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21 abril, 2026
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Cartografía del rezago social en Oaxaca

Cuando en México se habla de pobreza, el primer nombre que se dibuja en el mapa es Oaxaca. No por romanticismo ni por costumbre, por estadística. La entidad concentra 570 municipios, una diversidad étnica única, y una geografía que atraviesa sierras, cañadas, valles y litorales. Pero esa pluralidad territorial no garantiza condiciones dignas. La mayoría de sus municipios figura en los registros como zonas de muy alto rezago social, según el índice que publica el Gobierno de México en sus enlaces del portal 20OaxacaFM25.pdf

Cada municipio tiene una liga electrónica que revela indicadores básicos: población, infraestructura, servicios, niveles de escolaridad, acceso a agua potable, red de caminos, cobertura médica. Revisar una decena de estos enlaces confirma lo evidente: el rezago no es accidente, es consecuencia. Municipios como San Mateo Piñas, Santa María Yavesía, San Pedro Mártir Quiechapa o Santiago Ixtayutla comparten un perfil: caminos interrumpidos, escuelas incompletas, unidades médicas sin médico, acceso parcial a electricidad.

En municipios de la Sierra Sur, por ejemplo, el registro oficial reporta poblaciones menores a mil habitantes con una sola escuela de nivel básico, y en algunos casos, menos de cinco viviendas con acceso a agua entubada. En la Mixteca Alta, hay municipios donde la población total ha decrecido por migración, pero el índice de dependencia sigue siendo alto: niños y ancianos sobreviven con remesas, no con servicios.

El sistema oficial asigna niveles de rezago social según dimensiones como educación, salud, servicios básicos y calidad de vivienda. Pero lo que no miden las tablas son las creencias familiares que perpetúan la pobreza, como la idea de que estudiar “no sirve”, o que “el campo no necesita papeles”, o que “los hijos deben trabajar desde chicos”. Es en esos vacíos donde el rezago se convierte en costumbre, y donde el Estado pierde la batalla sin haberla iniciado.

En comunidades de la Sierra Norte, hay municipios que no tienen cajero automático, ni señal de celular, ni ruta estable de transporte. Lo que sí tienen es un edificio pintado de blanco que alguna vez fue palacio municipal. En otros casos, lo único que permanece funcional es la cocina comunitaria del DIF, donde se reparten raciones mínimas. El médico llega cada 15 días, si llega. El maestro da clases en turnos improvisados. No hay bibliotecas ni centros culturales. A veces, no hay siquiera actas de nacimiento al día.

Los desafíos más evidentes en diversas regiones se concentran en la escasez de acceso a agua potable, una situación que afecta a más de 300 municipios; a esto se suma la falta de caminos pavimentados en más de 250 zonas que permanecen aisladas. El sistema de salud también sufre graves carencias, con déficit de personal médico en al menos 400 localidades, lo que compromete la atención básica. En el plano educativo, hay municipios donde los índices de analfabetismo superan el 15%, limitando el desarrollo social y económico. La conectividad digital brilla por su ausencia en más del 70% del territorio, marginando a comunidades enteras del entorno tecnológico y laboral contemporáneo. Finalmente, la migración juvenil se mantiene como una constante silenciosa: ocurre sin documentación formal, como síntoma de una búsqueda urgente por mejores condiciones de vida.

Un caso registrado por el reportero: en San Juan Teita, una joven madre caminaba cuatro horas hacia el centro de salud más cercano con su hijo en brazos, para que le aplicaran la segunda vacuna. Llegó y no había dosis. Volvió tres semanas después. No había enfermera. Regresó otro viernes. Por fin hubo vacuna. Pero nadie había registrado su nombre.

Otra historia: en un municipio que me reservo su nombre por respeto al docente, un grupo de alumnos de secundaria estudia bajo un techo de lámina. El maestro reparte fotocopias cada semana, pagadas de su bolsillo. La conexión a internet es inexistente. Para llenar las boletas, el profesor se conecta por WhatsApp con un colega de Oaxaca de Juárez, que envía por voz los resultados preliminares. El sistema escolar funciona por altavoz.

Oaxaca no sufre pobreza ocasional. La vive como narrativa institucional. Son 570 municipios que sobreviven entre la formalidad de sus ligas electrónicas y la informalidad de sus realidades. Allí, el rezago social es ausencia, costumbre. Es lo que queda cuando algunos olvidaron cómo caminar entre cerros.

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Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx

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