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21 mayo, 2026
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Más remesas, más dinero, más vulnerabilidad, más dependencia

Durante el primer semestre de 2025, México recibió más de 31 mil millones de dólares por concepto de remesas. El flujo, de acuerdo con cifras preliminares del Banco de México, mantiene una tendencia ascendente que posiciona al país como uno de los principales receptores de dinero enviado desde el extranjero, principalmente de Estados Unidos.

Aunque el dato permite cierto optimismo macroeconómico, también confirma una realidad estructural: la economía mexicana depende cada vez más del esfuerzo de sus migrantes. De hecho, en varias entidades —entre ellas Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Zacatecas— las remesas representan más que la inversión pública directa.

La razón detrás de esta escalada no es sólo la solidaridad familiar. Diversos factores han empujado a que los migrantes envíen más dinero con mayor frecuencia. Entre ellos, destaca el temor persistente a la deportación, sobre todo frente a los cambios en las políticas migratorias estatales en EE.UU. Esto ha motivado a muchos trabajadores indocumentados a adelantar envíos y resguardar el futuro de sus familias.

Además, la reciente reducción del impuesto a las remesas —de un 3.5% al 1% en ciertas plataformas y mecanismos digitales— ha incentivado transferencias más fluidas y constantes. El dinero llega más rápido, con menos deducciones, y la percepción de eficiencia aumenta. En algunos casos, se observa un cambio cultural: se prefiere enviar antes que ahorrar.

También influye el encarecimiento del costo de vida en comunidades rurales mexicanas. Ante la inflación alimentaria y la precariedad del ingreso local, los dólares que llegan desde el norte se convierten en respirador financiero. Las familias estiran ese dinero para cubrir lo básico, para invertir en pequeños emprendimientos o simplemente para compensar el gasto familiar que el salario nacional no cubre.

Expertos en economía migrante advierten que si bien las remesas sostienen millones de hogares, no deben ocultar la ausencia de un modelo económico robusto en zonas expulsoras. Las remesas no sustituyen derechos laborales, ni inversión productiva local. Funcionan como parche, no como solución.

Lo que debería celebrarse como vínculo afectivo sostenido por el trabajo, también podría convertirse en un síntoma de crisis estructural.

Para muchos municipios, las remesas no sólo llegan con nombre y apellido. Llegan con diagnóstico.

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