13 julio, 2026
Oaxaca MX
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Oaxaca y el empleo turístico

 

 

El cierre de 2025 dejó una fotografía compleja del empleo turístico en México. Las cifras del IMSS, muestran un país donde el turismo continúa siendo un motor económico, pero también un espacio donde la formalidad avanza a ritmos desiguales.

En ese mapa, Oaxaca aparece como una entidad clave: una potencia cultural y turística que, sin embargo, arrastra una estructura laboral frágil, marcada por la eventualidad y la falta de seguridad social.

A nivel nacional, el sector turístico registró 1.99 millones de empleos formales, equivalentes al 8.84 % del total del empleo asegurado en el país. El crecimiento anual fue de 10.03 %, un avance significativo que refleja la recuperación del sector después de años de inestabilidad. Sin embargo, ese promedio nacional esconde contrastes profundos entre entidades.

Oaxaca reportó 19,588 empleos turísticos formales, que representan 8.37 % del total de su empleo asegurado. La variación mensual fue prácticamente nula (0.03 %), pero el crecimiento anual alcanzó 2.45 %, un avance estable, aunque modesto frente a entidades con mayor dinamismo.

El dato relevante es el peso del turismo en la estructura laboral oaxaqueña: más de ocho de cada cien empleos formales pertenecen al sector turístico, una proporción superior a la de estados industriales como Nuevo León (6.03 %), Guanajuato (6.09 %) o Chihuahua (5.95 %). Esto confirma que Oaxaca es, sin discusión, una de las entidades más turísticas del país.

Pero el número también revela lo que no se ve: la enorme masa laboral que opera fuera de la formalidad. En Oaxaca, buena parte del sector gastronómico, hotelero y de servicios turísticos funciona con trabajadores eventuales, sin prestaciones, sin seguridad social y sin estabilidad. La iniciativa privada ha normalizado esta práctica durante décadas, amparándose en la estacionalidad del turismo, la rotación constante y los márgenes ajustados de pequeños negocios. El resultado es un sector vibrante hacia afuera, pero precario hacia adentro.

Cuando se compara a Oaxaca con otros destinos turísticos, la brecha se vuelve evidente.

Quintana Roo, por ejemplo, concentra 231,420 empleos turísticos formales, casi doce veces más que Oaxaca, y el turismo representa 44.83 % de su empleo total. Baja California Sur, otro referente, tiene 62,633 empleos turísticos, equivalentes al 28.50 % de su mercado laboral. Nayarit, con un modelo turístico más acotado, alcanza 20.65 %.

Oaxaca, con 8.37 %, queda lejos de esos niveles. No porque tenga menos actividad turística, sino porque gran parte de esa actividad no está registrada en el IMSS. El turismo oaxaqueño se sostiene en pequeños restaurantes familiares, cocineras tradicionales, guías independientes, hostales, artesanos, transportistas y servicios complementarios que operan sin formalización. El empleo existe, pero no aparece en las estadísticas.

Incluso Guerrero, golpeado por crisis recurrentes, registra 17.59 % de empleo turístico formal, más del doble que Oaxaca. Y Yucatán, con un modelo turístico más diversificado, alcanza 7.01 %, pero con un crecimiento anual de 3.78 %, superior al oaxaqueño.

El crecimiento anual de Oaxaca (2.45 %) es positivo, pero insuficiente para cerrar la brecha con entidades que han logrado integrar al turismo en esquemas laborales más sólidos. La Ciudad de México, por ejemplo, tuvo un crecimiento anual de 24.96 %, impulsado por la recuperación del turismo urbano y la expansión de servicios culturales y gastronómicos. El Estado de México registró un salto extraordinario de 94.82 %, asociado a la formalización acelerada de servicios y a la expansión de corredores turísticos.

Oaxaca, en cambio, avanza lento. El turismo crece, pero la formalidad no acompaña ese crecimiento. La iniciativa privada mantiene esquemas eventuales, contratos temporales y pagos por día. La seguridad social es vista como un costo, no como una obligación. Y el Estado carece de mecanismos efectivos para incentivar o exigir la formalización.

El turismo es uno de los pilares económicos de Oaxaca. Su riqueza cultural, gastronómica y natural atrae a millones de visitantes cada año. Pero esa fortaleza no se traduce en empleos estables ni en derechos laborales garantizados. La tabla del IMSS no solo muestra números: exhibe una estructura laboral que necesita transformarse.

Oaxaca tiene el potencial para estar entre las entidades con mayor proporción de empleo turístico formal. Tiene la demanda, la marca cultural, la visibilidad internacional y la capacidad de crecimiento. Lo que falta es un compromiso real del sector privado para formalizar a su fuerza laboral y una política pública que deje de tolerar la precariedad como si fuera parte natural del paisaje turístico.

Mientras eso no ocurra, Oaxaca seguirá brillando hacia afuera y desprotegiendo hacia adentro.

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