Metapa de Domínguez, Chiapas.— En el sur del país, donde la ganadería sostiene economías familiares y la sanidad pecuaria define el futuro de miles de productores, el Gobierno de México afina una de sus armas más precisas contra una plaga que ha puesto en jaque a generaciones enteras: el gusano barrenador del ganado. En una biofábrica que avanza a paso firme, científicos, ingenieros y técnicos trabajan para producir la primera cepa mexicana de mosca estéril, un proyecto que ya registra 55 por ciento de progreso y que promete cambiar el rumbo de la lucha sanitaria nacional.
El secretario de Agricultura, Julio Berdegué, recorrió las instalaciones acompañado por el titular del Senasica, Francisco Javier Calderón Elizalde. Ambos constataron que la planta no solo avanza en tiempo récord, sino que incorpora innovaciones que superan a las utilizadas en instalaciones similares de Estados Unidos y Panamá. La meta es clara: producir moscas estériles adaptadas a las condiciones mexicanas, resistentes, eficientes y capaces de sostener una estrategia de erradicación a gran escala.
La planta integra monitoreo ambiental en tiempo real, protocolos estrictos de desinfección y un sistema de manejo seco que reducirá hasta 90 por ciento el consumo de agua. El irradiador, modernizado con tecnología computarizada y fuentes controladas de cobalto‑60, garantiza la esterilización segura de las pupas. Cada detalle técnico está diseñado para asegurar que la operación sea precisa, segura y capaz de sostener una producción de 100 millones de moscas por semana.
Berdegué lo dijo sin rodeos: “Los primeros despachos de mosca estéril van a salir a fines de junio”. La Presidenta Claudia Sheinbaum sigue de cerca el proyecto, consciente de su impacto sanitario y económico. La biofábrica generará 240 empleos directos y se convertirá en un punto estratégico para proteger al hato nacional y mantener abiertas las rutas de exportación.
El gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, y el secretario del Campo estatal, Marco Antonio Barba, celebraron el avance de una infraestructura que representa un respiro para la ganadería regional. La inversión conjunta entre México y Estados Unidos asciende a 51 millones de dólares, un esfuerzo binacional que confirma la magnitud del desafío.
La batalla contra el gusano barrenador no es nueva, pero esta vez México llega con una herramienta propia, diseñada para su territorio y sus productores. La biofábrica de Metapa no solo es una instalación; es una declaración de intenciones. El país está decidido a erradicar la plaga y a defender su ganadería con ciencia, tecnología y una estrategia que ya empieza a tomar forma.
