Economistas y el doctor José Sarukhán coinciden en que la sustentabilidad es ya un asunto de seguridad nacional
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Misael Sánchez
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La discusión ambiental suele quedar atrapada en discursos que se repiten sin consecuencias prácticas. Sin embargo, cuando la evidencia científica se presenta con claridad y sin adornos, el debate recupera su sentido.
La conferencia magistral del doctor José Sarukhán Kermez, organizada por el Colegio de Economistas de Oaxaca, A.C. y la Federación Mexicana de Economistas Colegiados (FEMEC), abrió un espacio para reflexionar sobre el rumbo que México debe asumir frente a la crisis climática. El encuentro formó parte del Conversatorio Virtual “ABC del Cambio Climático”, moderado por el MSc. Hugo Tulio Félix Clímaco y la Dra. Cristina Ibarra Armenta, quienes condujeron una sesión que combinó análisis científico, reflexión pública y responsabilidad institucional.
El planteamiento del doctor Sarukhán, una de las voces más influyentes en biodiversidad y política ambiental en México, parte de una premisa contundente. El país enfrenta un escenario donde la pérdida de ecosistemas, el deterioro de las cuencas hidrológicas y el avance del calentamiento global convergen en un punto crítico. La historia demuestra que las sociedades que descuidan sus sistemas naturales terminan pagando costos sociales y económicos que superan cualquier cálculo inmediato. El caso de Haití, citado por el propio Sarukhán, es un recordatorio de que la degradación ambiental no es un fenómeno abstracto, sino un detonante de crisis humanitarias y colapsos institucionales.
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Una mirada histórica para entender el presente
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La humanidad ha modificado el planeta con una intensidad sin precedentes desde la Revolución Industrial. La gráfica histórica de emisiones de CO₂ presentada por Sarukhán muestra que Estados Unidos y Europa han sido los principales responsables de la acumulación de gases de efecto invernadero desde el siglo XVIII. China se incorporó más tarde a esa tendencia, mientras que América Latina aparece con una contribución marginal. Brasil es el único país de la región que figura entre los grandes emisores históricos. México no aparece en esa lista, aunque su responsabilidad actual no es menor.
Esta perspectiva histórica permite comprender por qué el país debe orientar sus esfuerzos hacia la conservación del agua y la biodiversidad. No se trata de ignorar la urgencia climática, sino de reconocer que la contribución mexicana al calentamiento global es limitada frente a la magnitud del daño que puede provocar la pérdida de sus ecosistemas. La historia ambiental del país demuestra que los bosques, selvas y montañas han sido la base de su estabilidad hídrica y alimentaria. Cuando esos sistemas se degradan, el impacto se multiplica en cascada.
En este punto de la conferencia, el presidente del Colegio de Economistas de Oaxaca, Hugo Tulio Félix Clímaco, subrayó la importancia de que los sectores profesionales comprendan la dimensión económica de la crisis ambiental. La sustentabilidad dejó de ser un tema exclusivo de especialistas y se convirtió en un asunto de gobernanza, inversión y estabilidad social.
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El agua como eje estructural del bienestar
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La exposición del doctor Sarukhán ofrece una imagen que sintetiza la fragilidad del recurso hídrico. Si toda el agua del planeta se reuniera en una esfera, la porción accesible para consumo humano sería apenas un punto diminuto. Esta representación desmonta la idea del planeta azul como un territorio de abundancia. La mayor parte del agua es salada o inaccesible. La fracción utilizable depende de un ciclo hidrológico que solo funciona cuando las cuencas están cubiertas por bosques y vegetación.
El ciclo del agua, descrito con precisión, muestra que la lluvia que cae en las montañas se infiltra lentamente en el subsuelo cuando existe cobertura forestal. Sin esa protección, el agua golpea el suelo con fuerza, arrastra sedimentos, provoca deslaves y se pierde en cuestión de horas. El país ha visto este fenómeno repetirse en cada temporada de huracanes. Las imágenes de la costa de Oaxaca tras el paso de un ciclón ilustran cómo la deforestación convierte un evento natural en una catástrofe social.
La gestión del agua en México ha privilegiado soluciones de infraestructura —presas, tuberías, plantas de bombeo— sin atender el origen del problema. La evidencia científica demuestra que ninguna obra hidráulica puede sustituir la función natural de las cabeceras de cuenca. La conservación de esas zonas no es un gesto ambientalista, sino una política pública indispensable para garantizar la disponibilidad de agua en el largo plazo.
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La biodiversidad como patrimonio económico y social
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La biodiversidad mexicana no es solo un inventario de especies. Es un sistema que sostiene la producción de oxígeno, la captura de carbono, la fertilidad del suelo y la disponibilidad de alimentos. La historia natural del país muestra que los ecosistemas han sido la base de la vida rural durante siglos. Los ejidos y comunidades que recibieron tierras tras la Revolución son propietarios de bosques y selvas que hoy representan una riqueza estratégica.
