Columna Política de Apuntes …
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+ Fortalecen inteligencia preventiva ante los riesgos naturales
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Misael Sánchez
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La política de protección civil en Oaxaca se ha convertido en un termómetro de la capacidad institucional para anticipar riesgos y gobernar un territorio donde la naturaleza impone condiciones propias. Lo expuesto en la última conferencia matutina por el titular de la Coordinación Estatal de Protección Civil, Manuel Maza, muestra un momento en el que la prevención deja de ser un protocolo técnico y se transforma en un asunto de Estado, con implicaciones directas para quienes toman decisiones públicas y para quienes militan en la vida política del país.
La instalación de los consejos regionales, presentada como una práctica que ha permitido enfrentar fenómenos intensos sin pérdidas humanas, revela una estructura administrativa que intenta consolidarse en un entorno desigual. En algunas regiones, los gobiernos municipales conocen sus obligaciones; en otras, los nuevos ayuntamientos apenas se familiarizan con la materia. Esa disparidad no es un detalle menor. Expone la fragilidad de un sistema que depende de la coordinación intergubernamental para funcionar y que, sin ella, queda expuesto a la improvisación.
El inicio del temporal de lluvias y ciclones tropicales de 2026 llega acompañado de señales que obligan a una lectura política del clima. Ondas tropicales, monzón mexicano activo y una vaguada superior en el Golfo de México conforman un escenario que incrementa el potencial de lluvias en prácticamente todo el estado. La meteorología, descrita con precisión técnica, adquiere un sentido político cuando se observa su impacto sobre comunidades que carecen de infraestructura adecuada. La lluvia se convierte en un recordatorio de las desigualdades territoriales y de la urgencia de una política pública que no dependa del azar.
El análisis del espacio público es inevitable. Las lluvias recientes evidenciaron la vulnerabilidad de zonas urbanas donde el drenaje colapsa, los árboles caen con vientos de 70 km/h y los ríos se desbordan por falta de mantenimiento. Las recomendaciones de limpiar bocas de tormenta, desazolvar canales y revisar drenajes no son simples acciones técnicas. Son señales de que la prevención debe asumirse como una responsabilidad compartida entre autoridades y ciudadanía. En un estado donde la urbanización avanza sin planificación, la protección civil se convierte en un indicador de gobernabilidad.
La coordinación con las fuerzas armadas y la Guardia Nacional, descrita como sólida, muestra un modelo de respuesta que se ha vuelto habitual en México. Sin embargo, el punto más relevante aparece en la segunda parte del informe: la instalación de sensores sísmicos y equipos oceanográficos para detectar tsunamis, resultado de la colaboración entre la UNAM, la Universidad de Kioto y organismos internacionales. La presencia de tecnología fondeada a 1.5 kilómetros de profundidad frente a las costas oaxaqueñas introduce un elemento estratégico. La ciencia se convierte en aliada del Estado para anticipar riesgos que ofrecen márgenes de reacción mínimos.
La referencia histórica a los tsunamis registrados en los siglos XVIII y XIX funciona como recordatorio de que la memoria del desastre forma parte de la identidad territorial. En un contexto donde los fraccionamientos turísticos crecen en la franja costera y donde la población se expande hacia zonas de riesgo, la ausencia de un sistema de alertamiento público específico para tsunamis representa una vulnerabilidad crítica. La propuesta de invertir en un mecanismo que permita avisar a la población en tiempo real es, en términos políticos, una demanda de modernización institucional.
El funcionario reconoce que el actual sistema de alertas para sismos no es suficiente para un fenómeno marino. La simultaneidad entre un temblor y una instrucción de evacuación inmediata sería impracticable. Por ello, se trabaja en protocolos diferenciados y en la posibilidad de utilizar teléfonos celulares como herramienta de comunicación masiva. La tecnología no sustituye a la política, pero la complementa. La prevención se vuelve un ejercicio de inteligencia colectiva que requiere coordinación entre niveles de gobierno, cooperación internacional y participación ciudadana.
El trasfondo político es evidente. Oaxaca enfrenta un escenario donde la vulnerabilidad no es un accidente, sino una condición estructural. La prevención exige una visión de Estado que articule ciencia, territorio y ciudadanía. La instalación de consejos regionales, la cooperación con instituciones extranjeras y la propuesta de un sistema de alertamiento público son piezas de una estrategia que busca reducir la incertidumbre en un entorno donde los riesgos se multiplican.
La realidad invita a la reflexión. La pregunta no es si habrá lluvias intensas, ciclones o sismos, sino si el Estado y la sociedad serán capaces de anticiparlos con la suficiente madurez institucional. La prevención, entendida como política pública, es una forma de civilización. En un territorio donde la naturaleza impone desafíos permanentes, gobernar significa prever. Y prever significa asumir que la seguridad de la población depende tanto de la ciencia como de la voluntad política para convertir el conocimiento en acción.
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Misael Sánchez / Periodista / Agencia Oaxaca Mx
