno debe saber, con precisión y exactitud, de los sabores y de los humores de los éxitos y fracasos, para transformarlos en insumos de aprendizaje político y administrativo.

Es necesario ser conscientes que el éxito o fracaso de un gobierno está fuera de los ámbitos del gobierno, por el contrario, está en la sociedad, está en los ciudadanos, está en la opinión pública. La ceguera es condición de los gobiernos, la falta de autocrítica es su mayor mal, no es extraño que el gobierno de la Alianza no reconozca su tremendo fracaso, sus aliados lo han reconocido, el PAN y el PRD han tomado

distancia de su responsabilidad en el fracaso, culpando al gobernador Gabino Cué Monteagudo de ser el artífice de lo negativo.

Un tercer método muy simple para el inicio de todo gobierno es considerar al gobierno que concluye como un asunto terminado. Rumiar los fracasos del antiguo gobierno es una pérdida de tiempo, de espacio y de oportunidades, si hubiese delitos que sancionar que lo hagan las autoridades competentes.

Para tener éxito, todo gobierno deberá tener un brazo ejecutor de las políticas públicas, con administradores públicos con gran aptitud en las relaciones humanas, eficaces constructores de consensos, con capacidad para organizar equipos de trabajos, oportuno manejo de conflictos, inteligencia para el diseño de la planeación, capacidad de liderazgo y ser eficaces para las misiones especiales, en caso contrario, los oaxaqueños seguiremos en la dependencia y en el subdesarrollo.

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