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13 junio, 2026
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Casas de adobe, memoria de un centro histórico en deterioro

El centro histórico de Oaxaca conserva todavía la traza urbana heredada de la Colonia, pero las cifras revelan una pérdida constante de viviendas con valor patrimonial. Un estudio de la Agrupación de Profesionales del Desarrollo Urbano del Estado de Oaxaca, compartido por el urbanista Alejandro Calvo Camacho, identificó 2 mil 695 lotes en las 525 manzanas que conforman el corazón de la ciudad. El diagnóstico es claro: 38 por ciento de las casas son contemporáneas, 33 por ciento modernas y apenas 29 por ciento antiguas. La vivienda histórica se reduce, y con ella se desvanece la memoria de los muros de adobe que dieron identidad a la capital.
El adobe, material rústico y artesanal, sigue presente en un 27.24 por ciento de las construcciones del centro histórico, frente al predominio del ladrillo con 46.6 por ciento. La piedra representa 8.88 por ciento y el concreto apenas 1.86 por ciento. La estadística confirma que el adobe, pese a su fragilidad ante el tiempo y los sismos, continúa siendo un símbolo de resistencia cultural y técnica. Las casas levantadas con tierra, agua y paja, reforzadas con madera y cal, son testimonio de un oficio transmitido por generaciones.
El reportero recuerda haber habitado una de esas casas de adobe, muy cerca del templo de Nuestra Señora de la Soledad, en los años ochenta, cuando estudiaba en la Universidad en pleno centro histórico. La vivienda, con muros gruesos y techos de teja, era visitada por empresas francesas que llegaban a fotografiar sus paredes descascaradas, las pinturas derruidas y la nobleza de la madera expuesta. Aquella casa era un catálogo vivo de arquitectura tradicional, un espacio donde la historia se podía tocar con las manos. El adobe mostraba su riqueza en cada grieta, en cada sombra que se proyectaba sobre el corredor y el patio interior.
La tipología de vivienda en Oaxaca refleja un predominio de la unifamiliar, con 73.6 por ciento, seguida de la plurifamiliar con 15.5 por ciento. Las vecindades, que alguna vez fueron parte esencial de la vida comunitaria, apenas alcanzan 2.56 por ciento, mientras que los departamentos representan 6.7 por ciento y un 1.57 por ciento permanece deshabitado. El uso del suelo confirma la transformación: 40 por ciento es habitacional, 33.7 por ciento mixto, 11.6 por ciento servicios y 11.5 por ciento comercio. La presión del mercado y la expansión de actividades comerciales han desplazado poco a poco a las familias que daban vida a las casas tradicionales.
El adobe, sin embargo, no es solo un material. Es un sistema constructivo que responde al clima, a las costumbres y a la lógica de la comunidad. Las casas de adobe en Oaxaca se levantan con corredores amplios, patios generosos y altares domésticos conocidos como Yoo Bidó, la “casa del santo”. Son viviendas que integran la vida cotidiana con la tradición religiosa y cultural. La cocina suele estar al aire libre, bajo la sombra de los árboles, y el patio se convierte en espacio de trabajo, descanso y ritual. El adobe regula la temperatura, protege del calor y conserva la frescura en interiores, demostrando que la técnica ancestral sigue siendo funcional.
La pérdida de estas viviendas históricas es un problema compartido por ciudades latinoamericanas. Las transformaciones socioeconómicas y la presión demográfica han provocado un impacto negativo en los centros urbanos. La disminución de la vivienda histórica como espacio habitable de la célula familiar es un fenómeno que erosiona la identidad de las ciudades. En Oaxaca, el adobe representa más que un porcentaje en las estadísticas: es la memoria de un oficio, la huella de un tiempo en que las casas eran templos de vida y comunidad.
El reportero que vivió en aquella casa de adobe junto a la Soledad sabe que cada muro derruido cuenta una historia. Las empresas extranjeras que llegaban a fotografiarla entendían que el valor estaba en lo rústico, en lo artesanal, en lo que parecía condenado a desaparecer. Hoy, cuando el centro histórico se transforma con rapidez, la crónica de esas casas es también un llamado a la ciudadanía para rescatar lo que aún permanece. Porque el adobe, humilde y resistente, sigue siendo el rostro más auténtico de Oaxaca.

Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx

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