16.4 C
Oaxaca, MX
16 agosto, 2026
Oaxaca MX
AgendaOpinión

Cuando el oficio se perdió

Cuando el oficio se perdió

Hubo un tiempo en que el periodismo se aprendía caminando y la mirada alerta. Era un método. El reportero no nacía frente a una pantalla sino en la intemperie, donde la noticia respiraba polvo, miedo y sudor. Allí se forjaba una ética silenciosa: escribir solo después de haber visto, preguntar solo después de haber escuchado, publicar solo después de haber entendido. Ese aprendizaje no tenía manual, pero sí memoria colectiva.

Hoy, el oficio parece haber cambiado de piel sin mudar de alma, aunque a veces lo parezca. La velocidad manda, el impacto se exige, la producción se mide en clics. El periodismo, en ese tránsito, ha ido perdiendo un músculo esencial: el de la observación lenta. Se informa más, pero se comprende menos. Se publica antes, pero se piensa después. Y el lenguaje, ese animal delicado, ha empezado a resentirlo.

El escenario es reconocible. Redacciones reducidas a salas silenciosas donde cada uno escribe para nadie y para todos al mismo tiempo. Reporteros jóvenes que no heredan gestos ni vicios del oficio, sino tutoriales. Fuentes que ya no se buscan, se esperan. Historias que no se persiguen, se descargan. El riesgo no está solo en la precariedad laboral, sino en la fragilidad narrativa: textos que informan sin cuerpo, sin atmósfera, sin contexto. Noticias que pasan, pero no se quedan.

En ese panorama, la crónica se ha vuelto una rareza, casi un acto de resistencia. No porque no haya historias, sino porque falta tiempo para mirarlas. La crónica exige demora y compromiso; pide caminar el territorio, escuchar los silencios, volver a casa con preguntas sin resolver. No encaja bien en la lógica del rendimiento inmediato. Y, sin embargo, cuando aparece, demuestra que el lector aún reconoce la verdad cuando está bien contada.

La confusión de géneros es otro síntoma. La opinión se disfraza de información, la publicidad se cuela con tono de reportaje, la indignación suplanta al dato. No siempre por mala fe, a veces por falta de formación compartida. Cuando no hay redacción como espacio común, el estilo se vuelve solitario y la corrección, inexistente. Nadie tacha, nadie pregunta por el verbo, nadie obliga a releer en voz alta. El texto sale como llega: crudo, apurado, olvidable.

Y, sin embargo, el oficio no está muerto. Está esperando. Esperando que alguien vuelva a entender que el periodismo no es solo contar lo que pasó, sino darle forma para que importe. Que escribir bien no es una vanidad, sino una forma de respeto al lector y a la verdad. Que la claridad no empobrece el mensaje, lo fortalece. Que la ética también se escribe en la sintaxis.

Recuperar el pulso no implica renunciar a la tecnología ni idealizar el pasado. Implica devolverle centralidad al lenguaje, a la edición, al acompañamiento entre generaciones. Volver a leer juntos, a corregir sin miedo, a caminar la historia antes de narrarla. Entender que la prisa no puede ser excusa para la superficialidad ni el formato para la pereza intelectual.

El periodismo que viene se juega en ese equilibrio: aprovechar las herramientas sin perder el oficio, informar sin dejar de narrar, producir sin olvidar por qué se escribe. Porque cuando el texto tiene alma, el lector se queda. Y cuando el lector se queda, la noticia deja de ser ruido y vuelve a ser sentido. En ese punto exacto, donde la palabra vuelve a caminar, el periodismo recupera su voz. Y con ella, su razón de existir.

Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx

Artículos relacionados

Inaugura Gobernador de Oaxaca puente vehicular en Mitla que mejora el desplazamiento de la población

Redacción

Con pavimentación de calles, transforma Salomón Jara a San Francisco Telixtlahuaca

Redacción

Seguridad, movilidad y desarrollo para Tlaltinango con nuevo puente vehicular: Salomón Jara

Redacción