Misael Sánchez
OAXACA. Lunes. Ocho en punto de la mañana. La luz del día apenas perforaba los vitrales del Salón Juárez cuando Salomón Jara Cruz llegó, lo esperaban secretarios, funcionarias y la prensa. Saludó como siempre, breve. En Oaxaca, incluso las conferencias huelen a tierra y a grieta.
Había mucho que decir. Pero esta vez, empezó con otro temblor. Literal.
La voz de Víctor Cata, director del Instituto de Lenguas Originarias, se alzó para contar lo que no suelen contar los boletines: que cuando tiembla en Oaxaca, no es culpa de placas ni de fallas. Es que los cuatro jaguares que sostienen el mundo han empezado a moverse. Es que la tierra habla. «Habla el temblor», dijo Cata, citando a los sabios zapotecos, con el mismo ritmo con que se anuncia la lluvia o la guerra.
Y entre grietas y grietas, apareció un joven estudiante, Raziel Juan Marcelo, a recitar en lengua mixteca un relato de tesoros enterrados. Un acto simbólico, casi ritual, con la solemnidad de quien lanza una piedra al pozo del tiempo.
Luego vino la política. O el vértigo.
El gobernador no perdió tiempo en declaraciones tibias. “La Cuarta Transformación se consolida”, dijo con fuerza, anunciando como trofeo la apertura del Hospital General de Tuxtepec, construido con el dinero de la venta del famoso avión presidencial. «Muchos lo olvidaron», soltó con un guiño. Pero el recuerdo de Peña Nieto y Calderón flotó por el salón como un fantasma mal vestido.
El nuevo hospital —tercer nivel, seis quirófanos, 90 camas, tomógrafo incluido—, atenderá a más de un millón de personas entre Oaxaca y Veracruz. “Es justicia”, sentenció. Y cuando habla de justicia, en Jara hay algo que se endurece: como si no bastara con gobernar, también hubiera que redimir.
Vinieron después los caminos. Con cifras para la agenda: 5,900 millones de pesos en inversión federal para rehabilitar mil kilómetros de carreteras en la Mixteca. La voz de Carlos Vichido, secretario de Infraestructura, se coló con mapas, tramos, kilómetros, puentes, concreto armado y cifras que más que esperanza, parecen armas en un Estado que fue históricamente abandonado.
Pero la mezcla es curiosa: al mismo tiempo que se habla de la carretera Huajuapan–Tlacotepec o del puente de Juxtlahuaca, se recuerda que en esa misma región hubo muertos. Cien muertos. Setenta años de conflictos agrarios. Dos pueblos —San Juan Mixtepec y Santo Domingo Yosoñama— que aprendieron a odiarse por parcelas. Y ahora, por primera vez en décadas, dialogan.
Lo dijo Jesús Romero, secretario de Gobierno: “Más de 90 autoridades comunitarias de Mixtepec y 50 de Yosoñama firmaron la paz. Se va a medir el polígono. Se va a terminar la guerra.” El anuncio, seco, retumbó más que cualquier aplauso.
Pero no todo es asfalto y conflicto.
Anahí Sarmiento, secretaria de las Mujeres, irrumpió con un tono firme. Presentó los avances de un programa y la red de 41 Centros Libres, donde mujeres de todas las regiones podrán recibir atención legal, psicológica y social. “Somos pioneros”, dijo, al traducir por primera vez en el país la Cartilla de los Derechos de las Mujeres al mixteco. La revolución también llega en lengua originaria.
La Guelaguetza gastronómica no se quedó atrás. Maribel Salinas, del DIF, mostró los números: casi 60 millones de pesos en derrama económica, 83 mil visitantes, más de 40 cocineras tradicionales, y un desfile de sabores que rebasó los límites del folclor turístico. «Desde mis raíces», se llamó el tianguis. Y desde ahí, el gobernador lo convirtió en bandera.
¿Y el transporte? Caótico como siempre, pero al menos censado.
Yesenia Nolasco, secretaria de Movilidad, anunció que hay más de 5,500 mototaxis operando en Juchitán, pero sólo 1,685 tienen concesión legal. El resto, en la sombra. “Vamos a regularizar, capacitar, ordenar”, prometió. La cifra huele a bomba social, pero Jara no se inmuta. Está acostumbrado al fuego cruzado.
Y cuando las preguntas llegaron, el gobernador respondió. Una periodista cuestionó el costo millonario de la revocación de mandato que él mismo solicitó. ¿185 millones de pesos para una consulta inútil?
“No es por capricho, es por congruencia”, respondió. “Es democracia, y la democracia cuesta”. Prometió hablar con finanzas, buscar una consulta “menos cara”, pero no retrocedió. “Me voy a someter, porque el pueblo manda.” El salón sólo escuchó.
Sobre el sargazo en la costa, negó que haya problema. “Yo estuve allá, no vi nada”, dijo. Pero pidió monitoreo. Y cuando se le informó que Adidas había fabricado en China y lanzado unos tenis llamados “Oaxaca” sin permiso, se encendió: “Vamos a presentar una denuncia. No se juega con el nombre de nuestro estado.”
La conferencia duró casi dos horas. Se habló de salud, de caminos, de paz, de cultura, de mujeres, de transporte, de Adidas, de sismos, de jaguares y de pueblos que no se rinden.
Así son las mañaneras de Jara: una mezcla de campo y poder, de discurso y leyenda, de rencor y reconciliación.
Oaxaca, como los jaguares, sigue temblando. Pero también sigue de pie.
