En un escenario internacional marcado por tensiones comerciales, ajustes monetarios y un dólar que impuso su propio ritmo, la economía mexicana cerró 2025 con un desempeño que sorprendió incluso a quienes siguen de cerca los ciclos económicos. El país avanzó con un crecimiento anual de 1.6 por ciento en el cuarto trimestre, sostenido por la demanda interna y por exportaciones que resistieron los cambios en la política comercial de Estados Unidos. La resiliencia no fue casualidad: detrás hubo consumo fortalecido, salarios reales al alza y un mercado laboral que registró 391 mil empleos adicionales respecto al año previo.
La estabilidad macroeconómica se sostuvo en un entorno donde la inflación general promedió 3.8 por ciento, su nivel más bajo desde 2020. La contención de precios agropecuarios y la estrategia para estabilizar el precio de la gasolina ayudaron a moderar presiones. La inflación subyacente se mantuvo en 4.1 por ciento, con un comportamiento más estable en servicios. El peso cerró el año con una apreciación de 15.7 por ciento, reflejo de la confianza en los fundamentos económicos y de un sistema financiero sólido, capitalizado y con baja morosidad.
El sector externo aportó un impulso decisivo. Las exportaciones de manufacturas no automotrices crecieron 17.3 por ciento anual y casi 80 por ciento de los envíos a Estados Unidos ingresaron libres de arancel bajo el T‑MEC. La inversión extranjera directa alcanzó un récord de 40.9 mil millones de dólares al cierre de septiembre, un aumento de 14.5 por ciento anual que confirmó el atractivo del país en medio de la reconfiguración global de cadenas productivas.
En el terreno fiscal, el Gobierno de México ejecutó uno de los mayores esfuerzos de consolidación en décadas. El déficit público se redujo en 1.5 puntos del PIB respecto a 2024 y la recaudación tributaria alcanzó un máximo histórico de 15.1 por ciento del PIB. El combate a la evasión, la vigilancia aduanera y la ampliación de la base tributaria permitieron ingresos adicionales por ISR, IVA e impuestos a la importación. Los ingresos no tributarios crecieron 10.7 por ciento real anual, el mayor aumento desde 2020.
El gasto público se ejecutó con criterios de eficiencia y austeridad. El gasto en desarrollo social llegó a 13.1 por ciento del PIB, su nivel más alto registrado. La inversión física se ubicó en 2.2 por ciento del PIB, consistente con una política de infraestructura orientada al crecimiento y a la reducción de desigualdades regionales. Las participaciones federales crecieron 3.8 por ciento real anual.
La deuda pública se mantuvo en niveles sostenibles. El SHRFSP cerró en 52.6 por ciento del PIB y la deuda neta del Gobierno Federal en 48.2 por ciento, con un portafolio mayoritariamente en moneda nacional, a tasa fija y de largo plazo. Pemex redujo su deuda presupuestal en 10.2 mil millones de dólares durante 2025, alcanzando su nivel más bajo desde 2014. El refinanciamiento de pasivos permitió mejorar el perfil de vencimientos y reducir el costo financiero en 78 mil millones de pesos, lo que fortaleció los amortiguadores fiscales.
El cierre de 2025 dejó claro que la economía mexicana avanzó con disciplina fiscal, estabilidad macroeconómica y un mercado interno que sostuvo el crecimiento en un año complejo. El país llega a 2026 con fundamentos sólidos, una deuda manejable y un entorno financiero que respalda la continuidad de la actividad económica.