Sarukhán subraya que la pérdida de biodiversidad no es un fenómeno inevitable. Existen ejemplos exitosos de manejo comunitario que demuestran que la conservación puede generar ingresos y fortalecer la cohesión social. El caso del Ejido de Ixtlán de Juárez, en Oaxaca, es emblemático. La comunidad pasó de la extracción de madera a la certificación internacional, la producción de muebles y el diseño industrial. Este modelo demuestra que la conservación puede ser económicamente viable cuando existe apoyo institucional y claridad en las reglas.
Hacia el cierre del conversatorio, la presidenta de FEMEC, Cristina Ibarra Armenta, destacó que estos modelos comunitarios representan una alternativa real frente a la degradación ambiental y deben ser considerados en la planeación económica del país.
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El océano como frontera de un problema emergente
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El análisis del doctor Sarukhán incorpora un elemento que suele quedar fuera del debate público. La contaminación por plásticos ha generado islas flotantes en los océanos que representan una amenaza para la vida marina y para la salud humana. La evidencia científica demuestra que los microplásticos ya están presentes en tejidos humanos como la placenta, el cerebro y los testículos. Este fenómeno, relativamente reciente en la historia del planeta, plantea un desafío global que requiere acuerdos internacionales y cambios profundos en los patrones de consumo.
La producción masiva de plásticos, ilustrada con la imagen de montañas de botellas que superan la altura de la Torre Eiffel, muestra la magnitud del problema. La cadena alimentaria transporta los polímeros desde los peces pequeños hasta los seres humanos. Este fenómeno exige una respuesta coordinada que combine regulación, innovación tecnológica y educación ambiental.
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El conocimiento como herramienta de transformación
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La historia reciente ofrece ejemplos de que los problemas ambientales pueden resolverse cuando existe voluntad política y respaldo científico. El caso del agujero de ozono es una prueba contundente. La investigación de Mario Molina permitió identificar el impacto de los clorofluorocarbonos en la atmósfera. La comunidad internacional respondió con el Protocolo de Montreal, que prohibió esas sustancias y permitió la recuperación gradual de la capa de ozono.
Este antecedente demuestra que la ciencia puede orientar decisiones globales cuando existe un compromiso real con el bienestar colectivo. La experiencia de Molina es un recordatorio de que el conocimiento científico no es un lujo académico, sino una herramienta indispensable para enfrentar desafíos planetarios.
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Escenarios y recomendaciones
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El país enfrenta un escenario donde la conservación de las cabeceras de cuenca, la protección de la biodiversidad y la reducción del uso de plásticos deben convertirse en prioridades nacionales. La evidencia científica demuestra que la degradación ambiental tiene consecuencias directas sobre la seguridad hídrica, la estabilidad económica y la cohesión social. La historia ofrece ejemplos de sociedades que colapsaron por ignorar la relación entre ecosistemas y bienestar.
México puede evitar ese camino si fortalece las políticas públicas orientadas a la conservación comunitaria, la gestión integral del agua y la transición hacia energías renovables. La experiencia de los ejidos forestales demuestra que la conservación puede generar empleo, ingresos y desarrollo local. La evidencia internacional confirma que la regulación de plásticos y la inversión en tecnologías limpias pueden reducir la presión sobre los ecosistemas.
El país debe asumir que la protección de la biodiversidad no es un asunto sectorial, sino una estrategia de seguridad nacional. La gestión del agua debe basarse en la conservación de las cuencas y no solo en la infraestructura hidráulica. La educación ambiental debe convertirse en un eje transversal de la política pública. La ciencia debe ocupar un lugar central en la toma de decisiones.
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Conclusión
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La conferencia magistral del doctor José Sarukhán Kermez, presentada por el Colegio de Economistas de Oaxaca y la FEMEC, ofrece una lectura clara y rigurosa sobre los desafíos ambientales que enfrenta México. Su planteamiento, basado en el ABC del cambio climático, permite comprender que el agua y la biodiversidad son los pilares sobre los que se sostiene la vida social y económica del país. La historia demuestra que las sociedades que descuidan sus ecosistemas terminan enfrentando crisis profundas. La evidencia científica confirma que existen soluciones viables cuando se combina conocimiento, voluntad política y participación comunitaria.
México tiene la oportunidad de construir un modelo de desarrollo que reconozca la importancia de sus ecosistemas y que coloque la conservación en el centro de su proyecto nacional. El país puede evitar escenarios de deterioro si asume que la protección del agua y la biodiversidad no es una opción, sino una responsabilidad histórica.
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Para mayor información, usted puede consultar la conferencia en el siguiente enlace: https://youtu.be/-b_S24vgVRY
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Misael Sánchez / Periodista / Agencia Oaxaca Mx
