En la región amuzga, donde el telar es memoria y el algodón es raíz, el Gobierno de México decidió intervenir con una estrategia que no solo impulsa la producción, sino que devuelve al territorio un cultivo que durante generaciones sostuvo identidad, economía y vida comunitaria. La incorporación de 581 nuevas personas sembradoras al programa Sembrando Vida marca un punto de inflexión para el algodón nativo en sus variedades verde, blanco y café, cuya primera cosecha reciente confirma que el rescate ya no es promesa, sino un proceso en marcha.
La decisión se tomó con la claridad de quien entiende que un cultivo puede ser también un símbolo. En 2025 se realizaron asambleas, talleres y procesos de recuperación de saberes que permitieron instalar 23 parcelas agroecológicas en comunidades de Guerrero y Oaxaca. Allí, personas mayores compartieron técnicas de siembra, limpieza y cosecha con nuevas generaciones, en un ejercicio que fortaleció la continuidad cultural y la autonomía productiva del pueblo ñomndaa.
El incremento de sembradoras y sembradores es significativo. Mientras en 2024 se registraban 181 personas dedicadas al algodón nativo, la cifra creció con la incorporación de 581 nuevos beneficiarios, con prioridad para mujeres y guardianas del conocimiento tradicional. La participación femenina se consolidó como un eje central del proyecto, no solo por su presencia en el campo, sino por su papel en la preservación de prácticas textiles y medicinales vinculadas al algodón.
La subsecretaría de Inclusión Productiva y Desarrollo Rural impulsó el proyecto como parte del Programa General Lázaro Cárdenas del Río. La coordinación con comunidades amuzgas permitió establecer una ruta de trabajo que combina agroecología, formación técnica y fortalecimiento comunitario. Las parcelas instaladas abarcan 4.1 hectáreas donde se desarrollan prácticas que respetan la diversidad genética del algodón mexicano, una especie de la que proviene la mayor parte del algodón comercial del mundo.
La primera cosecha representa más que un logro productivo. Es un acto de continuidad histórica para un pueblo que ha tejido su identidad con fibras que nacen de su propio territorio. El algodón nativo es materia prima de huipiles tradicionales, parte de la medicina comunitaria y un elemento que sostiene la memoria colectiva. Su recuperación fortalece la economía local y consolida un proceso que busca garantizar que las nuevas generaciones mantengan vivo un conocimiento que ha resistido siglos.
El proyecto avanza con la participación activa de comunidades, autoridades y equipos técnicos que acompañan el proceso. La estrategia no solo impulsa la siembra, sino que refuerza la organización comunitaria, la formación agroecológica y la recuperación de prácticas que sostienen la vida en la región. El algodón amuzgo vuelve a ocupar su lugar en el territorio, no como un recuerdo, sino como una apuesta de futuro.
